lunes, 28 de octubre de 2013

Transgrediendo tus principios

    

¿Vale la pena cuando lo hacemos libre y conscientemente?


    Cambiar de opinión es de sabios, dice la sentencia popular, y es cierto. La opinión puede variar con el tiempo, con la acumulación de información, con nuevas entradas que antes no teníamos, con nuevas experiencias o enfoques diferentes, es algo que a todos nos puede suceder, digamos, parte del crecimiento y desarrollo regular de una persona. Lo que sí se cocinaría aparte sería el cambio de principios o forma de aquilatar la vida, aquello que viene siendo nuestra base de quienes somos y lo que somos, con toda nuestra carga intelectual, emotiva y de historia que traemos en nuestro propio costal. Si somos mentirosos y embusteros lo seguiremos siendo, forma parte de nuestra esencia, si  somos sensibles, seguiremos llorando con un buen drama en un filme; si somos honrados, generalmente nos mantendremos así; si somos irascibles, con pequeños altercados nos convertiremos en fastidiosos ogros; si somos cursis, continuaremos celebrando el 14 de febrero con globos y tarjetas de corazoncitos.

    Todos y cada uno de los que habitamos estas tierras vamos definiendo, conforme crecemos, nuestra naturaleza básica, aquellos rasgos que nos definen y que junto a la carga genética que traemos incorporada, trazan nuestro carácter (en un inicio) y van formando nuestra personalidad. En ello tiene que ver el medio ambiente, el entorno social y la cultura en que nos desarrollamos. El carácter es quizá más definitorio, buena parte se desarrolla en la infancia, pero es en la adolescencia en donde se afianza, la personalidad por otro lado, se va desarrollando en conjunto con el carácter y es posible que no se defina completamente sino hasta la juventud avanzada. Algunos tipos de carácter (o rasgos psicológicos base) pueden ser: “carácter nervioso, apático, sentimental, colérico, apasionado o amorfo”(1), entre otros.

    Una clase de carácter particular puede ser compartido u observado en diferentes individuos, no así la personalidad, entendida como la “estructura de tipo psicológico que representa el conjunto de rasgos distintivos de un individuo”(2) o como la define Gordon Allport: “aquella alineación dinámica de los sistemas psicofísicos que permite establecer un modo específico de actuar  y de pensar y que varía de un individuo a otro ya que depende de la clase de adaptación al entorno que establezca cada persona”(3). Entonces y para aclarar lo que aquí trato, la personalidad es, como su propio nombre lo define, personal, cada individuo tiene la suya propia y aunque pudiera ser semejante a la de otro individuo, analizada en su totalidad, diferirá de uno a otro. En ocasiones, carácter o personalidad, se utilizan indistintamente como sinónimos, aunque no lo sean.

    Un tercer factor cuando se habla de personalidad en su conjunto, y para tener más clara esta cuestión (o quedar completamente confundidos) lo es el temperamento. “El temperamento consiste en la herencia biológica recibida, no es posible modificarlo o cambiarlo, lo traemos junto con la bioquímica de nuestro cuerpo, en nuestras neuronas y en nuestro sistema endocrino”(4), como quien dice: de fábrica. Luego el carácter se va formando gracias a los hábitos de comportamiento que vamos adquiriendo, finalmente la personalidad es en donde el temperamento y el carácter se conjuntan y es entonces cuando la personalidad “representa el patrón profundamente incorporado de los rasgos cognitivos, afectivos y conductuales manifiestos, que persisten durante largos períodos de tiempo y son relativamente resistentes a la extinción”(5), hasta nuestra muerte.

    La personalidad entonces, está formada por el temperamento y por el carácter, y está atada a la forma en que pensamos y como actuamos en la vida; los principios o directrices   de nuestra personalidad, que comento arriba, son como los mandamientos, la manera en que nuestra naturaleza los fija en nuestras neuronas. Son el componente esencial que dirige de qué forma abordaremos las vicisitudes de nuestro deambular y equilibra lo que somos. Por ello, estos principios son tan importantes para cualquier persona, independientemente de cuáles sean esos principios, una inestabilidad en ellos trae consecuencias muy serias en el comportamiento corriente del individuo.

    Pero resulta que las vulneraciones a nuestros principios son más comunes de lo que se piensa, muchas veces y la mayoría, por necesidad y no tener otra salida; hay otras  desafortunadamente violentas y que nunca buscamos; también están aquellas, no por ello menos dramáticas pero sí ruines y mezquinas, que las llevamos a cabo por simple comodidad, preferencia o conveniencia. De estás últimas he visto algunas que me llevan a pensar que nunca conoceremos a alguien lo suficiente como para sólo imaginar esos cambios tan rotundos virados del blanco al negro en sus principios base, pero son reales.

    Mantener los principios cuesta trabajo, no es algo sencillo. Un ejemplo clásico en la historia fue el del famoso filósofo Sócrates, un caso extremo porque involucró su propia muerte de forma consciente antes que transgredir sus ideales, casos ordinarios, queriendo decir más comunes, los podemos observar en nuestro entorno: aquel empleado que fue corrido por negarse a hacer algo con lo que no estaba de acuerdo y calificaba de desleal; la secretaria que se negó a acostarse con el jefe para mantener su empleo; la esposa que se separó de inmediato de su marido por intentar golpearla; el comprador que se negó a recibir un soborno y fue tachado de tonto por sus compañeros; el político que verdaderamente quiso hacer un cambio y en ese momento su carrera terminó (o fue mandado asesinar); aquellas chicas que se casan por razones diferentes a sólo tratar de asegurar su comodidad y estabilidad económica; aquel niño o joven que no participa en el acoso a un compañero por parte de su grupo y aún más, lo defiende de ellos; aquel burócrata que se niega a recibir un “moche” y le demuestra al contribuyente un servicio de calidad y eficiencia sin la necesidad de ese agregado; el vuelto que un empleado de una tienda de conveniencia le regresa al cliente que por error éste último dio de más. Casos como estos demuestran permanencia de principios rectos, vivir de acuerdo a nuestras propias reglas y estar en paz con nosotros mismos.

    Por el contrario y como mencioné antes, he conocido a personas que tenían principios estables, de gran calidad moral y de concepción del mundo, sin embargo y por diversas circunstancias, no supieron mantener y han preferido modificarlos. No eran simples opiniones, preferencias o gustos, no, eran verdaderas directrices de vida, mandamientos de su personalidad. No soy un especialista pero me parece que existe algún desorden en estos casos que trastorna a las mismas neuronas y sus sinapsis, algo sucede a nivel de la psique que obnubila y confunde los procesos mentales. La persona queda como suspendida en el tiempo y se convierte en otra, lo que antes jamás haría porque se alejaba de sus principios ahora lo lleva a cabo, muy semejante a un lavado de cerebro o a una conversión con técnicas sectarias, sin haberlas habido. Hay de casos a casos mas siempre preferiré la posibilidad de una enfermedad o trastorno mental a que la persona, de manera consciente y libre, lo haya decidido así, sería como admitir que la sentencia:“todos tienen su precio” se aplica universalmente y no es así, frase concebida por aquellos que su principio motor es el dinero y de esta forma, esos son los que sí tienen precio.

    No hay como vivir con la tranquilidad de que hacemos lo que consideramos correcto en todas las esferas, en consonancia con nuestra personalidad y con los mandamientos que de ella se derivan, mucho mejor cuando estos principios sean los que consideren vivir lo nuestro con rectitud y dejar vivir a los demás como lo elijan, sin nosotros afectar a nadie y sin que nadie nos afecte a nosotros, como si dijera: amor y paz.

       

-0-



Citas:
(1) http://definicion.de/caracter/
(2) http://definicion.de/personalidad/
(3) http://definicion.de/personalidad/
(4) http://psicodm.com/temas/12-la-personalidad-teoria-de-rasgos/
(5) http://psicodm.com/temas/12-la-personalidad-teoria-de-rasgos/

domingo, 27 de octubre de 2013

Sintonías en Frecuencia Modulada

Ayer, sintonizaba la radio de FM pasando por todas las estaciones, me quedaba unos momentos en una para luego pasar a la siguiente. Ya era de noche y los cortos comerciales eran menos frecuentes, así que, podía encontrar más transmisiones de música o de entretenimiento. No lo hago muy a menudo, ni siquiera en el automóvil, me refiero a esto de escuchar la radio, mi mayor tiempo para estos casos de esparcimiento o distracción (en casa), lo ocupan otros asuntos, por ejemplo, aquellos que tienen que ver con la computadora o el Internet pero hoy, mi laptop estaba trabajando intensamente en el procesamiento de un corto de video y esto requería los recursos completos de su “Intel core duo” y ni hablar, por varias horas no la podía utilizar para otras tareas. Así que fue algo así como una pequeña exploración en el mar de esas ondas que no vemos pero que flotan a nuestro alrededor todo el tiempo.

    El encuentro con la radio, cuando sucede, es excitante, la calidad de la señal actual de FM es maravillosa, el prístino sonido estéreo permite identificar y disfrutar todos los instrumentos claramente, las voz, muchas veces disfrazada por la tecnología y efectos especiales, se aprecia nítida, cercana e íntima; claro, dependiendo de quien cante; el efecto de la escucha fina es mejorado substancialmente si utilizas audífonos “cerrados”, otro nivel.

    Aunque la mesa esté servida con sus mejores manteles y cubiertos, la forma de sentarse a ella y de cómo comer y llevar la tertulia, es transparentemente destacada y aquí la naturaleza del comensal se expone de una manera infalible. Lo explico de otro modo, una cosa es contar con los mejores instrumentos y tecnología y otra es lo que se irradia al espacio, qué llevan las ondas hertzianas, en suma, qué se programa, qué se transmite, qué canciones se ponen, qué se dice y cómo se dice, para el caso práctico: el vestido, frecuentemente embustero, no hace al mono, sólo lo disfraza.

    Y cuando empiezas a definir o desentrañar lo que se dice en las canciones en la radio, independientemente de la interpretación o estilo de la música, bueno, observas que el abandono está por doquier y que las mujeres son regularmente malvadas, mentirosas y mala leche, además de que la letra contiene frases gastadas, manipuladoras, de víctima  inocente. Por ejemplo y baste esta exigua selección al azar, la que más o menos se recoge en estos sentidos (que no palabras exactas): “si me dejas y te vas con otro (que por cierto, nunca será lo bueno que soy yo) me convertiré en un borracho de cantina” (el borracho de cantina me parece que es diferente, algo ha de haber en grado, seguro son diferentes, de mayor categoría a los borrachos de casa o a los de estadio de futból); “estoy enamorado de la otra, la otra que eres tú cuando estás de buenas, si estás de malas y me recriminas que ando de coscolino (cosa impensable), no, porque quién sabe quién eres” (o en otras palabras, me gustas pero siempre y cuando seas como yo pienso que eres); “prefiero odiarte que seguir atado a tu amor” (¿y odiándote, me desato? ¿de cuándo a acá?); “tú rompiste mi vida con una espina, una mentira” (con una mentira toda tu vida, al traste, sin remedio); “nadie te amará como lo hago yo” (¿cómo lo sabe?, esto es de lo más arrogante aparte de gastadísimo); “Bye bye mi amor, que te vaya bien y que no sufras -sin mi-” (además del “spanglish” y el desdén indefectiblemente falso, un ego de aquellos); “y ahora ¿a quién le voy a regalar mi amor? ojalá no te hagas daño al olvidar mi piel” (más amenazas y claramente vengativo con Dios mediante); “bendigo tu abandono porque al final de todo, vas a llorar por mi” (igual que el anterior, vengativo con Dios mediante más diáfano). “Mira gaviota, te fuiste y me dejaste pero si te encuentro te voy a cortar las alas para que ya no puedas volar” (crueldad y ganas de sojuzgar, conmigo o con nadie); “te fuiste y no sé por qué, yo sé que me querías y me adorabas” (¿enton’s? suposición pura); “cuando vuelvas, por favor, no vayas a llorar sobre mi tumba” (iluso hasta después de la muerte, qué afán).

    Estas frases me hicieron recordar algunas contestaciones del lado femenino, ya que es fácil notar que las pasadas sentencias contienen obvios reclamos masculinos de cuando no hay correspondencia en la amada y sí engaños y trastadas, entre estas respuestas y quizá una de las más directas hacia los malos y pérfidos hombres, tenemos una bastante explícita y que dice: “rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho”, lo que ilustra que cuando algunas damas se enojan son más contundentes y van directo: “Alimaña, culebra ponzoñosa, deshecho de la vida, te odio y te desprecio”; qué le haría el individuo en cuestión a esta dama herida para denostarlo de este modo, me pregunto.

    Alguien ha dicho que un pueblo se conoce por la televisión que ve, hablando de los programas que se transmiten por onda libre, de paga o de cable; pero también por lo que escucha en la radio; por lo que consume de lectura (si lo hace); por como habla; por lo que le interesa; por lo que dice y llega a escribir, por ejemplo en Internet (son comunes las atrocidades ortográficas y sintácticas), en las redes sociales (como facebook) u opiniones escritas en distintos foros. Duelen los ojos, decía hace tiempo la señora Coty al ver alguna aberración ortográfica escrita en las calles. El balance general es bastante triste, el deterioro de los modos y de la lengua, entiéndase español, es evidente, y si como dicen los ilustrados que con el idioma pensamos, qué ideas, qué razonamientos, qué coherencia pueden resultar de este empobrecimiento general, desde arriba hasta abajo, desde la clase A+ hasta la D -si hablásemos en términos socioeconómicos-, incluyendo a todos los “very important people” o vip como se suele mal llamarlos -en el caso de popularidades-, la ignorancia no respeta al pobre, medianero o rico y como ejemplos, los tenemos abundantemente.

    Y esto, se transmite en las canciones que escuchamos, igual en la locución de la radio y la televisiva, en las entrevistas, en quien habla en los medios, en quien escribe en la prensa, llegando a convertirse en la forma usual y estándar, que a fuerza de repetición, llegamos a considerar como correcta. La tendencia se masifica y sucede lo que universalmente se manifiesta, unos pocos piensan por unos muchos (cientos por millones), se anulan los posibles brotes de iluminación y tendremos que esperar, como en la historia ya ha sucedido, que llegue otro renacimiento que generalice mejores cotas de desempeño y de creatividad aunque por lo pronto, no se vea nada clara ni cercana esta posibilidad.

    Afortunadamente siempre hay un grano prieto en el arroz, o varios. A pesar de la multitud ensimismada y distraída en su avatar diario y muchos otros, medio conscientes,  sentados en su cómodo sillón de privilegios y que no desean transgredir ni un sólo milímetro, nos encontraremos con esos granos prietos que adicionan su verdadero talento e ideas propias a este caldo cultural, sazonándolo con invenciones que sorprendan por su belleza y calidad humanas de verdad, aunque sean escasas, son las que nos permiten tener esperanzas en la detención del degradado ambiente en el que hoy vivimos.

    Ya lo dijeron los sabios antes de la era cristiana y luego recogido en la Biblia: “...ni echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y se vuelvan para destrozaros”, una muy exacta metáfora (idea trasminada a una parte de la sociedad) que explicaría el por qué lo que se transmite, lo que se publica, el discurso que se expande, la noticia que se difunde, son todo lo contrario a la composición de las perlas o a cualquier piedra preciosa que se le asemeje, para qué demostrar que la tierra es redonda cuando todo mundo sabe que no es así. ¿Se nos ha olvidado? ¿tan pronto? Al pueblo le damos lo que le gusta, si el pueblo quiere canciones de amores abyectos, despechos y dependencias psicológicas, ahí van; si el pueblo quiere telenovelas y tenga lo que no tuvo ni tendrá (porque todo es ilusión), se las damos; si quiere programas de chismes y escarnio público, se los damos, faltaba más, es más fácil verlo en los demás que en la vida propia (patético); si quiere princesas, pues ahí están, aunque sean fabricadas; todo para que olvide y se distraiga y por supuesto, el rating sea alto, al final es lo que importa.

    Concluyo que quien tenga oídos que oiga la radio, quien tenga, además de oídos, razonamiento y un poco de sentido crítico, que la escuche; si además tiene ojos, puede que vea la tv, si quiere hacerlo mejor, que la observe; si alguien decide seguir en estado de letargo, pues muy su amodorrado gusto, cada quien como le venga en gana, que para eso somos libres (esto último es un supuesto o más certero, un espejismo, dado lo que se observa).



  
-0-


lunes, 30 de septiembre de 2013

El valor de lo que compramos...y de lo que vendemos.

Una opción de practicar una vida un poco más sencilla sin convertirnos en ermitaños radicales y bajar nuestro nivel de consumo exacerbado.
¿en dónde está el valor real de las cosas,  y el nuestro?


   Cuando Ana compró sus nuevos zapatos tenis tenía en mente adquirir aquellos que mejor le combinaran con su ropa deportiva, que fueran bonitos, cómodos y que mostraran la buena selección de la marca que había escogido, por supuesto, muy de acuerdo con el estándar de los miembros del lugar que cada lunes, miércoles y viernes, como ella, asisten para realizar sus ejercicios y mantener el tono muscular, la salud y escapar de la criminalidad de los tiempos actuales (obesidad).

    Ana no sabe y muy probablemente no le interese, que los obreros (mujeres, hombres, y frecuentemente, niños) que trabajan en la compañía que fabrica esos zapatos, personas a  a las que nunca conocerá, jamás podrán calzar un par de lo que ellos mismos contribuyen a producir y que ganan sueldos con los que difícilmente subsisten individualmente y menos, su familia, si la tienen.

    Ana tampoco sabe que con su adquisición hace un poco más ricos a los dueños de la compañía fabricante y que éstos harán lo imposible por mantener sus márgenes de ganancia dentro sus expectativas y mejor aún, por encima de ellas. Estos empresarios crearán instituciones filantrópicas en sus países de origen, algo así como para lavar un poquito su consciencia, ganar buena imagen y deducir impuestos (no necesariamente en ese orden), mientras dan mendrugos a los trabajadores de sus plantas, a aquellos que experimentan jornadas laborales extenuantes y repetitivas por pagos que ningún ciudadano del país en el que vive el inversionista aceptaría.

    Viéndolo más de cerca, Ana no necesitaba comprar ese par de zapatillas nuevas, tiene ya cuatro pares en muy buen estado, llevar el mismo para cada sesión no se ve bien, hay que estar a la moda y variar el estilo y el diseño. El valor real de esos zapatos tenis está bastante alejado, muy distante de su costo real, ella no sabe que por ejemplo y entre otros, la publicidad y todo el plan de mercadotecnia de la compañía fabricante está ahí reflejado, este costo adicional, que no añade nada a la calidad de los materiales o a su desempeño o a sus  cualidades, representa una parte importante del precio final al consumidor, pero es fundamental en la llamada creación de marca, ese valor subjetivo que las compañías se empeñan en destacar con grandes porciones del presupuesto y que lleva a justificar el sobreprecio del producto creando una demanda superflua por él. Llevar estos zapatos tenis en los pies hace a uno sentirse “dentro”, llevar unos zapatos para cubrir nuestra necesidad de protección y mejorar nuestros andares, correrías o saltos, haciéndolo todo más cómodo, dejó de ser lo esencial, además de ello es necesario ahora que los zapatos reflejen un estilo, un estatus, una posición en la sociedad y que sólo con utilizarlos, correré más, saltaré como nunca, me convertiré en un súper atleta, estaré en la cúspide deportiva, seré libre y determinado y sabré hacia adónde voy, la marca de los zapatos me refleja y me define (mal define).

    Esto pasa con todos los productos (incluyendo los servicios), en donde los fabricantes colocan cada vez más dinero en los empaques o manera de presentarlos, en algunos casos, el empaque, podría tener un costo similar al producto y más aún, sobrepasarlo, es algo irónico, pero no alejado de la realidad, lo que se vende es la imagen o lo que esto represente para el consumidor. El costo del empaque, con esos colores y diseño tan lindo que nos llama la atención, por supuesto va incluido en el precio que pagamos, nada es gratuito.

    La emulación de la parte de la sociedad menos favorecida o con menos recursos o aquella con recursos pero que quiere gastar menos, es también obsesiva y si no observemos la enorme demanda por objetos de “marca” pero de procedencia imitativa, hechos por fabricantes diferentes a aquellos propietarios de esas “marcas”, esa acción en este país se le llama románticamente con el eufemismo que todo mundo acepta (como muchas otras ideas externas), “piratería” y que no es otra cosa que un robo de propiedad intelectual, y todos aquellos que la llevan a cabo no son piratas, son: ladrones, rateros, cacos, malandros, vividores, malaleche que en su vida se han subido a un navío o ni siquiera  han  visto el mar -actualmente los piratas visibles de verdad son algunos somalíes, orillados por las condiciones tan dramáticas en que viven-. Pero hay un mercado, y mientras la demanda exista, habrá quien la satisfaga, lo mismo que la demanda por drogas o cualquier otro producto o servicio, incluyendo la pornografía infantil, el mercado de órganos o la “trata de blancas”. Todo se transa, todo se comercia, todo alcanza un valor de mercado. Hemos creado o permitido que se cree el supramercado, el que nos domina, todos tenemos nuestro precio ¿no se dice así? todo, todo se transa, se intercambia, se compra y se vende, vendemos nuestra alma al mejor postor que no necesariamente es el diablo.

    Bajo este esquema de consumismo inconsciente y desaforado en el que hoy estamos insertos, encontrar a quién no sea arrastrado por esta marea de consolación, idea falsa para sentirnos menos solos y aislados, es un aliciente esperanzador, un faro en el oleaje. Por ello, el artículo que una persona amiga compartió recientemente en los medios electrónicos, escrito por Luciane Evans, periodista nacida en Belo Horizonte, Minas Gerais, Br., y publicado en el portal de revistas y suplementos del periódico Estado de Minas, nos trae cierta frescura al presentarnos a algunas personas que se alinean fuera de las tendencias del “tener” y llevan el “hacer”, y más importante, el “ser”, a sus vidas cotidianas.

    El artículo lleva por nombre: “Conoce a hombres y mujeres que han optado por una vida más simple”, y en su entradilla dice: “En contra de la sociedad contemporánea, los hombres y las mujeres optan por una vida más sencilla. Aseguran que son más felices. Conozca las historias”. Menciona algunos casos de gente, iniciando con aquella más o menos famosa y luego descendiendo a personas menos conocidas, que sin ser propiamente estoicos , sí incorporan a la práctica de sus vidas ciertos principios de esta corriente filosófica, contribuyendo a simplificar y sintetizar sus ideales de vida dirigiéndola hacia las necesidades reales y a aquellas facetas que son las que importan. Habla, por ejemplo, del presidente de Uruguay, José Alberto Mujica o del líder de la iglesia católica, el argentino  Jorge Mario Bergoglio, mejor conocido como el papa Francisco. Evans nos comenta de rasgos de ambos, el primero viviendo a las afueras de Montevideo, en una casa muy sencilla y sin ninguna servidumbre, conduciendo su volkswagen sedán cuando lo necesita, su guardia personal consta de dos policías vestidos de civil estacionados fuera de su casa en una calle de tierra; el segundo, rompiendo el protocolo de la institución ahora ya de papa, prefiriendo caminar y acercarse a los feligreses en lugar de hacer el trayecto por las calles en el automóvil oficial, como lo dicta la usanza. Días antes de su designación como dirigente máximo de los católicos podía encontrársele viajando en metro y autobús por las calles de Buenos Aires, luego en casa preparándose su propios alimentos, actividades comunes para muchos pero quizá difíciles de encontrar en un cardenal o en el obispo de Roma.

    Siendo ambos figuras públicas, estos comportamientos podrían verse como montajes para ganar las simpatías de sus seguidores o a quienes sirven, pero al parecer y en retrospectiva de sus historias personales, mantienen la congruencia con éstas y transmiten un sentido de verdad natural que se percibe. Para ampliar y por supuesto, hacer mucho más palpable estos escasos comportamientos en nuestro mundo de consumo, Evans, en su publicación, nos presenta una variedad de personas de la vida diaria, comunes y corrientes, como tú o como yo, que han elegido soslayar las tentaciones y apegarse a lo que es necesario, evitando lo superfluo y que no añade valor real a nosotros o a nuestra vida corriente.

    Es probable que una miríada de gente se pregunte ¿y que tiene de especial que una persona viva de esa manera simple y humilde o podría decirse, austera? es de lo más fácil vivir así, para los millones de pobres y los que viven al día es sumamente obvio, con ingresos  reducidos que posibilitan tener para lo básico y a veces ni para eso, pero esto es una trampa, en todo el espectro económico desde tener mucho dinero, ser rico, o tener muy poco, ser pobre, no tiene nada que ver con el concepto de vivir una vida más elemental. Por ejemplo, una persona que tenga  recursos muy reducidos y que de pronto recibe una enorme suma de dinero, por medio de la lotería, una herencia o que le llegue de cualquier forma, lícitamente o ilícitamente, ¿qué es lo primero que hace? va a empezar a gastar ese dinero, va a empezar a comprar, en forma desmedida, todo aquello de lo que se ha privado, porque antes no tenía los medios para ello. Su calidad moral y sus cualidades como persona, positivas y negativas, se proyectarán ahora con el poder que da el tener mucho dinero, dependerá de sus antecedentes y de la firmeza de carácter para no perderse en este nuevo régimen. Es muy posible que cambie de amistades, de casa, de auto, se hará receloso y se sentirá en peligro, quizá piense que habrá muchos que le quieran quitar parte de su nueva riqueza, se preguntará quién realmente se le acerca sin querer aprovecharse de su posición. Esta persona pasará de ser pobre a ser rico, o de tener recursos muy limitados a tenerlos en abundancia, no escatimará en adquirir cientos de artículos superfluos, sus deseos no tienen freno, se deja llevar por un consumismo desmesurado, sus limitaciones anteriores eran de fuera, impuestas por su situación económica y no por elección propia razonada, esa es la respuesta, quizá por ello grandes fortunas recibidas de súbito por alguien pobre (o no tan pobre en el sentido estricto de lo que se entienda), se agotan muy rápidamente.

    Por otro lado, hay ricos o personas en posiciones de privilegio (como los ejemplos de un presidente o de un papa vistos antes) que pueden acceder a recursos, no necesariamente de su propiedad, y que sin embargo, los utilizan discretamente o en otras palabras, disponen de estos recursos con honradez y probidad,  y no sólo eso, sino que cuidan estos valores como propios e igualmente viven de acuerdo a preceptos de íntegra  sobriedad. Llegamos al acuerdo de que no es lo que se tenga o no se tenga en cuanto a riqueza material lo que defina de qué manera reaccionamos ante el consumir lo que es  necesario o hacerlo de forma compulsiva e irracional adquiriendo lo innecesario. Evans nos indica respecto a las personas que buscan una vida menos complicada y más sencilla: “Son guerreros que nadan contra la corriente en una sociedad que valora cada vez más lo superfluo como garantía para ser feliz. "Hoy en día, lo que prevalece es el consumismo exacerbado, pero si hay grupos que buscan la simplicidad es un síntoma del agotamiento de la frenética búsqueda que termina por no llevar ninguna parte", dice el psicólogo, psicoanalista y Ph.D. de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) Roberto Carlos Drawin”.

    Consumir no es algo negativo, consumir mucho más de lo que requerimos, sí. Todo en exceso tarde o temprano nos dañará o dañaremos a alguien, como lo mencionó sabiamente Cervantes ya hace unos 400 años en el Quijote: “...que la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aún de las malas, se estima en algo”, la ley de la oferta y la demanda que tantas veces se ha mal utilizado para para equilibrar mercados artificialmente y evitar pérdidas o viceversa, capitalizar ganancias, visto comúnmente en las especulativas bolsas de valores. La tendencia natural del libre mercado nos orienta hacia consumir más, gastar más, renovar aparatos y utensilios cuando aún están en perfectas condiciones de uso; moda y nueva tecnología, obsolescencia programada, creación de necesidades sintéticas y vanas, son algunos de los conceptos corrientes que nos impulsan hacia el consumismo, entendiéndose éste como lo define el DRAE: “Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios”, mal, entre otros, de nuestro tiempo. No solo consumimos objetos o servicios, también compramos esposas o esposos, compramos amistades, hijos, una familia, hasta presidencias nacionales y voluntades, somos cómplices del consumismo y nos confundimos en él, el consumismo nos crea y nosotros lo recreamos, y lo peor, ni cuenta nos damos.

    Por eso, esta corriente de vivir solo con lo que requiramos realmente, que por cierto ha estado con nosotros desde tiempos muy antiguos, desde su origen, por los pensadores griegos antes de nuestra era común y luego retomada por algunos ilustres romanos como Séneca o Marco Aurelio, podría ayudarnos a mitigar y frenar ese consumismo rampante y tratar de vivir con menos tensión, más sosegadamente. Alejarnos de las decisiones de las oligarquías disfrazadas de democracias (como lo son en la práctica casi todas). Ya lo dice Lou Marinoff en el sugerente título de su libro “Más Platón y menos prozac”, más filosofía práctica y menos soluciones temporales con artificios químicos. Como también lo menciona el Dr. Drawin, en el reportaje de Evans, respecto a esta concepto estoico: “No sólo es en el sentido de no tener bienes materiales, sino que esto no se convierta en una tiranía ",  Drawin matiza: "Esto fue seguido tanto por el emperador como por el esclavo, el hombre sólo alcanza la felicidad si está libre para deshacerse de las dependencias de los bienes materiales”. Cayendo en cuenta que cierto desapego por lo material nos ayuda a desacelerar el ritmo, por ende, a regular el estrés, esto se convierte en una cuestión de sanidad mental que podríamos incorporar a nuestro día a día.

    ¿Cómo medir, en términos económicos, el valor de un ser humano? ¿cuánto cuesta una vida?, aunque definir esto implica deshacernos de toda ética fundamental en aquello que no puede circunscribirse a un mero asunto económico, en la realidad del mundo, todos tenemos un valor dado por la atrocidad del materialismo frío y abyecto, a veces no muy evidente, a veces engañoso y otras, bastante definido. Cuánto tienes, cuánto vales. Y de nuevo: el auto que usas, la ropa que vistes, el lugar en el que vives, el tamaño de tu casa, los restaurantes en donde comes, las cirugías estéticas que llevas, el perfume que te pones, el colegio o la universidad al que asisten tus hijos, los lugares en que vacacionas, y todas aquellas tenencias y posesiones que disfrazan lo que somos en esencia. Es muy posible que el negocio de los secuestros, generalizado en el entramado social (hablando de este país, México), sea una derivación del mismo sistema capitalista consumista que pone precio a todo y a todos, el ser humano sufre una degradación enorme y aquí toma, en su forma más ostensible, el carácter de mercancía, de un producto por el que se puede negociar, la vida de una persona y el trauma entre sus familiares y cercanos, no importa más, parafraseando a José Alfredo Jimenez y su canción “Camino de Guanajuato” en un tono bastante desgarrador y por supuesto, con mariachi: “No vale nada la vida, la vida no vale nada,  comienza siempre llorando y así llorando se acaba, por eso es que en este mundo la vida no vale nada”, quizá anticipaba ya desde los años 50’s cómo,  efectivamente, humanos retrógrados y enfermos, pervertirían la vida a tales extremos generalizados en el mismo corazón del sistema cultural y social del país.

    Cuando observamos cierta luminosidad en cualquier trayecto obscuro, se nos acerca el aliciente de que la razón finalmente pueda triunfar, ello nos provee de brío y de confianza, nos reanima a tener esperanza en nosotros mismos, primero, y luego en todos aquellos que nos rodean, al fin de cuentas y como nos vienen diciendo con su ejemplo todos los místicos y grandes mentes que nos anteceden, somos una sola humanidad y la individualidad es sólo una ilusión. Dominar nuestro ego, simplificar nuestro estilo de vida, aderezarlo con un poco de humildad, sabotear nuestra soberbia, intentar seguir preceptos del estoicismo, incorporarlos a nuestras vidas con alegría y decisión, en este planeta de valores tergiversados, nos ayudaría a acrecentar nuestra sensibilidad, a pensar mejor y percibir con claridad en donde está verdaderamente la riqueza, no importa en dónde te encuentres, de dónde seas, ni la posición socioeconómica (siempre artificial) en  la que crees estar o la religión que profeses.
No es mala idea.


“Esta opción de vida, es muy posible en la gran ciudad, aún y a pesar de que la lucha será mayor ahí, con las tentaciones de consumo y sus intentos seductores tan cerca. La sencillez es a menudo esencia del alma y de actitudes conscientes, y no hay necesidad de ningún radicalismo para llegar a ella”.
Luciane Evans en su articulo.

--- 0 ---




Nota.- Para quien desee leer el artículo* completo de Luciane Evans, lo encontrarán en esta dirección: http://www.pragmatismopolitico.com.br/2013/04/homens-e-mulheres-que-optaram-por-uma-vida-simples.html
*Escrito en portugués.

sábado, 24 de agosto de 2013

Carta de Myriam a su tía Sagrario



24 de agosto del 2008

Querida tía Sagrario:

Gracias por el regalo, me llegó un día antes de mi cumple y me gustó mucho, está divino, tú sí sabes lo que me interesa y conoces mis gustos. Ahora que ya he cumplido los 20 me siento muy bien, toda una dama ¿no?

¿Sabes? Te extraño un montón, ojalá puedas venir para Navidad, quiero verte y conversar contigo, yo sé que por teléfono o por el chat lo hacemos pero no es lo mismo.

Aquí en casa todo sigue igual, mis hermanos están insoportables y a veces hacen estupideces para llamar la atención, como la última: amarrar por las patas al Morgan a la tubería de la lavadora, sí tía, ahí en el cuarto de lavado, además le pusieron el bozal así que los ladridos eran apenas unos gemidos lastimeros, lo bueno fue que lo pude escuchar entre sueños y como a las tres de la mañana armé un escándalo. Mi mamá apareció, seguida de Adrián y de Octavio con esa cara de inocentes y de no saber qué pasaba ¡Imbéciles! ¡Qué ocurrentes! Mi mamá al enterarse del asunto los castigó, como siempre, minimizando la acción y casi disfrutando de su tontería. Lo extraño es que papá no acudió al escándalo, le pregunté a mi mamá si dormía o en dónde estaba y me dijo que de viaje de trabajo, más extraño aún, papá jamás se va de viaje sin despedirse de mi.

Después de esto no podía dormir, lo vine haciendo ya casi cuando estaba amaneciendo, me di cuenta porque escuché que llegó papá, oí su voz, muy lejana pero era él. Me dormí profundamente. Lo bueno fue que el día siguiente era sábado y pude dormir hasta muy tarde.

Hace unos días tuve un enfrentamiento con Maru, la muy cretina me llamó puta barata, así como lo oyes, sólo porque ando al mismo tiempo con dos de los mejores partidos de la escuela, lo que sucede es que Maru está celosísima porque le gusta uno de ellos y como no le hace caso, ni modo, es una falsa y ahí la ves tía, todos los domingos en la iglesia comulgando siempre y con su carita de niña buena pero escucha lo que te cuento: hace un par de semanas, todavía de vacaciones, el grupo de chicas que conoces -ya sabes: Maru, Vicky, Karla y yo-,  fuimos a pasar unos días a Cancún, por fin nos dejaron ir a las cuatro solas; Maru fue la más loca, digo, no es que nosotras no nos divirtiéramos pero ella se pasó, se acostó con un tipo diferente cada día, sin falta, y uno de esos días se metió con dos hombres, unos gringos enormes llenos de tatuajes, la verdad bastante atractivos y cueros; no la vi sino hasta el día siguiente, muy entrada la mañana, traía una cara tía, quién sabe que se fumaría o metería, entonces me pregunto ¿quién es la puta barata? No me he encontrado con ella recientemente salvo en la escuela, seguimos en contacto aunque no igual que antes.

No sé qué hacer tía, me gusta Eduardo pero también me gusta Humberto, cada uno tiene lo suyo. Tengo un pacto con cada uno, en la universidad no nos encontramos, si acaso y nos vemos nos saludamos como amigos y ya, les dije que mi papá me tenía prohibido tener novio por el momento y que me tenía que dedicar a los estudios, podía tener amigos e ir a reuniones pero nada más, entonces oficialmente no tengo novio y eso me facilita las cosas, ¿estoy aprendiendo, no? Además lo hombres siempre serán eso, hombres y ya sabemos con qué piensan ellos -ya estoy hablando como tú-. Me la paso bien tía, en general.

Tengo que confesártelo, tuve un agarrón con mamá y ya sabes. No puede entender que yo ya crecí y que tengo mis cosas, me salió con eso de que si me estaba acostando con alguien, que si me cuidaba y tal, ¿Pero que se cree?, cuando inicié mi período nunca estuvo ahí, bueno sí estuvo pero no para ayudarme sino para contarme estupideces técnicas del cuerpo y que los desechos naturales y quién sabe qué cosas de la luna y que no me espantara y en fin, niñerías. Y eso fue casi un año después de que iniciara la menstruación, pero bueno, mi madre siempre ha estado ocupada en sus asuntos. Tú estuviste conmigo tía y me lo hiciste entender de una manera maravillosa ¿te acuerdas?

Pues mi mamá continuaba cuestionándome y me salió con que se había enterado que andaba con dos hombres a la vez, que cómo era posible que anduviera en esos asuntos, una muchacha como yo, que qué iban a decir las amistades, la familia, que no era correcto, que la decencia y todo lo demás y bla, bla, bla…llegó un momento en que ya no pude más, y reventé tía, la miré fijamente a los ojos y le dije: mamá, ¿Y tu novio de la capital? Ese que ves cuando vas de viaje en tus asuntos con la oficina y que a veces él también viene aquí ¿Crees que no lo saben todas esas personas de las que me hablas? ¿Crees que sigue siendo un secreto? Mamá, tienes con él ya más de 4 años o quizá más ¿Piensas que no lo sabía? ¿Quieres que te diga en dónde se encuentran y cuándo? Y sin embargo sigues aquí, en esta casa, con mi papá, que tampoco es un santo ¿Por qué siguen aquí? ¿Por nosotros, tus hijos? ¿Por esas “amistades” y “familia? ¿Por lo que digan? ¿Vas a mentir de nuevo y decir que no es cierto? ¿En qué mundo vives mamá? ¿Cómo te atreves a decirme que no haga lo que tú sí haces? Yo lo admito completamente, es verdad, ando con los dos ¿Tienes algo más qué decirme?

Qué te digo tía que tú no sepas. Mi mamá se quedó muda, con sus ojos llorosos me sostenía la mirada, se retiró a la puerta sin dejar de observarme con cierto asombro, comprendió que lo que me dijera no valía y que yo ya había salido del mundo de la familia feliz del que no hay retorno y de donde el ingenuo termina siendo uno mismo. En cierta forma me dio algo de lástima.
  
  ¡Ay tía! Todo se sabe o se llega a saber, tengo tantas cosas que contarte. Ahora también sé de qué se tratan esas salidas repentinas de mi papá, cada quién consiguiendo lo que no tiene en casa ¿No es eso vivir en un engaño permanente? ¿Un mundo de mentiras? Qué asco. Te prometo que pronto voy a decidir con quién me quedo, con Eduardo o con Humberto o quizá con ninguno, la verdad y aunque ambos son bien parecidos y de familias importantes no dejan de ser algo aburridos cuando la diversión se termina, como que no saben qué hacer cuando no tienen qué hacer ¿Si me entiendes?, ya no sé qué pensar.

Tía Sagrario, te envío mi cariño y muchos besos, te quiero mucho…

Myriam

viernes, 23 de agosto de 2013

Breve historia de amor


    Se enamoraron casi al mismo tiempo, quizá a Jacinto le tomó un par de semanas más, en su tercer encuentro ya estaba decidido, vivirían juntos y unirían sus vidas.
    Guadalupe se afanaba en casa, cocinaba deliciosamente, desde muy temprano en su vida se la pasaba junto a su madre a quien le tenía un gran cariño y devoción. Con sus hermanas la relación siempre fue cordial e íntima, se sabían todos los secretos y devaneos adolescentes, se intercambiaban la ropa y las confidencias.
    Jacinto, de padre despótico y tirano y de madre ausente y sumergida en los rezos, no tuvo hermanos –de los que él se enterara-, varonil y apuesto, el odio por su padre fue naturalmente fomentado, se las apañó como pudo para irse de casa de inmediato terminó sus estudios profesionales, jamás volvió a saber de sus padres.
    Guadalupe no podía tener hijos, pensaban tener uno tarde o temprano, tema de la adopción que ya se habían planteado.
    Jacinto terminó de desayunarse, medio vaso de leche deslactosada, dos huevos tibios de dos minutos y medio y una pieza de pan de caja untado con mantequilla.
    Ya por salir, despidiéndose, Jacinto le dio un apasionado beso a Guadalupe; en ese intercambio de calor y fluidos ambos recrearon, por un instante, las recientes escenas de amor matinal, muy temprano, después del sonido de las campanillas del despertador de Mickey Mouse a un lado de la cama, qué dicha, esperarían que durara por siempre.
    Al cerrar la puerta, Guadalupe se quedó pensando en lo de ayer, cuando fue al súpermercado y en el estacionamiento, desde el otro extremo, alguien en un auto en marcha le gritó por su hipocorístico, el de la infancia y parte de su adolescencia, quizá un conocido del barrio en donde creció, nombre que ya había olvidado y que por cierto, odiaba. El sonido retumbaba en su cerebro: ¡Lupillooo!

miércoles, 7 de agosto de 2013

Nepotismo

-->
Tendemos a pensar que el favorecer a amigos o parientes por aquellas personas en posiciones de poder o de influencia, en mayor o menor grado, y para obtener beneficios económicos y de otra índole se da sólo en los ambientes políticos (incluyendo los partidos) y de la burocracia gobernante, esto es, en el ámbito del erario público. Pero no es así a pesar de que el concepto lo recoja de esa manera el DRAE.

Quizá el caso más claro sea la sucesión de las antiguas  monarquías, en donde la siguiente generación estaba determinada por la herencia de sangre y el vínculo familiar sin importar las reales capacidades para dirigir el reino o como ha sucedido en este país, en donde círculos muy definidos son los que acceden a las cotas de poder público, nepotismo en escala mayor o los avances de la revolución para una familia más extendida.

Este favoritismo se extiende a la vida empresarial en todas sus variantes, ¿y quién será capaz de cuidar en mejor forma los intereses de un grupo si no es el hijo, hermano, sobrino e inclusive el yerno del patrón-dueño? Aquí nacen los llamados cacicazgos y que no son privativos de una región o área, grupos industriales y empresas, pequeñas y grandes de toda clase se han conformado así. Es una forma de preservar los esfuerzos de los iniciadores del negocio, es la continuación del patrimonio que se ha generado y su posible expansión aunque también va implícito el grado de responsabilidad sobre todas aquellas personas que dependen de esa empresa y que ahí trabajan y del impacto de la zona en que opera. A veces, esos continuadores no son los más aptos para ya no expander sino mantener el ritmo y el negocio sano. He aquí el nepotismo que se vuelve en contra, en sí, el favorecer a miembros directos de la familia no es bueno o malo, el problema se refleja cuando sólo ese factor es el que se toma en cuenta y los méritos o capacidades de la persona favorecida son sesgados por la relación cercana y por el hecho de ser “familia”.

El nepotismo en la esfera privada, llámese empresarial de posiciones estratégicas y de dirección, es visto hasta cierta forma “natural”, como el legado que se traspasa justamente entre sus dirigentes, generalmente familia directa. Pero en un mundo donde el capitalismo, puro, impuro y compuesto, se nos antoja muy cercano, las implicaciones de estos traspasos de posiciones “favorecidos” no sólo implican capitales propios con sus dueños plena y justamente identificados, pensemos generados con honradez, sino que adherido a ellos se encuentra el organismo que vive junto a otros organismos y que configura una serie de interacciones que hace que todo encaje y se mueva, la empresa, sin importar su tamaño o alcance. ¿Podrán los escogidos por sólo esta vía  genética con el reto?  o ¿será que incorporar a un desconocido pero con cualidades y experiencia probadas en las decisiones y manejo brinde una solución más inteligente? ¿no son las monarquías parlamentarias contemporáneas con sus primeros ministros modelos de ello?

Como sea, las acciones de nepotismo por el lado “privado” no tienen la misma percepción que en los terrenos políticos y públicos, que viven de lo que el gobierno recauda en impuestos y servicios o en otras palabras, de los dineros de los ciudadanos. El peso del “amiguismo” y “compadrismo”, parientes cercanos del nepotismo como tal, está incrustado culturalmente en la vida nacional de una manera grosera y poco ética, todos aquellos que se lavan las manos y que fuera de este círculo intentan dar una cara de empresa privada no son sino cómplices de esta espiral de dinero fácil y de contactos de conveniencia, porque los contratos no se ganan por mérito o por los conocimientos y habilidad para desarrollar el proyecto o la obra, ni por los precios razonables en el mercado o por la probada capacidad en la profesión, los montajes de los llamados concursos son una careta para cubrir decisiones muchas veces ya tomada tras bambalinas, de manera política, para favorecer a un grupo en detrimento de otro, intentando quedar bien con Dios y con el Diablo a un mismo tiempo, pero olvidándose del objetivo fundamental que es el beneficio del ciudadano común o de la empresa pública. De esta manera, el gobierno entrega y la ciudadanía recibe, obras “para salir del paso”, en muchas ocasiones encarecidas con precios fuera de mercado, en otras con materiales que no cumplen con las normas mínimas de uso y duración o lo que es peor, defectuosos o de calidad muy inferior a lo requerido. La cuenta se “engorda” de maneras variadas para la repartición entre los participantes, al final de cuentas aquello que tiene un valor de mercado justo de $5.00 se cobra (y se paga de común acuerdo) a $8.00, el diferencial es la “comisión”, para unos y para otros, ¿y quién paga la obra y las “comisiones”? Pero hay, como el cuento árabe, mil y una maneras de hacerse de beneficios monetarios y ordeñar el presupuesto, la astucia, esa cualidad sobrevalorada en este país, lo hace posible. ¿Y quién está a un lado para hacer “el negocio”? ¿En quién puedo confiar para que sea mi cómplice? Y ahí está mi compadre, mi hermano, mi sobrino, mi cuate de correrías, mi cónyuge, mi prima, etc., etc. Los aspectos públicos y privados se entrelazan, uno no funciona sin el otro, la corrupción no tiene un bando particular, el problema es que del lado público, el dinero envuelto se maneja como propio, indiscriminadamente, y si no existe, de hecho, una justa distribución de la riqueza en este país, estos acopios (¿robos?) hechos en todos los niveles de gobierno (hablamos de muchos y unos muy gordos), lo ahondan aún más, así, no hay presupuesto que aguante.    

Y esto tiene que ver con valores hace tiempo minimizados y vistos como algo del pasado, elementos que se piensa no tienen cabida en este mundo actual basado en la capacidad del valor de intercambio de todo lo que nos rodea, incluyendo al individuo, esto es, a nosotros mismos. La rectitud en el obrar, la ética profesional, la honradez y la dignidad son sustituidas por sus contrapartes y la simulación, la construcción de imágenes falsas pero atractivas en los medios es cosa común. La realidad es distorsionada y se enmascara. En un artículo muy interesante de Javier Marías publicado el 14 de Julio del 2013 en “El País Semanal”, titulado: “La excelencia de la purria”, aborda el tema de estos valores que en varios personajes públicos de su país están totalmente ausentes, nos ilustra el nepotismo descarado y rampante en sus acciones, por ejemplo, Marías comenta: “Desde los tiempos del hermano de Alfonso Guerra hasta hoy, la tendencia de nuestros políticos ha sido la opuesta: colocan a sus cónyuges, a sus vástagos y a la parentela al completo. Privatizan empresas públicas y se las entregan a sus compañeros de colegio, cuando no a sí mismos mediante la “puerta giratoria”: quien fue consejero de Sanidad y privatizó hospitales pasa, al cabo de un ridículo lapso de tiempo que la ley exige, a tener un importante cargo en la empresa que los explota ahora. Sólo siete años después de ser nadie en política, la mujer de Aznar ya fue alcaldesa de Madrid (no elegida como tal por los votantes). Un tal Baltar, cacique gallego, ha colocado a decenas de personas con las que tenía parentesco o amistad y ha dejado de delfín a su hijo, como Pujol casi al suyo. La familia de Carlos Fabra lleva generaciones repartiéndose o pasándose cargos, no es raro que su hija Andrea les gritara “¡Que se jodan!” a los parados, en el mismísimo Parlamento. Y así hasta la náusea.”  Sólo basta cambiar los nombres y tenemos el mismo proceder de este lado, en México, la escasa o nula integridad de las gentes en posiciones de poder es común, por lo que se puede observar. Igual pasa en otros países, bastaría recordar el no muy lejano caso de nepotismo ilustrado de los Bush visible en todos los rincones del orbe u otro con consecuencias e historia muy diferentes, el de los Kennedy. Qué decir de la Roma antigua, primero república y luego imperio y en ambas gestiones una escuela de nepotismo más que evidente.

Alguien escribió alguna vez algo como esto: “los bandoleros y criminales de hoy son los hombres probos e importantes de mañana”, hablando de la creación de grandes fortunas y que como premisa y ya más del dominio público se dice: “detrás de una gran fortuna hay un crimen”. Esto por supuesto parece dicho por alguien que no ha hecho fortuna y a modo quizá de venganza lance estas diatribas pero no deja de tener cierta verdad en la vida real y cuando profundizamos en eventos históricos, en fuentes comprobables y fiables, notamos que sí existen hombres (o mujeres) que han amasado gran riqueza en muy corto tiempo, tan sólo en nuestro país los hay que en 3 o 6 años lo han hecho. Lo más interesante es observar a su familia directa y a su familia política, que se enriquecen de forma exorbitante igualmente.  Y el presupuesto sigue sin alcanzar.

El nepotismo, como práctica común en México, nos provee en la gran mayoría de los casos, de grandes problemas, entre ellos y de manera pronunciada: ineficiencia y pérdidas significativas de los recursos del país de por sí, escasos. No tiene ningún mérito llegar a una posición de poder por el simple hecho de ser el hijo, la esposa, el cuñado, la suegra o cualquier grado de relación familiar o íntima (una amante, por ejemplo), que esa persona tenga con la que tome la decisión de colocarla ahí.  Y si dado el caso, la persona, familiar o compadre, resultase efectivamente apta para el puesto o para la asignación del contrato o el otorgamiento del recurso, siempre quedará la duda y en definitiva, el sesgo de parcialidad se hará patente en cualquier juicio  o decisión a tomar, sólo porque existe y ahí está. Algo muy común también en las llamadas empresas familiares en el sector privado.

A gran escala el nepotismo también lo podemos encontrar en aquellos puestos de trabajo  o plazas “heredables” en varias empresas del gobierno en donde se transmite de padre a hijo ad infinitum. Casos más comunes y visibles lo han sido: plazas de maestros federales, Secretaría de Educación Pública, SEP; Petróleos Mexicanos, Pemex; Comisión Federal de Electricidad, CFE; Telmex lo fue en su tiempo de paraestatal antes de ser vendida al Sr. Slim; Instituto Mexicano del Seguro Social, IMSS. Aquí lo más importante no es la aptitud o la vocación por el trabajo a realizar sino la filiación o parentesco con su antecesor, esto es en las posiciones sindicales. Para un mexicano que no tenga nexos con estas empresas le es muy difícil o quizá imposible conseguir un empleo ahí.

La tendencia a apoyar a nuestro pariente teniendo la forma de hacerlo y en nuestro propio entorno de trabajo (como jefe de él), es tentadora, cierto que en muchas ocasiones las acciones encaminadas a ello no son pensando en sacar alguna ventaja personal, es una forma natural, ¿quién no desea ayudar a quien estima? La cuestión aquí es observar si el apoyo que le ofrecemos va de acuerdo a sus capacidades y talento ¿sus méritos lo avalan? ¿dará como se dice, el ancho? Y aún con todo esto no olvidar que en cualquier caso nunca podremos ser lo suficientemente objetivos, es nuestra familia, esto aplica principalmente para el entorno de la burocracia, en donde las personas en los puestos de decisión, cambian con regularidad, ahí vemos los casos más connotados de nepotismo.

He aquí un caso que Javier Marías nos cuenta en el mismo artículo mencionado arriba y que retrata de forma directa esa parcialidad que una relación directa familiar o íntima trae consigo, como sucede inevitablemente en los casos de nepotismo: “Hace poco vi cómo tres periodistas opinaban, en la televisión pública, sobre la política de becas del Ministro Wert, calificada por casi todo el mundo de injusta, discriminatoria y clasista. Una de esas periodistas era su actual pareja o cónyuge o lo que sea. Para mi sorpresa –sí, aún me sorprendo por estas cosas–, no se retiró de la mesa, ni se excusó de hacer su comentario (favorable al Ministro, claro está); que yo sepa (no vi todo el programa), ni siquiera advirtió a los espectadores de que su visión del asunto podía estar comprensiblemente sesgada. No: con entero ­desahogo habló de “críticas demagógicas” y de “aversión al mérito y a la excelencia” (cito de memoria). A los políticos del PP y periodistas afines se les llena la boca con esta última palabra. No se miran. No ven lo mediocres e ineptos que son la mayoría, ni su falta de mérito para desempeñar sus cargos. Ni su corrupción de nepotismo y amiguismo. No ven que en demasiados de ellos la palabra “excelencia” suena a chiste cruel.”  

Aquí lo importante es tratar de permanecer íntegros e intentar nunca juzgar a priori
¿Qué haría en una situación así sabiendo los problemas que son inherentes al nepotismo?
¿Actuaría de la misma forma o me apegaría a mis principios?

“with a little help from my friends ”.



----  0 ----

miércoles, 24 de julio de 2013

La mente, nuestra aliada pero también nuestra enemiga/ensayo

¿Será capaz el simple razonamiento de mitigar nuestra irracionalidad?

 

 
Ya lo han dicho mentes poderosas y originales, aquellas que han sido capaces de un razonamiento singular que nos ha arrojado cierta luz acerca de los motivos que nos hacen ser lo que somos y actuar como lo hacemos. Sin embargo, seguimos comportándonos de maneras insospechadas, en donde nos apresa, desde los primeros tiempos en que nos sabemos una especie de este mundo, un inevitable sentido de irracionalidad.


¿Por qué siendo entidades racionales, por tanto conscientes de ello, seguimos siendo irracionales y básicos en el fondo? ¿Por qué finalmente la parte mental a la que difícilmente tenemos acceso, a ese llamado subconsciente, es el que dicta, con mayor frecuencia, la manera de sentir real y por lo tanto, la forma de reaccionar ante todo lo que percibimos? ¿por qué, en ocasiones, o casi enteramente, depositamos nuestra voluntad en lo externo, en otro o en otra? Y lo peor, que no nos damos cuenta cabal de la situación y lo justificamos o tratamos de justificar con las más variados argumentos, en este caso, lo intentamos racionalizar, hacerlo comprensible  primero para nosotros y luego para los demás, ¿no es esto tratar de vivir engañado? ¿será por eso que la mentira campea en nuestros actos de relación? ¿será por eso que la hipocresía y el encubrimiento se nos da de forma tan natural? ¿es un sistema de defensa contra el miedo y contra los demás? ¿asidero de falsa seguridad?


¿Es acaso el castigo divino por aquel acto de curiosidad y rebeldía al comernos la manzana? como nos lo han dicho hasta la saciedad ¿o será que precisamente, porque somos en la base un ser biológico salido apenas de la animalidad que trágica o afortunadamente, tenemos la consciencia de que existimos? ¿es ésta una maldición? ¿y cómo nos libramos de una maldición que parece ser cíclica?


Somos memoria, como lo comenta Jiddu Krishnamurti, vivimos con base a lo que conocemos y a la acumulación de recuerdos en nuestro cerebro, muchos de esos recuerdos son inaccesibles para la consciencia y dada una situación o evento particular de cierta tensión, emergen y nos hacen tomar acciones que luego podrían no ser las mejores. Son aquellas “ventanas killers” que menciona Augusto Curi en sus estudios sobre la inteligencia y que están ahí, latentes en esa parte primaria de almacenamiento de la psique, nos las explica de esta forma: “En la memoria existen muchas clases de ventanas enfermas: fóbicas (que generan claustrofobia, fobia social, ataques de pánico), anticipatorias (que generan pensamientos sobre el mañana), de baja autoestima y timidez (que producen trastornos en la autoimagen y una preocupación excesiva por la opinión de los demás). Este fenómeno es fundamental para explicar por qué somos una especie capaz de producir poesía y tener sensibles reacciones solidarias y, al mismo tiempo, de mostrarse dispuesta a la guerra, a matar y a dominar a los demás sin la menor racionalidad. También explica nuestras reacciones incoherentes y la dificultad para dirigirnos a nosotros mismos. Las ventanas killers bloquean la inteligencia, nuestra lucidez y nos hacen reaccionar como animales, según pautas instintivas ¿Cuántas veces lastimamos a las personas que más merecen nuestra comprensión? ¿Cuántas veces perdemos el control de nuestras reacciones y cuando la emoción se apacigua nos damos cuenta de que nuestras actitudes debieron haber sido menos violentas?”. 


Existe una confrontación clara entre nuestro fuero interno y lo que percibimos como lo externo, sujetos a reglas y maneras de conducción, de comportamientos y convenciones, de estructuras que intentan homogeneizarnos y formar entidades correctas para alcanzar un estándar adecuado. Krishnamurti menciona en este caso: “La actividad psicológica interna siempre se opone a lo externo, por muchas regulaciones, sanciones y decisiones que pueden ustedes tener exteriormente; todo ello es hecho añicos por nuestros deseos psicológicos, nuestros temores y ansiedades, por el anhelo vehemente de seguridad. A menos que comprendamos eso, cualquiera sea la apariencia de orden que podamos tener, el desorden interno se impone a lo que se amolda, se disciplina, se regula exteriormente. Pueden existir instituciones –políticas, religiosas, económicas- esmeradamente construidas, pero cualquiera sea el carácter de esas construcciones, a menos que nuestra conciencia interna se encuentre en un estado de orden total, el desorden interno triunfará siempre sobre lo externo. Esto lo hemos visto históricamente, y ahora está sucediendo frente a nuestros ojos. Es un hecho.”


Si observamos nuestro comportamiento, con seriedad y profundidad, nos daremos cuenta que lo llevamos a cabo de forma casi autómata, no es común que nos cuestionemos por qué hacemos esto y no lo otro, por qué elegí vestirme como lo hice hoy, por qué llevo el cabello como lo llevo, por qué le dije a aquel o a aquella lo que mejor no le hubiera dicho, por qué hablo como lo hago, por qué deposito mi confianza en personas que me traicionan una y otra vez, por qué insulto y menosprecio a algunos, por qué sigo aquí cuando preferiría estar allá, por qué soy soberbio, por qué tengo miedo.


Por supuesto, todos estos por qué y tantos otros, ni siquiera llegamos a cuestionarlos, es más, no pensamos en ellos, ¿para qué complicarnos la existencia si de hecho ya lo es? Así que como la respiración, la digestión, el latido de nuestro corazón y en general, todas las funciones de nuestro cuerpo, son operadas de forma automática sin nuestra intervención directa, de esa manera asumimos que sucede con todo lo demás. Eludimos aquello que nos diferencia de los demás seres vivos, desdeñamos el razonamiento y vamos por ahí, haciendo como que vivimos y lo que es más concluyente, nos la creemos.


Es incuestionable que somos entidades emocionales, además de tener la capacidad de pensar, sentimos. Es esta cualidad dual, una de las más intensas paradojas de le existencia, capaz de exaltar el espíritu y de proveernos de lo más sublime pero también de lo más infame y degradante. ¿Qué es lo que hace que dos personas, en ambientes similares y con inteligencias equiparables, una sea un vil criminal y otra un connotado profesionista motivado por causas nobles? El condicionamiento social es el mismo ¿por qué un mismo ambiente de desarrollo podría llevar por muy diferentes caminos a dos personas? ¿por qué uno alberga frecuencias de sentimiento tan diferente al otro? Si esto sucede con dos personas de entornos similares ¿qué podremos imaginar cuando los medios de la cultura y condicionamiento son totalmente diferentes? Quizá el mero condicionamiento del medio ambiente no sea la única respuesta y de cierto no lo es, en mayor medida lo es el grado de consciencia del individuo, que finalmente es la consciencia universal, única; continuando con esta línea y como nos dice Fromm: “el hombre es producto de la historia pero también la historia es producto del hombre”, si bien es cierto existen los moldes sociales y las tendencias generales de una cultura, también, y continúa Fromm: “las energías humanas se tornan a su vez fuerzas productivas que forjan el proceso social. Así, por ejemplo, el ardiente deseo de fama y éxito y la tendencia compulsiva hacia el trabajo son fuerzas sin las cuales el capitalismo moderno no hubiera podido desarrollarse; sin ellas, y sin un cierto número de otras fuerzas humanas, el hombre hubiera carecido del impulso necesario para obrar de acuerdo con los requisitos sociales y económicos del moderno sistema comercial e industrial.”


Es como un despertar ante los hechos de por qué somos como somos, pero cuidado, este autoanálisis es parcial, ya que lo que viene de la mente, como lo menciona Krishnamurti, nunca es completo: “la mente está supeditada a toda la carga ancestral de ideas, conceptos y prejuicios, por lo tanto el pensamiento siempre será incompleto”.  Al menos y aunque parcial, es un avance en el camino y lo esencial es cuestionarnos, investigar dentro de nosotros y derribar las barreras que nos lo impiden, nadie nos dará las respuestas, esa es precisamente nuestra labor. Ahí reside la verdadera libertad que no es el que hagamos, vivamos y nos movamos a nuestro antojo, ejercer nuestra libertad, ser libres, inicia precisamente con serlo desde el interior, con una mente abierta e incluyente, que no sigue a éste o a aquel, a nadie en particular, sino que desde la base de la responsabilidad y de su correspondiente asunción, se integra a la totalidad de la humanidad, del mundo, espontánea, positiva y afirmativamente.


Así que cuando creamos estar pensando quizá sólo estemos repitiendo viejos patrones ¿cómo saber si un pensamiento que producimos es original? ¿cómo saber que no viene motivado por nuestro temor? ¿o por nuestros condicionamientos enquistados ahí, en lo profundo? Erich Fromm, respecto a ese conformismo visible nos dice: “La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos –y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-. El consenso de todos sirve como prueba de la corrección de ideas.”  Esto último, aunque sea un error; como ejemplo clásico el de Galileo en donde la mayoría –o todos los demás- estaba equivocada, al Sr. Galilei sólo le resto decir finalmente ante la tozudez y necedad de sus contemporáneos (y salvar el pellejo): “y sin embargo, se mueve”.


Permanecemos apegados a ideas y creencias como una forma de protección, de evitar el rechazo de los demás y sentirnos parte de ellos, sacrificamos el producto de nuestra reflexión en aras de pertenencia a la familia, nación, religión, partido o cualquier grupo social de identificación. Es ahí, en el interior de cada quién, en donde inicia la división y el sentirnos separados de los demás, por ello tratamos de protegernos con las más variadas justificaciones y saboteamos los pensamientos que pudieran ser originales y renovadores.


Ante un mundo lleno de peligros y necesidades por cubrir, desde las fisiológicas básicas para sobrevivir hasta aquellas de carácter psicológico, como las de pertenencia o seguridad, es necesario un proceso de cierta adaptación ante tales desafíos. Fromm hablando de Freud, añade: “Junto con sus discípulos, dentro de la psicología moderna, no solamente puso al descubierto el sector irracional e inconsciente de la naturaleza humana, cuya existencia había sido desdeñada por el racionalismo moderno, sino que también mostró cómo estos fenómenos irracionales se hallan sujetos a ciertas leyes y, por tanto, pueden ser comprendidos racionalmente.” Esto fue el inicio de un caudal de investigaciones y reflexiones sobre el comportamiento del hombre, sobre sus miedos y angustias, sobre sus reacciones y postura frente a la sociedad en momentos determinantes. Seguida por sus defensores pero también denostada por sus detractores, la psicología dinámica nos ha ido proporcionado algunas respuestas. El valor fundamental ha sido la provocación de voltear hacia esos terrenos de nuestra psique que antes permanecían ocultos y que sólo se intuían o se explicaban simplemente como condición o característica innata humana pero ¿por qué?, no nos lo habíamos preguntado, antes no habíamos buceado en esas profundidades.


Krishnamurti nos indica: “Como se nos ha educado, programado, condicionado para ser individuos, nuestra consciencia es, entonces, toda esta actividad del pensamiento. El miedo y la persecución del placer son el movimiento del pensar. El sufrimiento, la ansiedad, la incertidumbre y los remordimientos profundos, las heridas psicológicas, la carga de siglos de dolor, todo eso forma parte del pensamiento. El pensamiento es el responsable de lo que llamamos amor, que se ha vuelto placer sensual, una cosa del deseo.” Por ello uno de los factores principales en cuanto a comprendernos, a nosotros mismos y a los demás, es ese intento real por prestar atención libremente, sin juicios, permitirnos observar que nuestro pensamiento está cargado de conceptos e ideas que obnubilan sus resultados y que además, no son nuestros.


Así, nuestra mente puede jugar con nosotros mismos y de hecho, lo hace buena parte del  tiempo, aunque digamos que nuestros pensamientos nos pertenecen y son nuestro producto, si observamos detenidamente, nos daremos cuenta que lo que nos mueve a la acción no siempre parte de un razonamiento en forma, puro y meditado, sino de nuestro condicionamiento y de lo que creemos cierto, regularmente disfrazado con argumentos aparentemente sólidos pero que realmente vienen de esos impulsos internos que a veces son oportunos, pero no siempre.


Ya lo sabemos, ¿tendremos la voluntad de enfrentarlo? ¿de intentar ejercer nuestra verdadera libertad? ¿seremos capaces de ser lo suficientemente humildes y sabios para definirnos por lo que somos y no dejarnos embaucar por el interminable azuzamiento del miedo y afán divisorio en nuestras sociedades actuales?


Nos quedamos con esta cita de Fromm: “Lo esencial en la existencia del hombre es el hecho de que ha emergido del reino animal, de la adaptación instintiva, de que ha trascendido la naturaleza –-si bien jamás la abandona y siempre forma parte de ella—y, sin embargo, una vez que se ha arrancado de la naturaleza, ya no puede retornar a ella, una vez arrojado del paraíso –un estado de unidad original con la naturaleza—querubines con espadas flameantes le impiden el paso si trata de regresar. El hombre sólo puede ir hacia delante desarrollando su razón, encontrando una nueva armonía humana en reemplazo de la prehumana que está irremediablemente perdida.” 


== 0 ==



Bibliografía:


Jiddu Krishnamurti. “La madeja del pensamiento”. 2006. Edit. EDAF, S.A.

Augusto Cury. “12 semanas para mudar uma vida”. De la traducción al español 2009. Edit. Planeta.

Erich Fromm. “El miedo a la libertad”. 1947. Edit. Paidós. Reimpresión 2012.

Erich Fromm. “El arte de amar”. 1959. Edit. Paidós. Reimpresión 2010.


==0==