lunes, 28 de octubre de 2013

Transgrediendo tus principios

    

¿Vale la pena cuando lo hacemos libre y conscientemente?


    Cambiar de opinión es de sabios, dice la sentencia popular, y es cierto. La opinión puede variar con el tiempo, con la acumulación de información, con nuevas entradas que antes no teníamos, con nuevas experiencias o enfoques diferentes, es algo que a todos nos puede suceder, digamos, parte del crecimiento y desarrollo regular de una persona. Lo que sí se cocinaría aparte sería el cambio de principios o forma de aquilatar la vida, aquello que viene siendo nuestra base de quienes somos y lo que somos, con toda nuestra carga intelectual, emotiva y de historia que traemos en nuestro propio costal. Si somos mentirosos y embusteros lo seguiremos siendo, forma parte de nuestra esencia, si  somos sensibles, seguiremos llorando con un buen drama en un filme; si somos honrados, generalmente nos mantendremos así; si somos irascibles, con pequeños altercados nos convertiremos en fastidiosos ogros; si somos cursis, continuaremos celebrando el 14 de febrero con globos y tarjetas de corazoncitos.

    Todos y cada uno de los que habitamos estas tierras vamos definiendo, conforme crecemos, nuestra naturaleza básica, aquellos rasgos que nos definen y que junto a la carga genética que traemos incorporada, trazan nuestro carácter (en un inicio) y van formando nuestra personalidad. En ello tiene que ver el medio ambiente, el entorno social y la cultura en que nos desarrollamos. El carácter es quizá más definitorio, buena parte se desarrolla en la infancia, pero es en la adolescencia en donde se afianza, la personalidad por otro lado, se va desarrollando en conjunto con el carácter y es posible que no se defina completamente sino hasta la juventud avanzada. Algunos tipos de carácter (o rasgos psicológicos base) pueden ser: “carácter nervioso, apático, sentimental, colérico, apasionado o amorfo”(1), entre otros.

    Una clase de carácter particular puede ser compartido u observado en diferentes individuos, no así la personalidad, entendida como la “estructura de tipo psicológico que representa el conjunto de rasgos distintivos de un individuo”(2) o como la define Gordon Allport: “aquella alineación dinámica de los sistemas psicofísicos que permite establecer un modo específico de actuar  y de pensar y que varía de un individuo a otro ya que depende de la clase de adaptación al entorno que establezca cada persona”(3). Entonces y para aclarar lo que aquí trato, la personalidad es, como su propio nombre lo define, personal, cada individuo tiene la suya propia y aunque pudiera ser semejante a la de otro individuo, analizada en su totalidad, diferirá de uno a otro. En ocasiones, carácter o personalidad, se utilizan indistintamente como sinónimos, aunque no lo sean.

    Un tercer factor cuando se habla de personalidad en su conjunto, y para tener más clara esta cuestión (o quedar completamente confundidos) lo es el temperamento. “El temperamento consiste en la herencia biológica recibida, no es posible modificarlo o cambiarlo, lo traemos junto con la bioquímica de nuestro cuerpo, en nuestras neuronas y en nuestro sistema endocrino”(4), como quien dice: de fábrica. Luego el carácter se va formando gracias a los hábitos de comportamiento que vamos adquiriendo, finalmente la personalidad es en donde el temperamento y el carácter se conjuntan y es entonces cuando la personalidad “representa el patrón profundamente incorporado de los rasgos cognitivos, afectivos y conductuales manifiestos, que persisten durante largos períodos de tiempo y son relativamente resistentes a la extinción”(5), hasta nuestra muerte.

    La personalidad entonces, está formada por el temperamento y por el carácter, y está atada a la forma en que pensamos y como actuamos en la vida; los principios o directrices   de nuestra personalidad, que comento arriba, son como los mandamientos, la manera en que nuestra naturaleza los fija en nuestras neuronas. Son el componente esencial que dirige de qué forma abordaremos las vicisitudes de nuestro deambular y equilibra lo que somos. Por ello, estos principios son tan importantes para cualquier persona, independientemente de cuáles sean esos principios, una inestabilidad en ellos trae consecuencias muy serias en el comportamiento corriente del individuo.

    Pero resulta que las vulneraciones a nuestros principios son más comunes de lo que se piensa, muchas veces y la mayoría, por necesidad y no tener otra salida; hay otras  desafortunadamente violentas y que nunca buscamos; también están aquellas, no por ello menos dramáticas pero sí ruines y mezquinas, que las llevamos a cabo por simple comodidad, preferencia o conveniencia. De estás últimas he visto algunas que me llevan a pensar que nunca conoceremos a alguien lo suficiente como para sólo imaginar esos cambios tan rotundos virados del blanco al negro en sus principios base, pero son reales.

    Mantener los principios cuesta trabajo, no es algo sencillo. Un ejemplo clásico en la historia fue el del famoso filósofo Sócrates, un caso extremo porque involucró su propia muerte de forma consciente antes que transgredir sus ideales, casos ordinarios, queriendo decir más comunes, los podemos observar en nuestro entorno: aquel empleado que fue corrido por negarse a hacer algo con lo que no estaba de acuerdo y calificaba de desleal; la secretaria que se negó a acostarse con el jefe para mantener su empleo; la esposa que se separó de inmediato de su marido por intentar golpearla; el comprador que se negó a recibir un soborno y fue tachado de tonto por sus compañeros; el político que verdaderamente quiso hacer un cambio y en ese momento su carrera terminó (o fue mandado asesinar); aquellas chicas que se casan por razones diferentes a sólo tratar de asegurar su comodidad y estabilidad económica; aquel niño o joven que no participa en el acoso a un compañero por parte de su grupo y aún más, lo defiende de ellos; aquel burócrata que se niega a recibir un “moche” y le demuestra al contribuyente un servicio de calidad y eficiencia sin la necesidad de ese agregado; el vuelto que un empleado de una tienda de conveniencia le regresa al cliente que por error éste último dio de más. Casos como estos demuestran permanencia de principios rectos, vivir de acuerdo a nuestras propias reglas y estar en paz con nosotros mismos.

    Por el contrario y como mencioné antes, he conocido a personas que tenían principios estables, de gran calidad moral y de concepción del mundo, sin embargo y por diversas circunstancias, no supieron mantener y han preferido modificarlos. No eran simples opiniones, preferencias o gustos, no, eran verdaderas directrices de vida, mandamientos de su personalidad. No soy un especialista pero me parece que existe algún desorden en estos casos que trastorna a las mismas neuronas y sus sinapsis, algo sucede a nivel de la psique que obnubila y confunde los procesos mentales. La persona queda como suspendida en el tiempo y se convierte en otra, lo que antes jamás haría porque se alejaba de sus principios ahora lo lleva a cabo, muy semejante a un lavado de cerebro o a una conversión con técnicas sectarias, sin haberlas habido. Hay de casos a casos mas siempre preferiré la posibilidad de una enfermedad o trastorno mental a que la persona, de manera consciente y libre, lo haya decidido así, sería como admitir que la sentencia:“todos tienen su precio” se aplica universalmente y no es así, frase concebida por aquellos que su principio motor es el dinero y de esta forma, esos son los que sí tienen precio.

    No hay como vivir con la tranquilidad de que hacemos lo que consideramos correcto en todas las esferas, en consonancia con nuestra personalidad y con los mandamientos que de ella se derivan, mucho mejor cuando estos principios sean los que consideren vivir lo nuestro con rectitud y dejar vivir a los demás como lo elijan, sin nosotros afectar a nadie y sin que nadie nos afecte a nosotros, como si dijera: amor y paz.

       

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Citas:
(1) http://definicion.de/caracter/
(2) http://definicion.de/personalidad/
(3) http://definicion.de/personalidad/
(4) http://psicodm.com/temas/12-la-personalidad-teoria-de-rasgos/
(5) http://psicodm.com/temas/12-la-personalidad-teoria-de-rasgos/

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