Como a aquella persona que le dije que me interesaba Anatolia y me respondió:
-Uy, si está como su nombre, que gustos los tuyos, pero cada quién. Cuando realmente me refería a la península que también llaman Asia Menor, o tal ves como ese comercial que escuché en la radio del tipo que llega y le dice al que lo atendía en el Registro:
-Buenos días, quiero cambiar mi nombre
-¿Ah sí, y como se llama?
-Aniceto García
-¡Ohh ya veo por qué quiere cambiarlo Sr.¡, con ese nombre debe tener problemas ¿y por cuál quiere cambiarlo?
-De ahora en adelante me quiero llamar Aniceto López.
Cada quién entiende de acuerdo a lo que nos da nuestra capacidad, a lo que conocemos, a lo que sabemos o a lo que terriblemente nos llega por un solo canal sin averiguar si es cierto o no – como lo que llega por la T.V.-, en suma, somos lo que sabemos que somos –muy por encima, por cierto-, pero si lo que creemos que somos no es ni remotamente cercano a lo que nos defina tan sólo en una pequeña parte de nuestra humanidad, si es que existiera una definición para ello, estamos firmemente desviados de nosotros mismos y de lo que nos rodea.
¿Cómo podríamos entendernos? En este mundo de figuraciones y de verdades a medias o de medias verdades, no somos capaces de dilucidar o en su caso comprender y luego tolerar, a alguien que tenemos a lado, mucho menos a una persona que ni siquiera habla nuestra lengua y que procede de un lugar que termina en algo así como “istán” o “astán” o a lo mejor más cerca, como una sombra que sopla del norte y que huele a “novorromano”.
Ayer precisamente, veía una película de Woody Allen el neoyorquino hasta la cepa, el que me parece genial y gran comprendedor de su cultura circundante y que por supuesto, plasma con brillantez en sus guiones. La tal película, en español se titulaba “Los enredos de Harry” y él -el Sr. Allen- por supuesto lleva el rol estelar del escritor incapaz de llevar una vida social efectiva y duradera con las mujeres. Dentro de la trama completa, desarrollo y situaciones totalmente absurdas pero bastante imaginativas de la cinta, hubo particularmente una escena que me llamó la atención (entre muchas) y es cuando Harry, montado en su Volvo sedán de 4 puertas como de los 80’s, junto con su hijo de 9 años --al que secuestró saliendo de la escuela ya que su ex esposa no le quiso otorgar el permiso para llevárselo en este viaje-, un amigo, que tampoco iba a acompañarlo – y que después muere al parecer de un infarto al corazón- y una prostituta, como dicen en los “status”, afroamericana -que no dejaba la menor duda de su oficio- contratada una noche anterior y a la que posteriormente invitó, viajaban y formaban este interesante y ambiguo grupo. Harry, en el camino a la Universidad donde se llevaría a cabo el acontecimiento de homenaje en su nombre, se detiene a saludar a su hermana (media hermana le corrige su hijo) que hacía 4 años no veía. Después de la sorpresa de ver llegar a su hermano con tal comparsa, ella y Harry charlan a solas. Entre ellos aunque existe una atmósfera fraternal, hay diferencias y puntos de vista que los separan, Harry piensa que su hermana se convirtió en una típica y aburrida ama de casa judía de los suburbios, que lleva los preceptos hebreos en forma chocante gracias al esposo (de puntuales costumbres judío ortodoxas) y el que no le cae nada bien. Ella le señala que la vida que él lleva no es nada favorable y de ahí la charla sube el tono y se convierte en una discusión en donde cada quién expone sus razones. Aparece el esposo de ella por unos instantes con su kipá –solideo-, se integra como espectador a la discusión por unos instantes y luego se retira molesto y digno. Entre la maraña argumentativa, en unas líneas, Harry le dice a su hermana que pertenecer a un grupo divide, que cualquiera, al adentrarse y llevar al extremo su cultura, costumbres o ideologías, lo que hace es separarse de los demás y esto es lo que crea problemas, ceguera e incomprensión ante los otros que no pertenecen a ese grupo, al final se crean conflictos. Esta es una idea que definitivamente comparto. Algo colateral al ver y escuchar a estos personajes en la película, fue que mi perspectiva sobre Woody Allen cambió. Como personaje de ficción en la cinta y como persona en el mundo que llamamos real, él es de ascendencia hebrea, sin embargo su autocrítica hacia su, podría llamar, subcultura es elogiosa y da en el punto álgido para cualquier grupo humano que se separa del resto de esta forma, llámese club, religión organizada, raza, país, estado, ku klux klan, partido político, sindicato, “incha”, corporación, logia, etc., etc., la clave para evitar la creación de una línea divisoria es tener siempre presente que formamos parte de algo mucho mayor que de nuestro equipo de fútbol preferido, de nuestro país, de nuestra creencia, de nuestra mezquita, templo o iglesia, inclusive de nuestro mundo, dicho de otro modo y como analogía del portento natural, todas las células de nuestro cuerpo trabajan armoniosamente, aunque sean diferentes y algunas altamente especializadas, no tienen conflicto, trabajan cada cuál en su función, quizá algunas pertenezcan a un órgano -que podría ser como su país-, saben que forman parte de algo mayor y nunca tratan de dominar a sus vecinas o al cuerpo (que sería su mundo) a menos que se enfermen y quieran dominar alocadamente y a cualquier costo ese mundo, pero finalmente todos perderán, se convertirán como muchos de nosotros en células mutantes y descontroladas, cancerígenas y el mundo que conocieron dejará de existir, nadie gana, todo se pierde. Autodestrucción, la muerte de los otros, no la nuestra, que en nuestro cerebro primario y como estigma de la especie permanece como un fantasma y que tenemos que llevar con nosotros. Ante las pruebas evidentes de nuestra historia, quién quiera razonar y pueda tener la humildad necesaria, no podrá explicar u objetar de ningún modo, la contundencia de que nuestra psique presenta una parte autodestructiva. Ahí está, por alguna razón, en todos y cada uno de nosotros, en mayor o menor grado sin excepción.
¿En verdad somos lo grandioso que pensamos? ¿Somos la maravilla que proclamamos? Acordémonos que contamos con un equipo natural que sólo traduce lo que nuestros limitados sentidos –y ya en la mente- pueden llegar a percibir, interpretación que cada uno de nosotros con cada uno de sus cerebros, pueda fabricar o dibujar para comprender nuestro entorno. En otras palabras, cada uno de nosotros podría interpretar una misma situación de forma diversa, los malentendidos son parte de nuestra vida cotidiana. Si sumamos las capacidades – e incapacidades- de cada quién además del complicado sistema de pensamiento individual, la cosa se pone seria. ¿Qué sucede con lo que ni siquiera alcanzamos a percibir pero que ahí está? Llegar a darnos cuenta de que aquí estamos, de razonar o medio razonar para algunos ¿es una clase de premio o sólo alimenta nuestro ego? ¿Nos coloca dentro o fuera de la creación conjunta de la naturaleza? ¿Por qué necesitamos a Dios? ¿Por qué hemos necesitado crearlo? ¿Muchos Dioses, uno sólo, diferentes para cada pueblo y circunstancia? ¿Quién nos lo explica sin dogma? ¿Sin una imagen? y ¿Por qué necesitamos la imagen? ¿Qué significa lo que Nietzsche dijo acerca de que “Dios ha muerto” habiendo sido el hombre quién lo creo y luego lo mató? ¿Qué fumó? Para entendimientos limitados como el mío, la cuestión se enreda.
¿A quién hacerle caso?, ¿Quién tiene la razón? Estamos encerrados en nuestro pequeño mundo, cada uno de nosotros y en forma general, somos cortos de vista. A veces los pensadores, aquellos hombres que de acción y dicho han trabajado por los demás y que muchos dicen que han sido grandes, nos traen en un vaivén con sus conceptualizaciones e ideas de los temas que más nos preocupan, en ocasiones se encuentran con diferentes palabras pero lo hacen, pero en otras divergen completamente. ¿De dónde viene la luz que nos llega? Sólo hay que observar en como se nombra, del Oriente, del Occidente, del Oriente medio, del Oriente próximo. Si suponemos que vivimos en México ¿Cuál es el Oriente para nosotros? Cabría suponer que África, pero este continente nunca se menciona como “oriente”, se habla de él como “el continente negro”, se recuerdan los safaris, los animales salvajes por excelencia, los Zulúes, el “aparthaid”, los Boers, los gorilas del Congo, el norte de África –el Sahara, bereberes, touaregs-, el Nilo, el sur de África, el Cabo de Buenaesperanza –Cape Town-, pero no se dice de él completo: la corriente tal de pensamiento viene del Sur, del occidente, de ningún punto cardinal, se dice sólo de África, como si con eso se facilitara su comprensión, Ah de África, si los leones, las jirafas, los elefantes. Al parecer desde la inauguración del canal de Suez, lo convirtieron propiamente en una ínsula, quizá por ello así se vea y se separa de lo demás, y lo llamamos como llamamos por su nombre a Australia, o a Nueva Zelandia, o a Groenlandia e inclusive a Madagascar. La islas adquieren su punto cardinal propio, su nombre propio, igual como aquellos hombres que se retiran a pensar o los que sobresalen de los demás. En nuestro caso, África desaparece del mapa, ya que lo que nosotros mismos llamamos oriente, está conceptualmente más allá. Dicho de otra forma, nuestro concepto de “oriente” en este caso, es prestado. Es algo así como el “descubrimiento” de América, en la que los americanos –no solamente los “gringos” sino todos los que habitamos este continente- celebrábamos el hecho el 12 de octubre. Otro concepto prestado y del mayor desdén a los que ya lo habitaban cuando el Sr. Colón descubrió lo que ya estaba descubierto. Pero todo viene del que primero tiene intereses en un lugar, nosotros bien podríamos decir el Occidente, a nuestra siniestra y donde está la China, la India y demás, pero cuando nos referimos a cualquier cosa que proceda de estos países decimos del Oriente, como el colonialismo de estos lados se remitía a la misma región (Mesoamérica). °
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