Espléndido....me voy a acostar ahora, quisiera soñar contigo y evocar tu imagen y tu voz, soñarte en tecnicolor pero también olerte con las diversas fragancias que junto con tu piel seguramente combinan en aromas deliciosos, delicados, que extasían el sentido y lo elevan.
¿Quién no quisiera sentir, en la armonía de dos sensibilidades paralelas, la cercanía, el roce de la piel, el suave perfume de los misterios, la conjunción del calor natural, la voz susurrada al oído?
Así, en la tranquilidad de los sentimientos profundos, en la comprensión exacta de lo que cada uno es, en la simple conexión de dos entidades diferentes y a la vez, coincidentes.
No saber si los rayos de luz pertenecen a la mañana o al atardecer, si el río desemboca en un mar abierto o en uno interior, si la lluvia cae o si vamos a su encuentro, si estoy cerrando o abriendo una puerta, si el sueño es mío o de alguien más, si la Tierra es la enamorada de la Luna o viceversa o ambas, una de otra.
Tales son los embelesos o quizá los desvaríos o los olvidos de quién cae en el hechizo de encontrarse con su par, con su imagen, a veces contrastante a veces semejante pero que incide en ese intercambio maravilloso.
Un café compartido, una sonrisa, un halago, un abrazo, un beso...fortalezas del día a día, que siendo sencillas son la esencia del empuje, bastiones de carga de energía, arrullos necesarios para nuestros sentidos...
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