Antojos norestenses
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pensamos con la lengua, vemos con nuestro cerebro; un teclado, un bolígrafo o un lápiz y una cámara son solo intrumentos, nunca lo olvides.
Antojos norestenses
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Recital pintoresco
La música regional resuena y choca contra el asfalto, contra los postes, contra los cuerpos, los graves intensos mueven las campanillas colgadas en el espejo retrovisor dentro del vehículo, comparten sus vibraciones y mueven lo que antes no se movía, ciertas de esas vibraciones son amortiguadas por el agua que cae, pero, qué importa, el agua no disminuye el regocijo interno, que no todos manifiestan, el torrente de emociones se sosiega hacia afuera (cosa del alma de este país, la real) además, la vivencia de la música en directo es otro nivel, y lo más relevante en esta caso, es gratis o lo aparenta (el dinero siempre viene de algún sitio del presupuesto) y exactamente ocurre fuera de mi casa. En un lugar del municipio de Apodaca, NL (zona metropolitana de Mty.)
Dos carritos extraviados en el súper, o quizá lo que se extravía es la mente de quién los empuja.
Ingresé al supermercado con un carrito para la compra, puse la bolsa de malla de colores que llevaba para empacar los artículos encima del asiento plegable para niños del carrito. Empecé mi recorrido para “hacer el súper” de básicos con la esperanza de encontrarme muchas ofertas y no enfurecer al notar los efectos de la inflación, por cierto muy alejada de los números que declara el gobierno, realidad que vivimos con esas bofetadas de verdad de la vida corriente que se intenta minimizar desde un escritorio.
En mi tránsito entre los pasillos llevaba ya en el carrito algunos productos que con mucho esmero había estado escogiendo. Me dirigí a buscar un queso panela, ese nuevo que funde. Como no lo veía le pregunté por él a una chica del súper que en ese momento trabajaba en el área, me indicó el lugar en donde estaba, caminé tres pasos y tomé una pieza. Antes, había dejado el carrito detrás de mi mientras me desplazaba por el producto, me voltee, le di las gracias a la señorita y me dispuse a colocar el queso en el carrito. ¡Sorpresa!, ¡no había carrito!, había desaparecido con todo su contenido, magia pura.
Me quedé por un momento ahí parado, pensativo, ¿lo dejé en otro sitio?, pero no, lo había dejado exactamente en donde ahora había un espacio vacío. Veo a la señorita del súper y le comento: alguien se llevó mi carrito, seguramente se confundió. Inicié la búsqueda, observaba todos los carritos que llevaba la gente a mi alrededor, nada, me fui a varias secciones, recorrí varios pasillos, busqué por toda la tienda, todo este paseo con el queso que funde en mi mano, el carrito se había desvanecido, ¿se movió sólo?
Regresé a la sección de los quesos, la misma señorita seguía en el área, me preguntó qué traía en el carrito, lo primero que le dije: ah, sí, una bolsa clásica de esas del mandado de toda la vida, de malla de colores. Con la intención de ayudarme, la chica le pidió apoyo a un compañero que amablemente emitió por el radio que traía un aviso a sus compañeros para buscar mi mentado carrito, y sí, tras unos minutos, finalmente encontraron el carrito abandonado en el pasillo 13, inmaculado, con la bolsa de malla y los productos que inicialmente llevaba. ¿Cómo llegó al pasillo13? ¿Quién lo tomó? ¿Por qué simplemente lo dejó ahí? Misterio.
Di las gracias a los muchachos de la tienda por su atención y continué con mi proceso de compra, por mencionarlo, nunca antes me había pasado algo así. Ya estaba por terminar mi selección, para ello buscaba cierto producto en uno de los pasillos en que me encontraba, no vengo muy seguido a esta sucursal y la distribución de los artículos es un poco diferente a la que voy con más regularidad. Dejé el carrito estacionado en uno de los extremos del pasillo y caminé hacia el lado contrario, ahí encontré el artículo que buscaba. Regresé al carrito y de nuevo la zozobra, ¡el carrito había desaparecido! ¿Qué pasa en esta tienda, hay fuerzas extrañas?
Dada la experiencia recientísima me moví con rapidez e inicié la pesquisa en los alrededores y pasillos contiguos, esta vez lo encontré, una mujer lo empujaba tranquilamente, la abordé y le dije con un tono afable: disculpe, pero este carrito es mío. La noté como avergonzada, no habló, no dijo nada absolutamente, ni siquiera me vio a la cara, sólo se fue caminando, su actitud fue como si la hubiese cachado en una acción indebida. Ya había varios productos que ella había echado en el carrito, fue algo extraño porque mis artículos ahí seguían ¿Cómo te llevas un carrito con productos “extraños” para ti y con una bolsa de malla que no es tuya? ¿Anda la gente tan distraída en estos días? Me dije: aquí hay una lección, un mensaje, no es posible que nunca antes me haya sucedido algo así y hoy en el mismo instante ha pasado dos veces con el mismo carrito, en la misma tienda, ¿casualidad?, ¿serenditipa?, ¿manifiesto de entidades?
Moraleja: cuando vayas al súper llévate una correa de extensión, esas como la de los perritos, y átala al carrito de compras y por favor, no sueltes esa correa, los carritos tienden a…desaparecer.
Monterrey, N.L.
17 de julio de 2025
Ir es una cosa, regresar, otra. Nunca, nunca, pero nunca antes había sido tan difícil ir al pueblo de Ciénega de Flores (y luego regresar), tan es así que si no tienes a qué ir, no vayas, igual, si no tienes a qué salir del pueblo, no salgas, pero sabemos que eso es utópico, si no salgo a lo mejor no tendré para comer, si no salgo, ¿cómo pagaré las facturas?, me correrán del trabajo, muchas veces no hay opción.
Cuando en su campaña la ahora nueva Señora presidente de la nación llegó al pueblo, prometió gestionar una carretera de circunvalación (periférico) para agilizar la vialidad, ¿tardará mucho esta obra?, ¿habrá pueblo aún cuando esto suceda?, y mientras, los planificadores del gobierno local y estatal, ¿tendrán propuestas para aliviar la situación? No los oímos, ¿respiran?
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Me dirigí a la estación Fundidora de la línea uno del Metro (iba a Cintermex), hacía mucho tiempo que no andaba por esta línea, la uno. Para llegar a esa estación, me subo a la estación Sendero de la línea dos, que es la última de esa línea o la primera, depende de dónde vengas, con dirección Zaragoza. En la estación Cuauhtémoc bajo de la línea dos para hacer transferencia a la línea uno con dirección a Exposición. Estaba en la estación de Cuauhtémoc, que es una estación grande y de mucho movimiento, quizá por la unión de dos líneas del metro, la uno y la dos. En mano traía a la Señorita García (cámara compacta electrónica que así llamo) y hacía algunas fotografías mientras esperaba el tren. Intentaba encuadrar y componer una foto del arco que forma una enorme estructura metálica color verde y que da fisonomía a la estación. Antes ya he hecho algunas fotos desde afuera de esta estructura pero nunca desde adentro.
En eso escucho una voz imperativa: “¡Oiga! ¡Eh!”, y de nuevo, “¡Oiga, eh!” “¡Oiga!”, “¡¡Oiga!!” Desde el primer “oiga” ya sabía que se dirigía a mi, pero la sapiencia (algunos envidiosos lo llama “ser mula”) me hace desdeñar los inicios de tales imperativas bravatas, un guardia o policía me hacía señales desde el andén de enfrente cruzando la vías, me dice (grita): ¡Está prohibido tomar fotos! Para que no se me enojara guardé a la Señorita García en su pequeño estuche y ya, como que se relajó y claro, se infló un poquito, ya saben el ego. No sé de donde viene esa prohibición, es un lugar público, me hubiera gustado preguntarle por qué está prohibido si no molesto a nadie, pero la respuesta ya la conozco: “yo sólo obedezco órdenes”.– 0 –
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Los gusanos habían devorado paso a paso sus áreas de sentir, las de su mente, las de su alma, como un evangelista sin adeptos para convertir, estaba vacía, muerta desde hacía tiempo. Así que actuó por misericordia, que nunca se supo de dónde le llegó, ¿milagro?, ¿física cuántica?, ¿el secreto de la nueva era?, no sabemos, y la verdad, no nos importa, es probable que ella nunca haya existido aunque pensó que sí.
Del amor inocente a la barbarie en un puente colgante, casi al mismo tiempo
1era. Parte/Amor en el aire
Este puente colgante que, huelga decir, no conocía, tuvo dos historias sucesivas impredecibles: la primera de amor y la segunda de violencia. Eventos que ni en mis mejores momentos de lucidez habría podido prever.
2da. Parte/Una educación deficiente fomenta el odio y la embriaguez del alma.
…seguí caminando y haciendo fotos por el puente colgante con una media sonrisa al observar la escena de amor juvenil de la que recién había sido testigo directo, a su vez me hizo recordar aquellas juventudes mías en las que era mas inocente que ahora, mucho más inocente, uno se va maleando conforme a los fregadazos recibidos.
Cuando me di cuenta ya iba aproximadamente a la mitad del puente, notaba que algunos tablones habían sido substituidos, los nuevos no estaban pintados con el gastado bermejo de los viejos, el puente había tenido su manita de felino reciente. Con un ligero bamboleo conducía mi andar disfrutando de ese movimiento suave, no necesitaba cogerme del barandal, de pronto, una fuerte tracalera, disparos inequívocamente al parecer de muy cerca: track, track, track, track, track; luego otros que sonaban diferente con otro ritmo: trock…trock…trock, no sé si contestando a los balazos iniciales o rematando al mismo o mismos por los que iban. Luego algunos más, no más de unos minutos y siguió el silencio. Autos a gran velocidad, que después supe por una vecina del pueblo, que al parecer eran de los soldados que se dirigían a toda prisa hacia donde venían los disparos. Imágenes vistas luego en la Internet se observan varias troconas (pick up) con gente armada con fusiles y vestida con camuflaje y cascos en las cajas de las trocas, no tenían la homogeneidad del uniforme policial o militar, por lo que no parecían ser ni policías ni militares sino otras entidades (?).
Cuando te encuentras con esta situación (una balacera) en la calle lo primero que haces es tirarte al piso, mientras son peras o son manzanas lo que haces es intentar protegerte o proteger a los tuyos, no sabes de dónde vienen los disparos, los escuchas cerca pero no ves a los tiradores, a la mitad de un puente colgante, meciéndote suavemente de un lado al otro, no tienes muchas opciones. ¿Te tiras al piso?, ¿serviría de algo? Me parece que el mayor temor es a lo que se llama balas perdidas, y sí, se viene la posibilidad de la muerte o a quedar lisiado o algo así, tan de súbito que no determinas qué pensar, no puedes evitarlo, todo es tan rápido, todo se te viene en cascada, un tropel imparable. La otra que te llega al cerebro es: ¡Chin, estos mensos me están confundiendo! ¡Seguro que con mi sombrerito de ranchero creen que soy el bato que buscan ejecutarse! ¡Ya valió! ¡Puras elucubraciones de sueños húmedos (por el sudor) y el ego!
Después del sobresalto inicial y recobrando la sensatez, sigo mi camino y finalmente alcanzo la salida del puente a la que iba. Unas damas de una de las primeras casas de ese lado permanecían expectantes, al preguntar me dicen que hacía tiempo que no pasaba esto. Me detuve ahí por un rato, luego regresé y crucé el puente por donde había venido. Llegué a la plaza principal de Terán y caminé unas tres cuadras más hacia donde había dejado estacionado al Mil Batallas (mi carro). Paré en Montemorelos para hacer unas cuantas fotografías más y comer algo, hecho esto seguí hacia Monterrey. Fue en este trayecto de la carretera nacional, al ir escuchando las noticias, que me enteré que toda la zona citrícola, desde Linares hacía el norte (en este caso hacia a Monterrey), ha estado en conflicto y ha habido varios enfrentamientos armados entre grupos de delincuentes y fuerzas policiales; mencionaron también a Rayones, preciosa zona de nogales, está dentro de la zona de los conflictos.
Atrás, cuando regresaba de Terán a Montemorelos, vi pasar a tres ambulancias echas la mocha, igual al menos a dos convoyes de policías/soldados todos se dirigían a Terán, no sé si hubo muertos pero heridos, obviamente. Hace años que en México vivimos en una guerra soterrada que todos los políticos niegan (como era de esperarse), quizá podría ser algo así como una semiguerra, seguida de una creciente delincuencia: secuestros, cobros de piso, asesinatos cobardes dirigidos, apropiación de mercados de productos, lavado de dinero, etc., etc. Existen intereses muy poderosos, intereses económicos y políticos los cuales sólo imaginamos. Nos queda esperar nunca estar en fuego cruzado, ni ser susceptibles a ser víctimas o ser parte del daño colateral de esta semiguerra. Cuidémonos, en lo que cabe.
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Sucesos del viernes 13 de septiembre de 2024
Montemorelos, Terán, NL
Monterrey, NL
Si la imagen estuviera en color de seguro te imaginarías de inmediato el sabor, podrías quizá olerlas, tu boca haría saliva, se te antojarían, definitivamente, no soportarías por mucho tiempo en darle a una de ellas, o a varias, buenos mordiscos. Pero, como puedes observar, la imagen está en grises, en blanco y negro, por lo tanto, esos deseos no se presentan, es más, no se te antojan, tu estómago y papilas gustativas las desaíran, coloquialmente “no las pelan”. Aquí las sensaciones difieren completamente, ves los agujeros que son desiguales en cada dona, ves las formas de las cubiertas, ¿es cajeta, es chocolate?, ves cómo están apiladas, ves más las formas, unas más grandes que otras, observas que no son totalmente redondas, una serie de evaluaciones que jamás te plantearías, o muy remotamente, si estuvieran en colores vibrantes, intensos, reales. Eso es lo que pasa con estas dos diferentes modalidades, a color o en blanco y negro, ¿Cuál preferir? Depende. Estas donas, por cierto quedaron muy ricas, fueron hechas por mi sobrina Sofi hace un tiempo, en vivo y en directo le pegamos unos mordiscos, de antología.
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Telegram: alfonso boeta Este domo pertenece a un museo hermoso dedicado a las zonas áridas que forman la región noreste de México, se encuentra en la capital del estado de Coahuila: Saltillo. El museo del Desierto, así llamado, nos presenta un panorama general de la vida silvestre, fauna, clima, pobladores antiguos y características de varios ecosistemas que forman sus particularidades en estas regiones, nos muestra las dificultades a sortear al vivir en estos lugares, la maravilla de adaptación de les seres vivos que la habitan. Incluye los descubrimientos de fósiles y osamentas de dinosaurios, el esqueleto, por ejemplo, de un T-Rex enorme, nos remonta a 65 millones de años atrás, muchos, muchos años, tantos que para nuestro humilde tiempo de vida es imposible concebir. Es un lugar interesantísimo para todos, principalmente para los niños por la manera de exhibir y llevar interacciones con las diferentes áreas del museo, un lugar para conocer y para disfrutar y claro, divertirse. Esta foto la hice en una de las varias visitas que he hecho al museo, Saltillo, la ciudad de donde vinieron los fundadores de Monterrey, está a unos 50 minutos por carretera, precisamente de la sultana de norte.
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Telegram: alfonso boetaHacía un calor intenso, pero no agobiante. Cubierta tu cabeza, una camisa de manga larga y una buena pasada de crema de filtro solar del 50, por cara y brazos, ya estabas. El Mil (mi automóvil) lo estacioné en una de las claros del camino y a caminar cuesta arriba. Esta imagen la hice en uno de los recodos de uno de los varios caminos que hay en esta zona boscosa (y a veces de osos, cuando bajan de la sierra) llamada Chipinque, parte de la Sierra Madre Oriental del país. Aquí arriba, la temperatura con respecto a la ciudad en general, baja entre 3 y 5 grados centígrados. Chipinque a su vez esta circunscrito al Parque Nacional Cumbres de Monterrey reconocido como tal en el año de 1939 y que cuenta con 246 500 hectáreas, uno de los parques naturales más grandes en el país. La ciudad de Monterrey, situada en el antiguamente llamado valle de Extremadura y rodeado por moles inmensas de piedra y tierra que se levantan como pellizcos de la creación en la corteza, es conocida, entre otros nombres, como “La ciudad de las montañas”, esta imagen hace una idea de tal denominación.
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En Nuevo León padecemos, como en otras partes del mundo, de una sequía prolongada de varios años debido a las condiciones del clima imperante en estos tiempos. Aunque mejor dicho, son al menos dos tipos de sequía: una por la atmósfera, digamos "natural" –ni tanto, por eso entre paréntesis, sabemos de la injerencia del hombre– , la otra y más preocupante, es muy humana y tiene qué ver con la política, más objetivamente con la profunda carencia del bienhacer en esa política, y que no es otra cosa que corrupción. El pueblo llano lo dice, el pueblo llano lo padece. Como es obvio, los medios solo cumplen su parte de complicidad en la parodia de esta sequía política y persiguen a los anunciantes, al final, es lo que les importa. Quizá por ello una llovizna, digna de llamarse así, como la que aparece en la foto eleva el corazón de cualquier habitante de estos parajes del noreste del país. Lo que para unos podría ser otra lluvia más, para el habitante de estas regiones es una esperanza de que la sequía "natural" sea aliviada, al menos promueve la esperanza de contar con el líquido en casa corriendo una vez más en el grifo. La otra sequía, la política, no parece tener llenadera, va ligada con la ambición humana y esta es infinita, como se ha observado.
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Iba
a tomar una foto abierta de esa esquina cuando la pareja del primer
plano (y de espaldas) se puso ahí mismo, así que en un segundo cambié la perspectiva de la toma, y salió esta foto.
Ya saben, la idea es sacar lo mejor de una situación inesperada.
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De nuevo ¡no!, ¡¿pero qué les pasa a estas sobrevivientes del mundo?! La encontré ahí, flotando, inerte, otra más que muerde el polvo, en este caso el agua. Ahí, en uno de los recipientes para almacenar agua que en estos tiempos de escasez del líquido proliferan por lavanderías, duchas y sanitarios de todos los hogares, claro, si tienes un tinaco o una cisterna la llevas mejor, al menos ya tienes un depósito grande, puedes resistir un poco más, pero llegará un día en que se vaciarán, para ese entonces ya nadie estaremos aquí, digo aquí, en donde no haya agua. Siempre me he preguntado como es que estos bichos internacionales, las cucarachas, deciden morir en lugares abiertos y a veces bastante iluminados si son su sitios más odiados o en cubetas conteniendo agua, la del trapeador, por ejemplo o la almacenada para los trastes o el sanitario, como es común ahora.
Una cubeta llena de agua es una enorme piscina para una cucaracha, un peligro inminente para cualquiera de estos insectos, pero también, y como se observa, un poderoso atrayente para ellas. A nosotros nos pasa lo mismo, no necesitamos drogas –¿o sí?– salvo para casos particulares, sin embargo, la promesa de proveernos de experiencias placenteras al consumirlas, al menos por corto tiempo, es quizá la misma propuesta de un charco de agua para una cucaracha. Quizá intentan evadir su también patética vida, como diríamos, una vida de perro, aunque no es seguro quién la pase mejor, el perro o la cucaracha, lo que sí, es que los perros son bienvenidos por los humanos y las cucarachas no tienen mucha suerte; muy probablemente por sus asquerosos, nauseabundos y sucios sitios que habitan. Bueno, los perros son bastante sucios también, son animales de covacha, como los lobos o los coyotes, y ahí en la cueva hacen de todo, sí, de todo. No comparemos a un mamífero cuadrúpedo con una insecto, hay que observar la evolución, aunque la cucaracha tiene más, mucho más tiempo en la Tierra, que los perros, y que los humanos.
¿Seré un apologista de las cucarachas? Para nada, traigo el gen de repugnancia natural del género humano contra estos bichos, igual contra las serpientes y las arañas. Es algo que está ahí, nos viene de fábrica, quién sabe que difíciles experiencias pasaron nuestros ancestros con estos bichos. Luego vino la tradición que exponía que cada creación, por asquerosa y fétida que nos parezca, viene de la misma fuente: de la propia naturaleza y por lo tanto del creador. Si el creador diseñó a estas especies, debe de haber una poderosa justificación, de algo han de servir, es lo mismo que pasa con los políticos del mundo, principalmente los de este país, no sabemos por qué están ahí, necesitamos la distancia del tiempo para entender –o no, porque la posibilidad de nunca saberlo está servida– por qué existen, para qué sirven, cuál es su propósito. Solo el creador lo sabe…porque, ¿sí lo sabe, no?
Es muy posible que esta escasez de agua en la ciudad y el estado nos trastorne un poco, digo mejor, bastante. A las cucarachas quizá les venga muy sin embargo, igual a los pajarillos –otros animalitos sucios de la naturaleza–. Pero, ¿por qué falta el agua?, nos explican que la sequía es la culpable, como si esto fuera nuevo; estamos en una zona propensa a estos eventos, habitamos una zona en su mayoría semiárida, en los años 80’s hubo cortes de agua importantes en la ciudad, solo había agua en el grifo unas cuantas horas al día. En esa época ya vivía en Monterrey. La crisis no era tan dramática como la de hoy en día, el programa de recorte implementado por los responsables de la potabilización y distribución del agua hace unos meses, en donde dividieron a Monterrey –zona metropolitana– en zonas, proponía quitar un día de abasto de agua, un día para cada zona hasta cubrir todas las zonas y luego reiniciar. A mi zona le tocaba no contar con agua en casa los días viernes. Esto nunca se cumplió, los viernes no había ni una gota en la tubería de casa, pero tampoco la había en otros días además del día señalado por el programa. Luego desecharon este programa y mantuvieron, por corto tiempo, el servicio –con mínima presión– unas cuantas horas por la mañana –de las 4:00am a las 10:00am–, éste último duró poco tiempo y no fue todos los días. Hoy, que se sepa, no hay programa, los últimos quince días han dejado un día con servicio de agua y tres o cuatro sin ella, eso pasa en mi colonia y quizá soy de los privilegiados, quizá por la férrea pelea del alcalde del municipio que se quita la camisa por su gente. La cuestión es que no sabemos cuando tendremos agua, cuándo habrá y cuando no; es una serendipia para cada uno de nosotros, así que estamos sujetos al arbitrio de algunos entes del gobierno, diría que de varios, y cuando un problema se politiza, cuidado.
Hay lugares en la ciudad y sus alrededores que no han tenido agua en sus grifos en semanas, se han implementado servicios emergentes de distribución de agua en camiones cisterna –llamados pipas– para hacer llegar un poco de agua a estas personas, no sin ocasionarles ciertos sacrificios en el traslado de esa agua a sus casas o las largas filas que, hasta en la madrugada, han tenido que hacer las gentes de estas colonias, nada fácil. Es sabido que las obras que “no se ven” son eludidas por el ego de los políticos en cargos con poder para llevar a cabo obras y servicios para la comunidad. Hablamos de drenaje profundo, reparación y mantenimiento de calles y avenidas, obras pluviales y sí, obras para asegurar el agua para la población en donde se considere su crecimiento, como es el caso de Monterrey. Por supuesto que los cambios en las condiciones climáticas han sido obvias, sobre todo para los que han estado aquí durante mucho tiempo en la región, se sienten los inviernos o mejor dicho, no se sienten, ahora son como otoños prolongados, lo que no está mal, pero no es lo que solía ser. Las sequías se alargan, llegará un punto en el que será permanente y quitaremos lo semi de semiárido. Sí, el cambio del clima se nota.
La larga sequía no es la única “culpable” de no contar con agua potable suficiente para la población de Monterrey, la planificación no ejercida en encontrar las soluciones para mantener un flujo de agua entubada suficiente para sus habitantes ha tenido también su cuota de responsabilidad. El crecimiento de la ciudad igual ha incidido en este problema, pero este también es un factor que cualquier planificador que se digne de serlo tiene que tomar en cuenta para sus predicciones. Es como cuando llega a llover copiosamente en la ciudad –una o dos veces al año, con suerte en estos tiempos–, se forman ríos y lagunas en las calles y avenidas, en algunos pasos a desnivel se acumula agua con varios metros de profundidad. Lo curioso es que estas acumulaciones siempre son en los mismos lugares. Provocan accidentes y daños a personas y automóviles, son etapas de enojo de la población contra la costumbre de desdeñar el mantenimiento y arreglo de esas áreas, son de las clásicas obras que “no se ven”. El agua se evapora en unos días y la situación cae en el olvido –hasta la nueva lluvia anual–, entonces ¿por qué asignar recursos para reparar las evidentes malas obras si se evidencian en muy, muy pocas ocasiones? Hay que cuidar el presupuesto y asfaltar –con asfalto de la menor calidad pero pagado como de primera, el moche es mayor– para luego volver a asfaltar muy pronto, y de nuevo, y de nuevo, el ciclo ganador, el sueño de muchos políticos y miembros del gobierno.
¿Y las cucarachas?, ahí están, ahí estarán, ahí seguirán; tan asquerosas como siempre, tan ufanas como es usual al mover sus antenitas; harán lo que han hecho siempre, ¿y qué demonios hacen?, solo ellas lo saben. Continuarán apareciendo flotando en las cubetas y tinas con agua; boca arriba en el piso de la cocina; tiesas en los rincones de las habitaciones. Trapear con Fabuloso ayuda al exterminio, pero muy poco. Esas horribles cucarachas serán los testigos, como especie, de lo que una vez fue la pujante ciudad de la cerveza, el concreto, el futból, el acero, la chirigüillez, la fresedad, y los acentos golpeados y orgullosos, a veces mal entendidos, de los que unas vez fueron los regios, y los adoptados de San Luis, de Veracruz, de Chiapas, de Oaxaca. Cuando el destino alcance a esta región, solo veremos, como en el árido viejo oeste, cruzar a las barrillas el horizonte de una tierra yerma, sin alma, sin agua, sin vida humana.
fonbòs
Martes 26 de julio de 2022
Escobedo, NL