01100101 01101100 00100000 01100001 01100110 11100001 01101110 00100000 01100100 01100101 00100000 01100011 01101111 01101101 01110000 01100001 01110010 01100001 01110010 00100000 01100011 01100001 01110000 11101101 01110100 01110101 01101100 01101111 00100000 01100100 01101111 01110011“Especie: grupo de organismos físicamente parecidos y que pueden reproducirse entre sí, generando descendencia fértil”.
Informe: 100001111100000100111 e.c.
Los humanos (Homo sapiens) tienen una obsesión muy marcada que los distingue de otras especies de su planeta, nunca están de acuerdo con lo que son o como se auto perciben. Ninguna especie se preocupa por como se ve su reflejo ante un espejo, excepto los homo sapiens. A los perros (Canis familiaris), especie relacionada socialmente con los humanos desde la antigüedad, no les importa si son pequeños, de hocico pronunciado, si ladran con tonos graves o chillidos agudos, si parecen un estropajo o tienen un aspecto feroz, si pueden saltar más o menos que otro, simplemente se dedican a ser lo que son: perros; menean la cola y se pasean por la vida haciendo lo que saben; si viven en una casa grande, en la calle, en el campo, en un piso en Manhattan, en una vecindad en la Bondojito, en San Pedro o en la Ristra les parece irrelevante, presentan en lo general un comportamiento muy regular y congruente con su esencia, tienen la cualidad desarrollada de ser leales con los humanos que los acogen al contrario de los homo sapiens que poco saben de lealtad o la desconocen del todo.
Es justo mencionar que los humanos se diferencian de todas las demás especies de la Tierra, poseen, con una enorme variación en grado entre ellos, cierta especie de inteligencia que los hace darse cuenta que existen, una clase de razonamiento que trae sus consecuencias. Como las demás especies del reino animal del planeta, vienen equipados con lo que llaman instinto, una serie de impulsos naturales que contribuyen a la conservación y continuación de la vida. El impulso sexual, las señales de alerta ante el peligro (real o imaginario), el hambre, el sueño, son algunos de estos estímulos automáticos. La combinación de este instinto primario con la mente racional, es uno de los enigmas con los que esta especie lidia desde su inicio, por lo tanto, llegan a ser bastante ambiguos en su proceder.
El miedo al final, como se percibe a la muerte en los humanos, paradójicamente por esa consciencia de saber que están vivos, es en el fondo, una carga poderosa que llevan todos y que traza buena parte de sus costumbres, comportamientos y maneras de encarar sus rutinas comunes, marcando su devenir. Aunque esta noción no yace todo el tiempo en la superficie consciente, siempre permanece adherida a las entrañas y profundidades del subconsciente, llega a explicar muchas de las más variadas creencias, acciones y rasgos culturales de diversos pueblos o grupos humanos así como en la individualidad de quien los forma, la persona.
Cada persona es diferente, no hay una que sea idéntica a otra, salvo a sí misma y sólo por instantes; si esto es así, comparar a un individuo con otro es una tarea inútil de raíz, se puede comparar una especie con otra, comparar exige diferencias ¿y que diferencias de real significado encontraremos entre un humano y otro? Su proceso de gestación es el mismo, nacen de la misma forma, sus genes se combinan no importando de que región del planeta provengan. Salvo por posibles incompatibilidades del tipo de sangre y que no tienen que ver con la región de origen de las personas, la posibilidad de que un par de humanos engendren un nuevo humano sano y que éste a su vez sea fértil, es total, prueba irrefutable de que pertenecen a una misma especie.
Para el caso de la reproducción animal, incluyendo a la humana, existe una dualidad muy interesante, es parte de cómo la vida en estos confines resuelve la continuación de esta experiencia natural, es conocida como reproducción sexual. Un individuo provee la mitad de una semilla y el otro la otra mitad, para el caso de la especie humana estos individuos son llamados hombre y mujer o macho y hembra para el reino animal en general. Un hombre por medio de la acción, conocida como cópula, deposita su simiente (espermatozoides) dentro de una mujer, si todo sale bien, uno de los millones y pequeñísimos espermatozoides alcanzará al majestuoso y gran óvulo de la hembra y de ahí, por procesos biológicos muy complicados, inicia la gestación de un nuevo humano. Este nuevo humano tiene un 50% de probabilidad de ser macho y un 50% de ser hembra, depende cual de los dos cromosomas sexuales del macho (unos espermatozoides traen el X y otros el Y), haya ingresado al huevo para combinarse con el de la hembra, que siempre es un cromosoma X. Si la combinación resultante es XX será una hembra, si es XY, será un macho. Durante miles de años se culpó a la hembra humana de definir el sexo de los nuevos humanos que nacían de ella (y aún en la actualidad por algunos, se sigue haciendo) , digo se culpó, por el carácter dominante de los machos y su deseo persistente de desafiar a la probabilidad al querer sólo descendencia varonil, ignorancia pura.
Los humanos tienen 23 pares de cromosomas en el núcleo de cada célula de su cuerpo (46 cromosomas en total), cada cromosoma puede contener miles de genes, éstos últimos son los rectores de la construcción y desarrollo de cada humano, por medio de esta bioquímica portentosa, se transmite codificada la historia evolutiva y las características a cada nueva persona. Las células reproductoras o sexuales, llamadas también gametos, son haploides, las únicas del cuerpo que sólo contienen 23 cromosomas (uno de cada uno), en este caso, se asegura la combinación entre los de la hembra y los del macho, óvulo y espermatozoide respectivamente, formando los 46 cromosomas base (23 pares) en el nuevo espécimen. Otras especies, difieren en el número de cromosomas que contienen en sus células, por ejemplo, los perros (Canis familiaris) tienen 39 pares; los gatos (Felis silvestris catus) 19 pares; el ratón (Mus musculus) 20 pares; el cerdo (Scrofa domestica) 18 pares; el caballo (Equus caballus) 33 pares; el elefante (Elephas maximus) 28 pares; con lo que puede inferirse que la cantidad de cromosomas por sí sola, no define el grado de inteligencia de una especie con respecto a otra.
A la luz de este conocimiento que los humanos ya tienen, y a pesar de ello, la comparación entre los miembros de su misma especie es causa de terribles divisiones y disconformidad, provocando disputas, guerras, confrontaciones y conflictos innecesarios. No han sabido dominar a la bestia interna y su irracional predisposición al sentido de territorialidad los arrastra al enfrentamiento. Se asocian en comunidades con afinidades culturales e ideas semejantes y que llaman naciones o estados, crean barreras de protección (fronteras) y sistemas de identificación individuales que avalan la pertenencia o no a tal o cual nación. Su visión es corta y bastante pobre, a pesar de habitar una misma casa, en este caso un planeta, se mantienen obcecadamente adheridos a pequeñas parcelas que defienden de los “extraños”, otros humanos que consideran que no son como ellos. Cierto que el sentido de territorio es un punto común del instinto entre las especies más evolucionadas de animales, pero el humano, como única especie pensante, aunque con una racionalidad de grupo e individual todavía limitada, tiene capacidad para resolver este problema de visión, al menos la comunidad europea, con raíces más económicas y de defensa que sociales y de integración de variedades culturales, es ya un indicio, aún bastante selecto y con enormes oportunidades por concretar, es un intento de la aún lejana comunidad de la especie humana única.
En la particularidad de las personas, este sentimiento de diferenciación es frecuentemente acusado, transfiriendo estados de inferioridad por un lado, y estados de superioridad (siempre aparente), por otro. Aunque muchos humanos tratan de ser diferentes y mostrar cierta libertad de maneras, de formas de vestir, de gustos aparentemente originales, de expresiones novedosas, lo cierto es que siguen patrones definidos, los humanos son, en su gran mayoría, seguidores de tendencias. De esto hay un sin fin de pruebas que han surgido durante la historia del homo sapiens. Uno de los casos más notorios se observa en el tipo de vestimenta y calzado que utilizan, antiguamente estas diferencias eran mucho más grandes entre diversas regiones, en la actualidad, con el desarrollo de las comunicaciones, los viajes y en general, con un mayor contacto, algunas de las costumbres se expanden y son incorporadas a la vida cotidiana en regiones y culturas distantes geográficamente, por ejemplo el uso de los “bluejeans”, esos pantalones de los mineros, buscadores de oro y campesinos de las californias de finales del siglo XVIII y buena parte del XIX e.c. (contabilidad estándar del tiempo de la Tierra) y que ahora viste todo el mundo. Algo que se catalogaba o se desdeñaba como impropio en el pasado, ahora es aceptado sin problemas. Los usos y costumbres dentro de la cultura popular cambian con el devenir, los de la superficie, porque existen algunos que no lo hacen y permanecen, uno que se mantiene, algunas ocasiones abierto y otras soterrado o disimulado, es la discriminación. La hay en muchas vertientes y en grados variables. La discriminación es una forma de comparar muy superficial, tiene su origen en conceptos e ideas y no necesariamente en aspectos verdaderos o que sean importantes para la especie, básicamente se remite a diferencias culturales.
En el fondo, cualquier tipo de discriminación tiene al miedo como actor principal, lo que es diferente, lo que no se conoce, es un motivador de señales de alerta y de zozobra aunque no todo lo amenazante sea un peligro real. La fuerza de la asociación de grupo, sentirse parte de algo mayor que a la sola individualidad, le otorgaba una real y necesaria práctica en su pasado de cazador, cuando su mundo era hostil, lleno de bestias salvajes e incertidumbre, en la actualidad el peligro ha disminuido significativamente o no existe y ahora es principalmente una búsqueda de seguridad psicológica o afinidad de pertenencia. Los humanos en este sentido son seres sociales y buscan aglutinarse en estos círculos, además de la colaboración es una forma también para escapar de la soledad interna real con la que todos los humanos nacen y mueren. Una persona, en la profundidad de su psique, se encuentra a sí misma, se puede llegar a conocer como realmente es, para la gran mayoría es aterrador darse cuenta de la soledad subyacente o siquiera intuirla, por ello toda la gran cantidad de distracciones que se ha inventado, todo lo que provoque olvido y que palie el sufrimiento es bienvenido, se convierte en películas, telenovelas, series, espectáculos, futból, el antro, facebook, Internet, alcohol, drogas, los chismes, los “reality shows” y ahora la política de varios gobiernos, imitando a los de la tv. La fuerza del grupo o grupos a los que el humano se asocia es enorme, las leyes publicadas y las tácitas que se crean llegan a manejar su vida y forma de pensar, si el humano no ha madurado su pensamiento y no tiene un sentido crítico suficientemente desarrollado, el grupo implantará en él sus principios por varios canales, ese humano será sólo un engranaje y acatará los dictados y órdenes con su filtro mental comprometido y sometido a una voluntad exterior. El temor que se genera a la posible exclusión del grupo y volver a ser nadie, un ser aislado y solo, ínfimo y débil, bloquea a la persona de tal manera que lo lleva a realizar actos que muy posiblemente en su sano juicio jamás se atrevería a llevar a cabo o a adoptar creencias fantásticas de las que no tiene la menor idea propia, como los dogmas, o a aceptar lo que se le diga porque piensa que es lo correcto, lo dijo la autoridad del grupo. Las características grupales y comportamientos humanos se observan en las uniones de un barrio, como una pandilla, en cualquier tipo de asociación, especializada, religiosa, política o profesional, de un país o de una comunidad.
La comparación es discriminatoria y la discriminación es una comparación implícita, declarada, cuando se compara se discrimina, se divide, se hace a un lado. ¿Por qué no eres como tu hermano? ¿Por qué no eres normal como todos? Eres un infiel, eres cristiano. Eres un infiel, eres musulmán. Mis hijos van a un mejor colegio que el tuyo. Yo también tengo un auto como el del vecino, el no es mejor que yo. Qué gordo estás. Estas súper, mira que flaquita estás. Eres un indio bajado de la sierra a tamborazos. Qué naca mira cómo se viste. O estás conmigo o eres mi enemigo. Tú eres mujer, por lo tanto, no sabes nada. Eres negro, eres inferior. Eres blanco, de mejor raza, quisiera ser como tú. Eres igualito a tu padre. Pero no es sólo en las frases o pensamientos sino en los actos en donde también la comparación se lleva a cabo, es increíble que esta especie humana se desprecie y llegue a aniquilarse a sí misma por una idea o creencia frecuentemente equivocada. En ocasiones la comparación discriminatoria está oculta en un halo de sobre dimensión, de falsa deferencia y se establecen estatutos y leyes para contenerla aunque en el fondo no es fácil cambiar la natural aversión humana a lo diferente o a aquello que parece extraño. En un país de América llaman a los de piel obscura afroamericanos, haciendo alusión al continente de origen y en el que ahora viven, sin embargo a los que llaman blancos (que más bien serían “rosados”) de origen anglosajón principalmente, los siguen llamando blancos pero no euroamericanos, a los de origen italiano los llaman italoamericanos aunque Italia sea también un país europeo quizá sean diferentes si los llamaran euroamericanos, a los de origen mexicano regularmente se refieren a ellos como hispanos, por la lengua madre que hablan, pero ahí también incluyen a puertorriqueños, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos, bolivianos y en general a todos los que hablen español, quizá realmente deberían llamarlos ameriamericanos o mejor, simplemente, americanos pero se confundirían con los otros americanos porque aparentemente hay varias clases.
Ordenar o clasificar son actividades necesarias para organizar y optimizar recursos, la naturaleza en este planeta lo hace en todas sus facetas de la vida, los humanos dada su inteligencia, igual lo hacen, pero continuamente los propósitos razonables dejan paso a lo irracional y los desvíos son evidentes. El hombre está sujeto a estas dos corrientes, lo que le indica un pensamiento estructurado y coherente para su beneficio y progreso y aquello que lo lleva a su propia autodestrucción, su parte de animalidad primaria, el orden y el caos, y sus variantes de grado, en una misma entidad. Quizá los humanos algún día aprendan a comparar lo que tenga real importancia para la especie entera y no sólo fijen su atención en encontrar diferencias en donde no las hay o éstas son llana y puerilmente superficiales. Un buen día, un buen día...
“It’s ironic that at the abundant dance of life, most humans are starving or trying to buy what should be had for free. Don't worry about what others do, just do your thing and never compare yourself to anyone”.
Continuará...
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