miércoles, 31 de marzo de 2010

Eros nocturno, Eros matinal

Hoy amanecí junto a ti,
la habitación plena de luz,
los oblicuos fulgores de la mañana naciendo,
caían y acariciaban tu cuerpo.
Junto con los pliegues de la blanca sábana,
resplandecían fragmentos de tu silueta,
tu piel matizada por las tímidas centellas de esa hora,
proyectaba aún mayor calidez y encanto,
amalgamando lo que mis manos en la obscuridad,
recordaban de ese paseo sosegado y lento.

Extasiados en ese recreo nocturno,
nos envolvimos en las caricias con la Luna,
apartados de los ritmos de afuera,
iniciamos con la mirada y con el roce, primero fortuito,
el entendimiento de los enamorados.

Hoy cuando el Sol ya nos saluda,
el recién despertar mantiene la llama apacible,
el descanso nos provee de renovación,
y los colores nos encienden con iluminada novedad.

Bastará quizá un ligero movimiento,
una pequeña brisa que incite al corazón,
para que imbuidos en esa atmósfera,
de candor matinal y entresueño,
nos conduzca a reabrir la emoción,
a sumergirnos en los confines naturales,
empatando a la hermana Luna con el hermano Sol,
en este deseo interminable de conjunción.

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