domingo, 10 de noviembre de 2013

El afán de comparar/Capítulo 2/Crónicas terrícolas por Kadok

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“Especie: grupo de organismos físicamente parecidos y que pueden reproducirse entre sí, generando descendencia fértil”.

Informe: 100001111100000100111 e.c.
   
    Los humanos (Homo sapiens) tienen una obsesión muy marcada que los distingue de otras especies de su planeta, nunca están de acuerdo con lo que son o como se auto perciben. Ninguna especie se preocupa por como se ve su reflejo ante un espejo, excepto los homo sapiens. A los perros (Canis familiaris), especie  relacionada socialmente con los humanos desde la antigüedad, no les importa si son pequeños, de hocico pronunciado, si ladran con tonos graves o chillidos agudos, si parecen un estropajo o tienen un aspecto feroz, si pueden saltar más o menos que otro, simplemente se dedican a ser lo que son: perros; menean la cola y se pasean por la vida haciendo lo que saben; si viven en una casa grande, en la calle, en el campo, en un piso en Manhattan, en una vecindad en la Bondojito, en San Pedro o en la Ristra les parece irrelevante, presentan en lo general un comportamiento muy regular y congruente con su esencia, tienen la cualidad desarrollada de ser leales con los humanos que los acogen al contrario de los homo sapiens que poco saben de lealtad o la desconocen del todo. 

    Es justo mencionar que los humanos se diferencian de todas las demás especies de la Tierra, poseen, con una enorme variación en grado entre ellos, cierta especie de inteligencia que los hace darse cuenta que existen, una clase de razonamiento que trae sus consecuencias. Como las demás especies del reino animal del planeta, vienen equipados con lo que llaman instinto, una serie de impulsos naturales que contribuyen a la conservación y continuación de la vida. El impulso sexual, las señales de alerta ante el peligro (real o imaginario), el hambre, el sueño, son algunos de estos estímulos automáticos. La combinación de este instinto primario con la mente racional, es uno de los enigmas con los que esta especie lidia desde su inicio, por lo tanto, llegan a ser  bastante ambiguos en su proceder.

    El miedo al final, como se percibe a la muerte en los humanos, paradójicamente por esa consciencia de saber que están vivos, es en el fondo, una carga poderosa que llevan todos y que traza buena parte de sus costumbres, comportamientos y maneras de encarar sus rutinas comunes, marcando su devenir. Aunque esta noción no yace todo el tiempo en la superficie consciente, siempre permanece adherida a las entrañas y profundidades del subconsciente, llega a explicar muchas de las más variadas creencias, acciones y rasgos culturales de diversos pueblos o grupos humanos así como en la individualidad de quien los forma, la persona.

    Cada persona es diferente, no hay una que sea idéntica a otra, salvo a sí misma y sólo por instantes; si esto es así, comparar a un individuo con otro es una tarea inútil de raíz, se puede comparar una especie con otra, comparar exige diferencias ¿y que diferencias de real significado encontraremos entre un humano y otro? Su proceso de gestación es el mismo, nacen de la misma forma, sus genes se combinan no importando de que región del planeta provengan. Salvo por posibles incompatibilidades del tipo de sangre y que no tienen que ver con la región de origen de las personas, la posibilidad de que un par de humanos engendren un nuevo  humano sano y que éste a su vez sea fértil, es total, prueba irrefutable de que pertenecen a una misma especie.

    Para el caso de la reproducción animal, incluyendo a la humana, existe una dualidad muy interesante, es parte de cómo la vida en estos confines resuelve la continuación de esta experiencia natural, es  conocida como reproducción sexual.  Un individuo provee la mitad de una semilla y el otro la otra mitad, para el caso de la especie humana estos individuos son llamados hombre y mujer o macho y hembra para el reino animal en general. Un hombre por medio de la acción, conocida como cópula, deposita su simiente (espermatozoides) dentro de una mujer, si todo sale bien, uno de los millones y pequeñísimos espermatozoides alcanzará al majestuoso y gran óvulo de la hembra y de ahí, por procesos biológicos muy complicados, inicia la gestación de un nuevo humano. Este nuevo humano tiene un 50% de probabilidad de ser macho y un 50% de ser hembra, depende cual de los dos cromosomas sexuales del macho (unos espermatozoides traen el X y otros el Y), haya ingresado al huevo   para combinarse con el de la hembra, que siempre es un cromosoma X. Si la combinación resultante es XX será una hembra, si es XY, será un macho. Durante miles de años se culpó a la hembra humana de definir el sexo de los nuevos humanos que nacían de ella (y aún en la actualidad por algunos, se sigue haciendo) , digo se culpó, por el carácter dominante de los machos y su deseo persistente de desafiar a la probabilidad al querer sólo descendencia varonil, ignorancia pura.

    Los humanos tienen 23 pares de cromosomas en el núcleo de cada célula de su cuerpo (46 cromosomas en total), cada cromosoma puede contener miles de genes, éstos últimos son los rectores de la construcción y desarrollo de cada humano, por medio de esta bioquímica portentosa, se transmite codificada la historia evolutiva y las características a cada nueva persona. Las células reproductoras o sexuales, llamadas también gametos, son haploides, las únicas del cuerpo que sólo contienen 23 cromosomas (uno de cada uno), en este caso, se asegura la combinación entre los de la hembra y los del macho, óvulo y espermatozoide respectivamente, formando los 46 cromosomas base (23 pares) en el nuevo espécimen. Otras especies, difieren en el número de cromosomas que contienen en sus células, por ejemplo, los perros (Canis familiaris) tienen 39 pares; los gatos (Felis silvestris catus) 19 pares; el ratón (Mus musculus) 20 pares; el cerdo (Scrofa domestica) 18 pares; el caballo (Equus caballus) 33 pares; el elefante (Elephas maximus) 28 pares; con lo que puede inferirse que la cantidad de cromosomas por sí sola, no define el grado de inteligencia de una especie con respecto a otra.

    A la luz de este conocimiento que los humanos ya tienen, y a pesar de ello, la comparación entre los miembros de su misma especie es causa de terribles divisiones y disconformidad, provocando disputas, guerras, confrontaciones y conflictos innecesarios. No han sabido dominar a la bestia interna y su irracional predisposición al sentido de territorialidad los arrastra al enfrentamiento. Se asocian en comunidades con afinidades culturales e ideas semejantes y que llaman naciones o estados, crean barreras de protección (fronteras) y sistemas de identificación individuales que avalan  la pertenencia o no a tal o cual nación. Su visión es corta y bastante pobre, a pesar de habitar una misma casa, en este caso un planeta, se mantienen obcecadamente adheridos a pequeñas parcelas que defienden de los “extraños”, otros humanos que consideran que no son como ellos. Cierto que el sentido de territorio es un punto común del instinto entre las especies más evolucionadas de animales, pero el humano, como  única especie pensante, aunque con una racionalidad de grupo  e individual todavía limitada, tiene capacidad para resolver este problema de visión, al menos la comunidad europea, con raíces más económicas y de defensa que sociales y de integración de variedades culturales, es ya un indicio, aún bastante selecto y con enormes oportunidades por concretar, es un intento de la aún lejana comunidad de la especie humana única.

    En la particularidad de las personas, este sentimiento de diferenciación es frecuentemente acusado, transfiriendo estados de inferioridad por un lado, y estados de superioridad (siempre aparente), por otro. Aunque muchos humanos tratan de ser diferentes y mostrar cierta libertad de maneras, de formas de vestir, de gustos aparentemente originales, de expresiones novedosas, lo cierto es que siguen patrones definidos, los humanos son, en su gran mayoría, seguidores de tendencias. De esto hay un sin fin de pruebas que  han surgido durante la historia del homo sapiens.  Uno de los casos más notorios se observa en el tipo de vestimenta y calzado que utilizan, antiguamente estas diferencias eran mucho más grandes entre diversas regiones, en la actualidad, con el desarrollo de las comunicaciones, los viajes y en general, con un mayor contacto, algunas de las costumbres se expanden y son incorporadas a la vida cotidiana en regiones y culturas distantes geográficamente, por ejemplo el uso de los “bluejeans”, esos pantalones de los mineros, buscadores de oro y campesinos de las californias de finales del siglo XVIII y buena parte del XIX e.c. (contabilidad estándar del tiempo de la Tierra) y que ahora viste todo el mundo. Algo que se catalogaba o se desdeñaba como impropio en el pasado, ahora es aceptado sin problemas. Los usos y costumbres dentro de la cultura popular cambian con el devenir, los de la superficie, porque existen algunos que no lo hacen y permanecen, uno que se mantiene, algunas ocasiones abierto y otras soterrado o disimulado, es la discriminación. La hay en muchas vertientes y en grados variables. La discriminación es una forma de comparar muy superficial, tiene su origen en conceptos e ideas y no necesariamente en aspectos verdaderos o que sean importantes para la especie, básicamente se remite a diferencias culturales. 
       
    En el fondo, cualquier tipo de discriminación tiene al miedo como actor principal, lo que es diferente, lo que no se conoce, es un motivador de señales de alerta y de zozobra aunque no todo lo amenazante sea un peligro real. La fuerza de la asociación de grupo, sentirse parte de algo mayor que a la sola individualidad, le otorgaba una real y necesaria práctica en su pasado de cazador, cuando su mundo era hostil, lleno de bestias salvajes e incertidumbre, en la actualidad el peligro ha disminuido significativamente o no existe y ahora es principalmente una búsqueda de seguridad psicológica o afinidad de pertenencia. Los humanos en este sentido son seres sociales y buscan aglutinarse en estos círculos, además de la colaboración es una forma también para escapar de la soledad interna real con la que todos los humanos nacen y mueren. Una persona, en la profundidad de su psique, se encuentra a sí misma, se puede llegar a conocer como realmente es, para la gran mayoría es aterrador darse cuenta de la soledad subyacente o siquiera intuirla, por ello toda la gran cantidad de distracciones que se ha inventado, todo lo que provoque olvido y que palie el sufrimiento es bienvenido, se convierte en películas, telenovelas, series, espectáculos, futból, el antro, facebook, Internet, alcohol, drogas, los chismes, los “reality shows” y ahora la política de varios gobiernos, imitando a los de la tv. La fuerza del grupo o grupos a los que el humano se asocia es enorme, las leyes publicadas y las tácitas que se crean llegan a manejar su vida y forma de pensar, si el humano no ha madurado su pensamiento y no tiene un sentido crítico suficientemente desarrollado, el grupo implantará en él sus principios por varios canales, ese humano será sólo un engranaje y acatará los dictados y órdenes con su filtro mental comprometido y sometido a una voluntad exterior. El temor que se genera a la posible exclusión del grupo y volver a ser nadie, un ser aislado y solo, ínfimo y débil, bloquea a la persona de tal manera que lo lleva a realizar actos que muy posiblemente en su sano juicio jamás se atrevería a llevar a cabo o a adoptar creencias fantásticas de las que no tiene la menor idea propia, como los dogmas, o a aceptar lo que se le diga porque piensa que es lo correcto, lo dijo la autoridad del grupo. Las características grupales y comportamientos humanos se observan en las uniones de un barrio, como una pandilla, en cualquier tipo de asociación, especializada, religiosa, política o profesional, de un país o de una comunidad. 

    La comparación es discriminatoria y la discriminación es una comparación implícita, declarada, cuando se compara se discrimina, se divide, se hace a un lado. ¿Por qué no eres como tu hermano? ¿Por qué no eres normal como todos? Eres un infiel, eres cristiano. Eres un infiel, eres musulmán. Mis hijos van a un mejor colegio que el tuyo. Yo también tengo un auto como el del vecino, el no es mejor que yo. Qué gordo estás. Estas súper, mira que flaquita estás. Eres un indio bajado de la sierra a tamborazos. Qué naca mira cómo se viste. O estás conmigo o eres mi enemigo. Tú eres mujer, por lo tanto, no sabes nada. Eres negro, eres inferior. Eres blanco, de mejor raza, quisiera ser como tú. Eres igualito a tu padre. Pero no es sólo en las frases o pensamientos sino en los actos en donde también la comparación se lleva a cabo, es increíble que esta especie humana se desprecie y llegue a aniquilarse a sí misma por una idea o creencia frecuentemente equivocada. En ocasiones la comparación discriminatoria está oculta en un halo de sobre dimensión, de falsa deferencia y se establecen estatutos y leyes para contenerla aunque en el fondo no es fácil cambiar la natural aversión humana a lo diferente o a aquello que parece extraño. En un país de América llaman a los de piel obscura afroamericanos, haciendo alusión al continente de origen y en el que ahora viven, sin embargo a los que llaman blancos (que más bien serían “rosados”) de origen anglosajón principalmente, los siguen llamando blancos pero no euroamericanos, a los de origen italiano los llaman italoamericanos aunque Italia sea también un país europeo quizá sean diferentes si los llamaran euroamericanos, a los de origen mexicano regularmente se refieren a ellos como hispanos, por la lengua madre que hablan, pero ahí también incluyen a puertorriqueños, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos, bolivianos y en general a todos los que hablen español, quizá realmente deberían llamarlos ameriamericanos o mejor, simplemente, americanos pero se confundirían con los otros americanos porque aparentemente hay varias clases.

    Ordenar o clasificar son actividades necesarias para organizar y optimizar recursos, la naturaleza en este planeta lo hace en todas sus facetas de la vida, los humanos dada su inteligencia, igual lo hacen, pero continuamente los propósitos razonables dejan paso a lo irracional y los desvíos son evidentes. El hombre está sujeto a estas dos corrientes, lo que le indica un pensamiento estructurado y coherente para su beneficio y progreso y  aquello que lo lleva a su propia autodestrucción, su parte de animalidad primaria, el orden y el caos, y sus variantes de grado, en una misma entidad. Quizá los humanos algún día aprendan a comparar lo que tenga real importancia para la especie entera y no sólo fijen su atención en encontrar diferencias en donde no las hay o éstas son llana y puerilmente superficiales. Un buen día, un buen día...


“It’s ironic that at the abundant dance of life, most humans are starving or trying to buy what should be had for free. Don't worry about what others do, just do your thing and never compare yourself to anyone”.






Continuará...
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miércoles, 30 de octubre de 2013

Historias Humanas/Crónicas terrícolas por Kadok

Capítulo introductorio


Lo que aquí se escribirá, cuando entremos en materia, no lo he escrito yo, lo escribió Kadok, no, no, no, un momento, no dije, ni quiero decir kodak, con lo que no me refiero a la compañía fotográfica conocida en casi toda esta Tierra y que recientemente salió del capítulo 11 en los EEUU completamente reestructurada, sino al Ser que lleva un nombre parecido y que realmente ha escrito y escribe las crónicas, informes y relatos que se irán presentando aquí. Ya se lo decía yo a Kadok, búscate otro nombre, más de dos k’s no me suenan bien en una palabra en español, hay muchas con mejor sonoridad, más elegantes, pero no me hizo caso, como que la humanidad ya le ha empezado a afectar. El nombre original de Kadok, el alienígena que llegó a nuestro planeta, es muy largo e impronunciable, más largo aún que la palabra alemana: Donaudampfschifffahrtselektrizitätenhauptbetriebswerkbauunterbeamtengesellschaft, e inclusive, contiene lo que parecen extrañas letras que no se pronuncian pero sí se piensan, ajenas a cualquier concepto de idioma en nuestra especie o a cualquier tipo de sonido emitido por algo vivo que conozcamos. Una sola vez traté de que me lo dijera, pero créanme, no lo comprendí, cuando le pedí que lo escribiera, y lo hizo en una rara pantalla como de plasma sin hacer ningún movimiento, alcancé a ver una gran cantidad de símbolos irreconocibles, no podría decir si estaban dispuestos verticalmente, horizontalmente u oblicuamente, y si se escribieron de derecha a izquierda, como el árabe, o de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo como los kanji, o de izquierda a derecha, como en español, o todo junto de una vez, entonces y por cuestión práctica, decidí llamarlo con el nombre que él mismo tomó, Kadok. 

    Cómo fue que me llegaron estos escritos, es una historia que por el momento no quiero revelar, tampoco cómo llegué a conocer a Kadok, él personalmente me sugirió que no lo divulgara ya que me clasificarían de descerebrado o de locodementeinsanomajaretaperturbadolunáticolorenzooratechifladomaniáticoenajenadoguillardolocadio o algo peor, perdón por está última larga palabra, costumbre del idioma de Kadok que a veces transmite a alguna de nuestras lenguas. Pero los humanos no entendemos eso de los concejos y qué le hacemos.

    Bueno, prosigamos, ¿Por qué esta forma de vida evolucionada, escogió un nombre para sí mismo semejante a una de las primeras cámaras fotográficas populares, lanzada al mercado allá a finales del siglo XIX?
Vayamos por partes, Kadok llegó a la Tierra hace muchísimo tiempo, puede decirse que la vio nacer, antes tuvo otros nombres, pueblos que nuestra historia humana actual no registra lo llegaron a conocer, dejaron algunas pruebas de su existencia aunque muchas permanecen ocultas y otras, nuestra ciencia actual las desdeña o sencillamente por ahora no son comprendidas. En nuestra historia aceptada tuvo nombres en el frigio indoeuropeo, en sumerio, en sánscrito, en chino, en egipcio, y en casi todos los idiomas antiguos, después, por un largo periodo no le importó tener un nombre terrestre, de cielo o de mar. Nuevamente su interés cambió cuando Francesco Petrarca y Giovanni Bocaccio, amigos entrañables entre sí y ambos de la Toscana, empezaron a redescubrir y difundir a los clásicos grecorromanos. Ummm, dijo Kadok, algo de lo más interesante esta surgiendo por estos días, el medioevo lo había adormilado como a todos los humanos que lo vivían, según la tradición se decía, aunque sabemos que lo que dice la tradición no siempre es verdad. A partir de ahí, ya más espabilado, Kadok buscaba afanosamente un nombre terráqueo para sí mismo, algo que pudiera ser pronunciado en la mayoría de las lenguas. Buscó en el Decamerón, luego en la Divina Comedia de Alighieri pero no le satisfizo ninguno, espero un tiempo y jugó con varios personajes de Mollière, Tartufo lo sopesó un momento pero lo desechó porque esa f y esa o finales no le parecían adecuadas para los idiomas germanos, Don Juan se le hizo muy vano y no quiso que lo compararan con un conquistador empedernido, infiel, parrandero y libertino, o con el  propio burlador de Sevilla de Tirso, con el riego de perder simpatías con las damas, un poco más de la mitad de la población del mundo. Cide Hamete Benengeli le  gustó en un principio, se oía bien en el español de inicios del siglo XVII, cuando Cervantes lo lanzó al mundo en su obra más famosa, pero cuando un inglés lo pronunció, lo dejó atrás de inmediato.
   
    Mientras observaba el desarrollo de los humanos, seguía buscando ese nombre sin detenerse pero cada vez que parecía encontrar uno de su agrado, reflexionando sobre él,  lo llegaba a considerar impropio o simplemente terminaba por no gustarle. Entonces, en el siglo XIX, por el año de 1889 se encontró con esas cámaras de reciente aparición para tomar fotografías que promovían el lema: “usted sólo apriete el botón nosotros hacemos el resto” y que se conocieron con el nombre de kodak. Averiguó que George Eastman encontró ese nombre atractivo comercialmente, primero, porque le gustaba la letra K y era su favorita, fuerte y categórica, sin resonancias superfluas, luego porque la palabra entera, kodak, podía pronunciarse casi de la misma forma en la mayoría de las lenguas del mundo, y además de todo, no significaba nada; había encontrado un principio ideal a través de una creación humana. De esta manera y haciendo un pequeño cambio decidió llamarse Kadok para que no lo identificaran ni con una compañía ni con una cámara fotográfica, según él,  y seguía manteniendo el principio, una palabra humana, corta y fácil de recordar, fonéticamente muy similar en yiddish, tagalo, inglés, tepiteño, ruso, ucraniano, tzótzil, danés, español, maya, italiano, portugués, spanglish, alemán, chino de Pekín y chino de Cantón, coreano, francés, persa, árabe, náhuatl y en casi todos los lenguajes y dialectos del mundo.
Kadok empezó a firmar todos sus informes con este, su nuevo nombre, y lo hizo retroactivo, firmó aún los que ya había estado enviando a su base todo estos milenios, al menos las copias que tenía en su hogar fuera de casa.

    Nos ha estado observando a su manera, una forma extraterrestre, obvio porque es alienígena, o en otras palabras, sin conocernos a profundidad, aunque ha ido aprendiendo, sobre todo a partir de los inicios del renacimiento del Quattrocento, por ahí del año 1300 y pico de n.e.c. y los siguientes, en que decidió apersonarse con uno que otro humano que consideró de cierto calibre para sus averiguaciones sobre  las razones del cambio de percepción del centro del mundo hacia el propio hombre, y que se fueron transminando en los siguientes siglos, hacia las artes, la arquitectura, la literatura, la pintura, a la vida y concepción misma del hombre. Al principio y como no estaba acostumbrado, cometió algunas torpezas, pero nada que no pudiera arreglar, ese aparato de ficción que utilizan los agentes en la película Hombres de Negro y que borra la memoria en el lapso que se determine previamente, le ha sido de mucha utilidad, pero el de Kadok, muy similar, sí funciona de verdad. Se lo he dicho, el día que intente utilizarlo conmigo se va a meter en un gran problema, pero no lo va a hacer, al menos por ahora, me he convertido en uno de sus principales transcriptores humanos y eso me tiene la memoria asegurada por un tiempo, además de que descubrí cómo contrarrestar el efecto de su aparatejo, conocimiento que nunca obtendrá de mi parte.

    Los informes, como Kadok los llama, no son tan sencillos de estructurar, de pronto habla de un tema, luego en el siguiente habla de otro, sus saltos en el tiempo y el espacio quizá tengan que ver con su origen, su planeta, su base o de dónde sea que es, entender esto, cuesta algo de trabajo. Sus escritos son algunas veces muy inocentes, a veces son muy descriptivos o en ocasiones terribles, raros, así que habrá que tratar de comprenderlo y verlo como un extranjero que intenta describir o entender lo que sucede en un lugar que no es el suyo, y a sus habitantes en él, pero que sin duda, lo que diga será lo que observa, tal cual y como es. Parecido a los reporteros y periodistas que decían la verdad y que no se comprometían con ningún interés ajeno a lo que informaban, de los que aún hay pero de los que quedan pocos en el mundo.


Continuará...



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lunes, 28 de octubre de 2013

Transgrediendo tus principios

    

¿Vale la pena cuando lo hacemos libre y conscientemente?


    Cambiar de opinión es de sabios, dice la sentencia popular, y es cierto. La opinión puede variar con el tiempo, con la acumulación de información, con nuevas entradas que antes no teníamos, con nuevas experiencias o enfoques diferentes, es algo que a todos nos puede suceder, digamos, parte del crecimiento y desarrollo regular de una persona. Lo que sí se cocinaría aparte sería el cambio de principios o forma de aquilatar la vida, aquello que viene siendo nuestra base de quienes somos y lo que somos, con toda nuestra carga intelectual, emotiva y de historia que traemos en nuestro propio costal. Si somos mentirosos y embusteros lo seguiremos siendo, forma parte de nuestra esencia, si  somos sensibles, seguiremos llorando con un buen drama en un filme; si somos honrados, generalmente nos mantendremos así; si somos irascibles, con pequeños altercados nos convertiremos en fastidiosos ogros; si somos cursis, continuaremos celebrando el 14 de febrero con globos y tarjetas de corazoncitos.

    Todos y cada uno de los que habitamos estas tierras vamos definiendo, conforme crecemos, nuestra naturaleza básica, aquellos rasgos que nos definen y que junto a la carga genética que traemos incorporada, trazan nuestro carácter (en un inicio) y van formando nuestra personalidad. En ello tiene que ver el medio ambiente, el entorno social y la cultura en que nos desarrollamos. El carácter es quizá más definitorio, buena parte se desarrolla en la infancia, pero es en la adolescencia en donde se afianza, la personalidad por otro lado, se va desarrollando en conjunto con el carácter y es posible que no se defina completamente sino hasta la juventud avanzada. Algunos tipos de carácter (o rasgos psicológicos base) pueden ser: “carácter nervioso, apático, sentimental, colérico, apasionado o amorfo”(1), entre otros.

    Una clase de carácter particular puede ser compartido u observado en diferentes individuos, no así la personalidad, entendida como la “estructura de tipo psicológico que representa el conjunto de rasgos distintivos de un individuo”(2) o como la define Gordon Allport: “aquella alineación dinámica de los sistemas psicofísicos que permite establecer un modo específico de actuar  y de pensar y que varía de un individuo a otro ya que depende de la clase de adaptación al entorno que establezca cada persona”(3). Entonces y para aclarar lo que aquí trato, la personalidad es, como su propio nombre lo define, personal, cada individuo tiene la suya propia y aunque pudiera ser semejante a la de otro individuo, analizada en su totalidad, diferirá de uno a otro. En ocasiones, carácter o personalidad, se utilizan indistintamente como sinónimos, aunque no lo sean.

    Un tercer factor cuando se habla de personalidad en su conjunto, y para tener más clara esta cuestión (o quedar completamente confundidos) lo es el temperamento. “El temperamento consiste en la herencia biológica recibida, no es posible modificarlo o cambiarlo, lo traemos junto con la bioquímica de nuestro cuerpo, en nuestras neuronas y en nuestro sistema endocrino”(4), como quien dice: de fábrica. Luego el carácter se va formando gracias a los hábitos de comportamiento que vamos adquiriendo, finalmente la personalidad es en donde el temperamento y el carácter se conjuntan y es entonces cuando la personalidad “representa el patrón profundamente incorporado de los rasgos cognitivos, afectivos y conductuales manifiestos, que persisten durante largos períodos de tiempo y son relativamente resistentes a la extinción”(5), hasta nuestra muerte.

    La personalidad entonces, está formada por el temperamento y por el carácter, y está atada a la forma en que pensamos y como actuamos en la vida; los principios o directrices   de nuestra personalidad, que comento arriba, son como los mandamientos, la manera en que nuestra naturaleza los fija en nuestras neuronas. Son el componente esencial que dirige de qué forma abordaremos las vicisitudes de nuestro deambular y equilibra lo que somos. Por ello, estos principios son tan importantes para cualquier persona, independientemente de cuáles sean esos principios, una inestabilidad en ellos trae consecuencias muy serias en el comportamiento corriente del individuo.

    Pero resulta que las vulneraciones a nuestros principios son más comunes de lo que se piensa, muchas veces y la mayoría, por necesidad y no tener otra salida; hay otras  desafortunadamente violentas y que nunca buscamos; también están aquellas, no por ello menos dramáticas pero sí ruines y mezquinas, que las llevamos a cabo por simple comodidad, preferencia o conveniencia. De estás últimas he visto algunas que me llevan a pensar que nunca conoceremos a alguien lo suficiente como para sólo imaginar esos cambios tan rotundos virados del blanco al negro en sus principios base, pero son reales.

    Mantener los principios cuesta trabajo, no es algo sencillo. Un ejemplo clásico en la historia fue el del famoso filósofo Sócrates, un caso extremo porque involucró su propia muerte de forma consciente antes que transgredir sus ideales, casos ordinarios, queriendo decir más comunes, los podemos observar en nuestro entorno: aquel empleado que fue corrido por negarse a hacer algo con lo que no estaba de acuerdo y calificaba de desleal; la secretaria que se negó a acostarse con el jefe para mantener su empleo; la esposa que se separó de inmediato de su marido por intentar golpearla; el comprador que se negó a recibir un soborno y fue tachado de tonto por sus compañeros; el político que verdaderamente quiso hacer un cambio y en ese momento su carrera terminó (o fue mandado asesinar); aquellas chicas que se casan por razones diferentes a sólo tratar de asegurar su comodidad y estabilidad económica; aquel niño o joven que no participa en el acoso a un compañero por parte de su grupo y aún más, lo defiende de ellos; aquel burócrata que se niega a recibir un “moche” y le demuestra al contribuyente un servicio de calidad y eficiencia sin la necesidad de ese agregado; el vuelto que un empleado de una tienda de conveniencia le regresa al cliente que por error éste último dio de más. Casos como estos demuestran permanencia de principios rectos, vivir de acuerdo a nuestras propias reglas y estar en paz con nosotros mismos.

    Por el contrario y como mencioné antes, he conocido a personas que tenían principios estables, de gran calidad moral y de concepción del mundo, sin embargo y por diversas circunstancias, no supieron mantener y han preferido modificarlos. No eran simples opiniones, preferencias o gustos, no, eran verdaderas directrices de vida, mandamientos de su personalidad. No soy un especialista pero me parece que existe algún desorden en estos casos que trastorna a las mismas neuronas y sus sinapsis, algo sucede a nivel de la psique que obnubila y confunde los procesos mentales. La persona queda como suspendida en el tiempo y se convierte en otra, lo que antes jamás haría porque se alejaba de sus principios ahora lo lleva a cabo, muy semejante a un lavado de cerebro o a una conversión con técnicas sectarias, sin haberlas habido. Hay de casos a casos mas siempre preferiré la posibilidad de una enfermedad o trastorno mental a que la persona, de manera consciente y libre, lo haya decidido así, sería como admitir que la sentencia:“todos tienen su precio” se aplica universalmente y no es así, frase concebida por aquellos que su principio motor es el dinero y de esta forma, esos son los que sí tienen precio.

    No hay como vivir con la tranquilidad de que hacemos lo que consideramos correcto en todas las esferas, en consonancia con nuestra personalidad y con los mandamientos que de ella se derivan, mucho mejor cuando estos principios sean los que consideren vivir lo nuestro con rectitud y dejar vivir a los demás como lo elijan, sin nosotros afectar a nadie y sin que nadie nos afecte a nosotros, como si dijera: amor y paz.

       

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Citas:
(1) http://definicion.de/caracter/
(2) http://definicion.de/personalidad/
(3) http://definicion.de/personalidad/
(4) http://psicodm.com/temas/12-la-personalidad-teoria-de-rasgos/
(5) http://psicodm.com/temas/12-la-personalidad-teoria-de-rasgos/

domingo, 27 de octubre de 2013

Sintonías en Frecuencia Modulada

Ayer, sintonizaba la radio de FM pasando por todas las estaciones, me quedaba unos momentos en una para luego pasar a la siguiente. Ya era de noche y los cortos comerciales eran menos frecuentes, así que, podía encontrar más transmisiones de música o de entretenimiento. No lo hago muy a menudo, ni siquiera en el automóvil, me refiero a esto de escuchar la radio, mi mayor tiempo para estos casos de esparcimiento o distracción (en casa), lo ocupan otros asuntos, por ejemplo, aquellos que tienen que ver con la computadora o el Internet pero hoy, mi laptop estaba trabajando intensamente en el procesamiento de un corto de video y esto requería los recursos completos de su “Intel core duo” y ni hablar, por varias horas no la podía utilizar para otras tareas. Así que fue algo así como una pequeña exploración en el mar de esas ondas que no vemos pero que flotan a nuestro alrededor todo el tiempo.

    El encuentro con la radio, cuando sucede, es excitante, la calidad de la señal actual de FM es maravillosa, el prístino sonido estéreo permite identificar y disfrutar todos los instrumentos claramente, las voz, muchas veces disfrazada por la tecnología y efectos especiales, se aprecia nítida, cercana e íntima; claro, dependiendo de quien cante; el efecto de la escucha fina es mejorado substancialmente si utilizas audífonos “cerrados”, otro nivel.

    Aunque la mesa esté servida con sus mejores manteles y cubiertos, la forma de sentarse a ella y de cómo comer y llevar la tertulia, es transparentemente destacada y aquí la naturaleza del comensal se expone de una manera infalible. Lo explico de otro modo, una cosa es contar con los mejores instrumentos y tecnología y otra es lo que se irradia al espacio, qué llevan las ondas hertzianas, en suma, qué se programa, qué se transmite, qué canciones se ponen, qué se dice y cómo se dice, para el caso práctico: el vestido, frecuentemente embustero, no hace al mono, sólo lo disfraza.

    Y cuando empiezas a definir o desentrañar lo que se dice en las canciones en la radio, independientemente de la interpretación o estilo de la música, bueno, observas que el abandono está por doquier y que las mujeres son regularmente malvadas, mentirosas y mala leche, además de que la letra contiene frases gastadas, manipuladoras, de víctima  inocente. Por ejemplo y baste esta exigua selección al azar, la que más o menos se recoge en estos sentidos (que no palabras exactas): “si me dejas y te vas con otro (que por cierto, nunca será lo bueno que soy yo) me convertiré en un borracho de cantina” (el borracho de cantina me parece que es diferente, algo ha de haber en grado, seguro son diferentes, de mayor categoría a los borrachos de casa o a los de estadio de futból); “estoy enamorado de la otra, la otra que eres tú cuando estás de buenas, si estás de malas y me recriminas que ando de coscolino (cosa impensable), no, porque quién sabe quién eres” (o en otras palabras, me gustas pero siempre y cuando seas como yo pienso que eres); “prefiero odiarte que seguir atado a tu amor” (¿y odiándote, me desato? ¿de cuándo a acá?); “tú rompiste mi vida con una espina, una mentira” (con una mentira toda tu vida, al traste, sin remedio); “nadie te amará como lo hago yo” (¿cómo lo sabe?, esto es de lo más arrogante aparte de gastadísimo); “Bye bye mi amor, que te vaya bien y que no sufras -sin mi-” (además del “spanglish” y el desdén indefectiblemente falso, un ego de aquellos); “y ahora ¿a quién le voy a regalar mi amor? ojalá no te hagas daño al olvidar mi piel” (más amenazas y claramente vengativo con Dios mediante); “bendigo tu abandono porque al final de todo, vas a llorar por mi” (igual que el anterior, vengativo con Dios mediante más diáfano). “Mira gaviota, te fuiste y me dejaste pero si te encuentro te voy a cortar las alas para que ya no puedas volar” (crueldad y ganas de sojuzgar, conmigo o con nadie); “te fuiste y no sé por qué, yo sé que me querías y me adorabas” (¿enton’s? suposición pura); “cuando vuelvas, por favor, no vayas a llorar sobre mi tumba” (iluso hasta después de la muerte, qué afán).

    Estas frases me hicieron recordar algunas contestaciones del lado femenino, ya que es fácil notar que las pasadas sentencias contienen obvios reclamos masculinos de cuando no hay correspondencia en la amada y sí engaños y trastadas, entre estas respuestas y quizá una de las más directas hacia los malos y pérfidos hombres, tenemos una bastante explícita y que dice: “rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho”, lo que ilustra que cuando algunas damas se enojan son más contundentes y van directo: “Alimaña, culebra ponzoñosa, deshecho de la vida, te odio y te desprecio”; qué le haría el individuo en cuestión a esta dama herida para denostarlo de este modo, me pregunto.

    Alguien ha dicho que un pueblo se conoce por la televisión que ve, hablando de los programas que se transmiten por onda libre, de paga o de cable; pero también por lo que escucha en la radio; por lo que consume de lectura (si lo hace); por como habla; por lo que le interesa; por lo que dice y llega a escribir, por ejemplo en Internet (son comunes las atrocidades ortográficas y sintácticas), en las redes sociales (como facebook) u opiniones escritas en distintos foros. Duelen los ojos, decía hace tiempo la señora Coty al ver alguna aberración ortográfica escrita en las calles. El balance general es bastante triste, el deterioro de los modos y de la lengua, entiéndase español, es evidente, y si como dicen los ilustrados que con el idioma pensamos, qué ideas, qué razonamientos, qué coherencia pueden resultar de este empobrecimiento general, desde arriba hasta abajo, desde la clase A+ hasta la D -si hablásemos en términos socioeconómicos-, incluyendo a todos los “very important people” o vip como se suele mal llamarlos -en el caso de popularidades-, la ignorancia no respeta al pobre, medianero o rico y como ejemplos, los tenemos abundantemente.

    Y esto, se transmite en las canciones que escuchamos, igual en la locución de la radio y la televisiva, en las entrevistas, en quien habla en los medios, en quien escribe en la prensa, llegando a convertirse en la forma usual y estándar, que a fuerza de repetición, llegamos a considerar como correcta. La tendencia se masifica y sucede lo que universalmente se manifiesta, unos pocos piensan por unos muchos (cientos por millones), se anulan los posibles brotes de iluminación y tendremos que esperar, como en la historia ya ha sucedido, que llegue otro renacimiento que generalice mejores cotas de desempeño y de creatividad aunque por lo pronto, no se vea nada clara ni cercana esta posibilidad.

    Afortunadamente siempre hay un grano prieto en el arroz, o varios. A pesar de la multitud ensimismada y distraída en su avatar diario y muchos otros, medio conscientes,  sentados en su cómodo sillón de privilegios y que no desean transgredir ni un sólo milímetro, nos encontraremos con esos granos prietos que adicionan su verdadero talento e ideas propias a este caldo cultural, sazonándolo con invenciones que sorprendan por su belleza y calidad humanas de verdad, aunque sean escasas, son las que nos permiten tener esperanzas en la detención del degradado ambiente en el que hoy vivimos.

    Ya lo dijeron los sabios antes de la era cristiana y luego recogido en la Biblia: “...ni echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y se vuelvan para destrozaros”, una muy exacta metáfora (idea trasminada a una parte de la sociedad) que explicaría el por qué lo que se transmite, lo que se publica, el discurso que se expande, la noticia que se difunde, son todo lo contrario a la composición de las perlas o a cualquier piedra preciosa que se le asemeje, para qué demostrar que la tierra es redonda cuando todo mundo sabe que no es así. ¿Se nos ha olvidado? ¿tan pronto? Al pueblo le damos lo que le gusta, si el pueblo quiere canciones de amores abyectos, despechos y dependencias psicológicas, ahí van; si el pueblo quiere telenovelas y tenga lo que no tuvo ni tendrá (porque todo es ilusión), se las damos; si quiere programas de chismes y escarnio público, se los damos, faltaba más, es más fácil verlo en los demás que en la vida propia (patético); si quiere princesas, pues ahí están, aunque sean fabricadas; todo para que olvide y se distraiga y por supuesto, el rating sea alto, al final es lo que importa.

    Concluyo que quien tenga oídos que oiga la radio, quien tenga, además de oídos, razonamiento y un poco de sentido crítico, que la escuche; si además tiene ojos, puede que vea la tv, si quiere hacerlo mejor, que la observe; si alguien decide seguir en estado de letargo, pues muy su amodorrado gusto, cada quien como le venga en gana, que para eso somos libres (esto último es un supuesto o más certero, un espejismo, dado lo que se observa).



  
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lunes, 30 de septiembre de 2013

El valor de lo que compramos...y de lo que vendemos.

Una opción de practicar una vida un poco más sencilla sin convertirnos en ermitaños radicales y bajar nuestro nivel de consumo exacerbado.
¿en dónde está el valor real de las cosas,  y el nuestro?


   Cuando Ana compró sus nuevos zapatos tenis tenía en mente adquirir aquellos que mejor le combinaran con su ropa deportiva, que fueran bonitos, cómodos y que mostraran la buena selección de la marca que había escogido, por supuesto, muy de acuerdo con el estándar de los miembros del lugar que cada lunes, miércoles y viernes, como ella, asisten para realizar sus ejercicios y mantener el tono muscular, la salud y escapar de la criminalidad de los tiempos actuales (obesidad).

    Ana no sabe y muy probablemente no le interese, que los obreros (mujeres, hombres, y frecuentemente, niños) que trabajan en la compañía que fabrica esos zapatos, personas a  a las que nunca conocerá, jamás podrán calzar un par de lo que ellos mismos contribuyen a producir y que ganan sueldos con los que difícilmente subsisten individualmente y menos, su familia, si la tienen.

    Ana tampoco sabe que con su adquisición hace un poco más ricos a los dueños de la compañía fabricante y que éstos harán lo imposible por mantener sus márgenes de ganancia dentro sus expectativas y mejor aún, por encima de ellas. Estos empresarios crearán instituciones filantrópicas en sus países de origen, algo así como para lavar un poquito su consciencia, ganar buena imagen y deducir impuestos (no necesariamente en ese orden), mientras dan mendrugos a los trabajadores de sus plantas, a aquellos que experimentan jornadas laborales extenuantes y repetitivas por pagos que ningún ciudadano del país en el que vive el inversionista aceptaría.

    Viéndolo más de cerca, Ana no necesitaba comprar ese par de zapatillas nuevas, tiene ya cuatro pares en muy buen estado, llevar el mismo para cada sesión no se ve bien, hay que estar a la moda y variar el estilo y el diseño. El valor real de esos zapatos tenis está bastante alejado, muy distante de su costo real, ella no sabe que por ejemplo y entre otros, la publicidad y todo el plan de mercadotecnia de la compañía fabricante está ahí reflejado, este costo adicional, que no añade nada a la calidad de los materiales o a su desempeño o a sus  cualidades, representa una parte importante del precio final al consumidor, pero es fundamental en la llamada creación de marca, ese valor subjetivo que las compañías se empeñan en destacar con grandes porciones del presupuesto y que lleva a justificar el sobreprecio del producto creando una demanda superflua por él. Llevar estos zapatos tenis en los pies hace a uno sentirse “dentro”, llevar unos zapatos para cubrir nuestra necesidad de protección y mejorar nuestros andares, correrías o saltos, haciéndolo todo más cómodo, dejó de ser lo esencial, además de ello es necesario ahora que los zapatos reflejen un estilo, un estatus, una posición en la sociedad y que sólo con utilizarlos, correré más, saltaré como nunca, me convertiré en un súper atleta, estaré en la cúspide deportiva, seré libre y determinado y sabré hacia adónde voy, la marca de los zapatos me refleja y me define (mal define).

    Esto pasa con todos los productos (incluyendo los servicios), en donde los fabricantes colocan cada vez más dinero en los empaques o manera de presentarlos, en algunos casos, el empaque, podría tener un costo similar al producto y más aún, sobrepasarlo, es algo irónico, pero no alejado de la realidad, lo que se vende es la imagen o lo que esto represente para el consumidor. El costo del empaque, con esos colores y diseño tan lindo que nos llama la atención, por supuesto va incluido en el precio que pagamos, nada es gratuito.

    La emulación de la parte de la sociedad menos favorecida o con menos recursos o aquella con recursos pero que quiere gastar menos, es también obsesiva y si no observemos la enorme demanda por objetos de “marca” pero de procedencia imitativa, hechos por fabricantes diferentes a aquellos propietarios de esas “marcas”, esa acción en este país se le llama románticamente con el eufemismo que todo mundo acepta (como muchas otras ideas externas), “piratería” y que no es otra cosa que un robo de propiedad intelectual, y todos aquellos que la llevan a cabo no son piratas, son: ladrones, rateros, cacos, malandros, vividores, malaleche que en su vida se han subido a un navío o ni siquiera  han  visto el mar -actualmente los piratas visibles de verdad son algunos somalíes, orillados por las condiciones tan dramáticas en que viven-. Pero hay un mercado, y mientras la demanda exista, habrá quien la satisfaga, lo mismo que la demanda por drogas o cualquier otro producto o servicio, incluyendo la pornografía infantil, el mercado de órganos o la “trata de blancas”. Todo se transa, todo se comercia, todo alcanza un valor de mercado. Hemos creado o permitido que se cree el supramercado, el que nos domina, todos tenemos nuestro precio ¿no se dice así? todo, todo se transa, se intercambia, se compra y se vende, vendemos nuestra alma al mejor postor que no necesariamente es el diablo.

    Bajo este esquema de consumismo inconsciente y desaforado en el que hoy estamos insertos, encontrar a quién no sea arrastrado por esta marea de consolación, idea falsa para sentirnos menos solos y aislados, es un aliciente esperanzador, un faro en el oleaje. Por ello, el artículo que una persona amiga compartió recientemente en los medios electrónicos, escrito por Luciane Evans, periodista nacida en Belo Horizonte, Minas Gerais, Br., y publicado en el portal de revistas y suplementos del periódico Estado de Minas, nos trae cierta frescura al presentarnos a algunas personas que se alinean fuera de las tendencias del “tener” y llevan el “hacer”, y más importante, el “ser”, a sus vidas cotidianas.

    El artículo lleva por nombre: “Conoce a hombres y mujeres que han optado por una vida más simple”, y en su entradilla dice: “En contra de la sociedad contemporánea, los hombres y las mujeres optan por una vida más sencilla. Aseguran que son más felices. Conozca las historias”. Menciona algunos casos de gente, iniciando con aquella más o menos famosa y luego descendiendo a personas menos conocidas, que sin ser propiamente estoicos , sí incorporan a la práctica de sus vidas ciertos principios de esta corriente filosófica, contribuyendo a simplificar y sintetizar sus ideales de vida dirigiéndola hacia las necesidades reales y a aquellas facetas que son las que importan. Habla, por ejemplo, del presidente de Uruguay, José Alberto Mujica o del líder de la iglesia católica, el argentino  Jorge Mario Bergoglio, mejor conocido como el papa Francisco. Evans nos comenta de rasgos de ambos, el primero viviendo a las afueras de Montevideo, en una casa muy sencilla y sin ninguna servidumbre, conduciendo su volkswagen sedán cuando lo necesita, su guardia personal consta de dos policías vestidos de civil estacionados fuera de su casa en una calle de tierra; el segundo, rompiendo el protocolo de la institución ahora ya de papa, prefiriendo caminar y acercarse a los feligreses en lugar de hacer el trayecto por las calles en el automóvil oficial, como lo dicta la usanza. Días antes de su designación como dirigente máximo de los católicos podía encontrársele viajando en metro y autobús por las calles de Buenos Aires, luego en casa preparándose su propios alimentos, actividades comunes para muchos pero quizá difíciles de encontrar en un cardenal o en el obispo de Roma.

    Siendo ambos figuras públicas, estos comportamientos podrían verse como montajes para ganar las simpatías de sus seguidores o a quienes sirven, pero al parecer y en retrospectiva de sus historias personales, mantienen la congruencia con éstas y transmiten un sentido de verdad natural que se percibe. Para ampliar y por supuesto, hacer mucho más palpable estos escasos comportamientos en nuestro mundo de consumo, Evans, en su publicación, nos presenta una variedad de personas de la vida diaria, comunes y corrientes, como tú o como yo, que han elegido soslayar las tentaciones y apegarse a lo que es necesario, evitando lo superfluo y que no añade valor real a nosotros o a nuestra vida corriente.

    Es probable que una miríada de gente se pregunte ¿y que tiene de especial que una persona viva de esa manera simple y humilde o podría decirse, austera? es de lo más fácil vivir así, para los millones de pobres y los que viven al día es sumamente obvio, con ingresos  reducidos que posibilitan tener para lo básico y a veces ni para eso, pero esto es una trampa, en todo el espectro económico desde tener mucho dinero, ser rico, o tener muy poco, ser pobre, no tiene nada que ver con el concepto de vivir una vida más elemental. Por ejemplo, una persona que tenga  recursos muy reducidos y que de pronto recibe una enorme suma de dinero, por medio de la lotería, una herencia o que le llegue de cualquier forma, lícitamente o ilícitamente, ¿qué es lo primero que hace? va a empezar a gastar ese dinero, va a empezar a comprar, en forma desmedida, todo aquello de lo que se ha privado, porque antes no tenía los medios para ello. Su calidad moral y sus cualidades como persona, positivas y negativas, se proyectarán ahora con el poder que da el tener mucho dinero, dependerá de sus antecedentes y de la firmeza de carácter para no perderse en este nuevo régimen. Es muy posible que cambie de amistades, de casa, de auto, se hará receloso y se sentirá en peligro, quizá piense que habrá muchos que le quieran quitar parte de su nueva riqueza, se preguntará quién realmente se le acerca sin querer aprovecharse de su posición. Esta persona pasará de ser pobre a ser rico, o de tener recursos muy limitados a tenerlos en abundancia, no escatimará en adquirir cientos de artículos superfluos, sus deseos no tienen freno, se deja llevar por un consumismo desmesurado, sus limitaciones anteriores eran de fuera, impuestas por su situación económica y no por elección propia razonada, esa es la respuesta, quizá por ello grandes fortunas recibidas de súbito por alguien pobre (o no tan pobre en el sentido estricto de lo que se entienda), se agotan muy rápidamente.

    Por otro lado, hay ricos o personas en posiciones de privilegio (como los ejemplos de un presidente o de un papa vistos antes) que pueden acceder a recursos, no necesariamente de su propiedad, y que sin embargo, los utilizan discretamente o en otras palabras, disponen de estos recursos con honradez y probidad,  y no sólo eso, sino que cuidan estos valores como propios e igualmente viven de acuerdo a preceptos de íntegra  sobriedad. Llegamos al acuerdo de que no es lo que se tenga o no se tenga en cuanto a riqueza material lo que defina de qué manera reaccionamos ante el consumir lo que es  necesario o hacerlo de forma compulsiva e irracional adquiriendo lo innecesario. Evans nos indica respecto a las personas que buscan una vida menos complicada y más sencilla: “Son guerreros que nadan contra la corriente en una sociedad que valora cada vez más lo superfluo como garantía para ser feliz. "Hoy en día, lo que prevalece es el consumismo exacerbado, pero si hay grupos que buscan la simplicidad es un síntoma del agotamiento de la frenética búsqueda que termina por no llevar ninguna parte", dice el psicólogo, psicoanalista y Ph.D. de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) Roberto Carlos Drawin”.

    Consumir no es algo negativo, consumir mucho más de lo que requerimos, sí. Todo en exceso tarde o temprano nos dañará o dañaremos a alguien, como lo mencionó sabiamente Cervantes ya hace unos 400 años en el Quijote: “...que la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aún de las malas, se estima en algo”, la ley de la oferta y la demanda que tantas veces se ha mal utilizado para para equilibrar mercados artificialmente y evitar pérdidas o viceversa, capitalizar ganancias, visto comúnmente en las especulativas bolsas de valores. La tendencia natural del libre mercado nos orienta hacia consumir más, gastar más, renovar aparatos y utensilios cuando aún están en perfectas condiciones de uso; moda y nueva tecnología, obsolescencia programada, creación de necesidades sintéticas y vanas, son algunos de los conceptos corrientes que nos impulsan hacia el consumismo, entendiéndose éste como lo define el DRAE: “Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios”, mal, entre otros, de nuestro tiempo. No solo consumimos objetos o servicios, también compramos esposas o esposos, compramos amistades, hijos, una familia, hasta presidencias nacionales y voluntades, somos cómplices del consumismo y nos confundimos en él, el consumismo nos crea y nosotros lo recreamos, y lo peor, ni cuenta nos damos.

    Por eso, esta corriente de vivir solo con lo que requiramos realmente, que por cierto ha estado con nosotros desde tiempos muy antiguos, desde su origen, por los pensadores griegos antes de nuestra era común y luego retomada por algunos ilustres romanos como Séneca o Marco Aurelio, podría ayudarnos a mitigar y frenar ese consumismo rampante y tratar de vivir con menos tensión, más sosegadamente. Alejarnos de las decisiones de las oligarquías disfrazadas de democracias (como lo son en la práctica casi todas). Ya lo dice Lou Marinoff en el sugerente título de su libro “Más Platón y menos prozac”, más filosofía práctica y menos soluciones temporales con artificios químicos. Como también lo menciona el Dr. Drawin, en el reportaje de Evans, respecto a esta concepto estoico: “No sólo es en el sentido de no tener bienes materiales, sino que esto no se convierta en una tiranía ",  Drawin matiza: "Esto fue seguido tanto por el emperador como por el esclavo, el hombre sólo alcanza la felicidad si está libre para deshacerse de las dependencias de los bienes materiales”. Cayendo en cuenta que cierto desapego por lo material nos ayuda a desacelerar el ritmo, por ende, a regular el estrés, esto se convierte en una cuestión de sanidad mental que podríamos incorporar a nuestro día a día.

    ¿Cómo medir, en términos económicos, el valor de un ser humano? ¿cuánto cuesta una vida?, aunque definir esto implica deshacernos de toda ética fundamental en aquello que no puede circunscribirse a un mero asunto económico, en la realidad del mundo, todos tenemos un valor dado por la atrocidad del materialismo frío y abyecto, a veces no muy evidente, a veces engañoso y otras, bastante definido. Cuánto tienes, cuánto vales. Y de nuevo: el auto que usas, la ropa que vistes, el lugar en el que vives, el tamaño de tu casa, los restaurantes en donde comes, las cirugías estéticas que llevas, el perfume que te pones, el colegio o la universidad al que asisten tus hijos, los lugares en que vacacionas, y todas aquellas tenencias y posesiones que disfrazan lo que somos en esencia. Es muy posible que el negocio de los secuestros, generalizado en el entramado social (hablando de este país, México), sea una derivación del mismo sistema capitalista consumista que pone precio a todo y a todos, el ser humano sufre una degradación enorme y aquí toma, en su forma más ostensible, el carácter de mercancía, de un producto por el que se puede negociar, la vida de una persona y el trauma entre sus familiares y cercanos, no importa más, parafraseando a José Alfredo Jimenez y su canción “Camino de Guanajuato” en un tono bastante desgarrador y por supuesto, con mariachi: “No vale nada la vida, la vida no vale nada,  comienza siempre llorando y así llorando se acaba, por eso es que en este mundo la vida no vale nada”, quizá anticipaba ya desde los años 50’s cómo,  efectivamente, humanos retrógrados y enfermos, pervertirían la vida a tales extremos generalizados en el mismo corazón del sistema cultural y social del país.

    Cuando observamos cierta luminosidad en cualquier trayecto obscuro, se nos acerca el aliciente de que la razón finalmente pueda triunfar, ello nos provee de brío y de confianza, nos reanima a tener esperanza en nosotros mismos, primero, y luego en todos aquellos que nos rodean, al fin de cuentas y como nos vienen diciendo con su ejemplo todos los místicos y grandes mentes que nos anteceden, somos una sola humanidad y la individualidad es sólo una ilusión. Dominar nuestro ego, simplificar nuestro estilo de vida, aderezarlo con un poco de humildad, sabotear nuestra soberbia, intentar seguir preceptos del estoicismo, incorporarlos a nuestras vidas con alegría y decisión, en este planeta de valores tergiversados, nos ayudaría a acrecentar nuestra sensibilidad, a pensar mejor y percibir con claridad en donde está verdaderamente la riqueza, no importa en dónde te encuentres, de dónde seas, ni la posición socioeconómica (siempre artificial) en  la que crees estar o la religión que profeses.
No es mala idea.


“Esta opción de vida, es muy posible en la gran ciudad, aún y a pesar de que la lucha será mayor ahí, con las tentaciones de consumo y sus intentos seductores tan cerca. La sencillez es a menudo esencia del alma y de actitudes conscientes, y no hay necesidad de ningún radicalismo para llegar a ella”.
Luciane Evans en su articulo.

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Nota.- Para quien desee leer el artículo* completo de Luciane Evans, lo encontrarán en esta dirección: http://www.pragmatismopolitico.com.br/2013/04/homens-e-mulheres-que-optaram-por-uma-vida-simples.html
*Escrito en portugués.

sábado, 24 de agosto de 2013

Carta de Myriam a su tía Sagrario



24 de agosto del 2008

Querida tía Sagrario:

Gracias por el regalo, me llegó un día antes de mi cumple y me gustó mucho, está divino, tú sí sabes lo que me interesa y conoces mis gustos. Ahora que ya he cumplido los 20 me siento muy bien, toda una dama ¿no?

¿Sabes? Te extraño un montón, ojalá puedas venir para Navidad, quiero verte y conversar contigo, yo sé que por teléfono o por el chat lo hacemos pero no es lo mismo.

Aquí en casa todo sigue igual, mis hermanos están insoportables y a veces hacen estupideces para llamar la atención, como la última: amarrar por las patas al Morgan a la tubería de la lavadora, sí tía, ahí en el cuarto de lavado, además le pusieron el bozal así que los ladridos eran apenas unos gemidos lastimeros, lo bueno fue que lo pude escuchar entre sueños y como a las tres de la mañana armé un escándalo. Mi mamá apareció, seguida de Adrián y de Octavio con esa cara de inocentes y de no saber qué pasaba ¡Imbéciles! ¡Qué ocurrentes! Mi mamá al enterarse del asunto los castigó, como siempre, minimizando la acción y casi disfrutando de su tontería. Lo extraño es que papá no acudió al escándalo, le pregunté a mi mamá si dormía o en dónde estaba y me dijo que de viaje de trabajo, más extraño aún, papá jamás se va de viaje sin despedirse de mi.

Después de esto no podía dormir, lo vine haciendo ya casi cuando estaba amaneciendo, me di cuenta porque escuché que llegó papá, oí su voz, muy lejana pero era él. Me dormí profundamente. Lo bueno fue que el día siguiente era sábado y pude dormir hasta muy tarde.

Hace unos días tuve un enfrentamiento con Maru, la muy cretina me llamó puta barata, así como lo oyes, sólo porque ando al mismo tiempo con dos de los mejores partidos de la escuela, lo que sucede es que Maru está celosísima porque le gusta uno de ellos y como no le hace caso, ni modo, es una falsa y ahí la ves tía, todos los domingos en la iglesia comulgando siempre y con su carita de niña buena pero escucha lo que te cuento: hace un par de semanas, todavía de vacaciones, el grupo de chicas que conoces -ya sabes: Maru, Vicky, Karla y yo-,  fuimos a pasar unos días a Cancún, por fin nos dejaron ir a las cuatro solas; Maru fue la más loca, digo, no es que nosotras no nos divirtiéramos pero ella se pasó, se acostó con un tipo diferente cada día, sin falta, y uno de esos días se metió con dos hombres, unos gringos enormes llenos de tatuajes, la verdad bastante atractivos y cueros; no la vi sino hasta el día siguiente, muy entrada la mañana, traía una cara tía, quién sabe que se fumaría o metería, entonces me pregunto ¿quién es la puta barata? No me he encontrado con ella recientemente salvo en la escuela, seguimos en contacto aunque no igual que antes.

No sé qué hacer tía, me gusta Eduardo pero también me gusta Humberto, cada uno tiene lo suyo. Tengo un pacto con cada uno, en la universidad no nos encontramos, si acaso y nos vemos nos saludamos como amigos y ya, les dije que mi papá me tenía prohibido tener novio por el momento y que me tenía que dedicar a los estudios, podía tener amigos e ir a reuniones pero nada más, entonces oficialmente no tengo novio y eso me facilita las cosas, ¿estoy aprendiendo, no? Además lo hombres siempre serán eso, hombres y ya sabemos con qué piensan ellos -ya estoy hablando como tú-. Me la paso bien tía, en general.

Tengo que confesártelo, tuve un agarrón con mamá y ya sabes. No puede entender que yo ya crecí y que tengo mis cosas, me salió con eso de que si me estaba acostando con alguien, que si me cuidaba y tal, ¿Pero que se cree?, cuando inicié mi período nunca estuvo ahí, bueno sí estuvo pero no para ayudarme sino para contarme estupideces técnicas del cuerpo y que los desechos naturales y quién sabe qué cosas de la luna y que no me espantara y en fin, niñerías. Y eso fue casi un año después de que iniciara la menstruación, pero bueno, mi madre siempre ha estado ocupada en sus asuntos. Tú estuviste conmigo tía y me lo hiciste entender de una manera maravillosa ¿te acuerdas?

Pues mi mamá continuaba cuestionándome y me salió con que se había enterado que andaba con dos hombres a la vez, que cómo era posible que anduviera en esos asuntos, una muchacha como yo, que qué iban a decir las amistades, la familia, que no era correcto, que la decencia y todo lo demás y bla, bla, bla…llegó un momento en que ya no pude más, y reventé tía, la miré fijamente a los ojos y le dije: mamá, ¿Y tu novio de la capital? Ese que ves cuando vas de viaje en tus asuntos con la oficina y que a veces él también viene aquí ¿Crees que no lo saben todas esas personas de las que me hablas? ¿Crees que sigue siendo un secreto? Mamá, tienes con él ya más de 4 años o quizá más ¿Piensas que no lo sabía? ¿Quieres que te diga en dónde se encuentran y cuándo? Y sin embargo sigues aquí, en esta casa, con mi papá, que tampoco es un santo ¿Por qué siguen aquí? ¿Por nosotros, tus hijos? ¿Por esas “amistades” y “familia? ¿Por lo que digan? ¿Vas a mentir de nuevo y decir que no es cierto? ¿En qué mundo vives mamá? ¿Cómo te atreves a decirme que no haga lo que tú sí haces? Yo lo admito completamente, es verdad, ando con los dos ¿Tienes algo más qué decirme?

Qué te digo tía que tú no sepas. Mi mamá se quedó muda, con sus ojos llorosos me sostenía la mirada, se retiró a la puerta sin dejar de observarme con cierto asombro, comprendió que lo que me dijera no valía y que yo ya había salido del mundo de la familia feliz del que no hay retorno y de donde el ingenuo termina siendo uno mismo. En cierta forma me dio algo de lástima.
  
  ¡Ay tía! Todo se sabe o se llega a saber, tengo tantas cosas que contarte. Ahora también sé de qué se tratan esas salidas repentinas de mi papá, cada quién consiguiendo lo que no tiene en casa ¿No es eso vivir en un engaño permanente? ¿Un mundo de mentiras? Qué asco. Te prometo que pronto voy a decidir con quién me quedo, con Eduardo o con Humberto o quizá con ninguno, la verdad y aunque ambos son bien parecidos y de familias importantes no dejan de ser algo aburridos cuando la diversión se termina, como que no saben qué hacer cuando no tienen qué hacer ¿Si me entiendes?, ya no sé qué pensar.

Tía Sagrario, te envío mi cariño y muchos besos, te quiero mucho…

Myriam

viernes, 23 de agosto de 2013

Breve historia de amor


    Se enamoraron casi al mismo tiempo, quizá a Jacinto le tomó un par de semanas más, en su tercer encuentro ya estaba decidido, vivirían juntos y unirían sus vidas.
    Guadalupe se afanaba en casa, cocinaba deliciosamente, desde muy temprano en su vida se la pasaba junto a su madre a quien le tenía un gran cariño y devoción. Con sus hermanas la relación siempre fue cordial e íntima, se sabían todos los secretos y devaneos adolescentes, se intercambiaban la ropa y las confidencias.
    Jacinto, de padre despótico y tirano y de madre ausente y sumergida en los rezos, no tuvo hermanos –de los que él se enterara-, varonil y apuesto, el odio por su padre fue naturalmente fomentado, se las apañó como pudo para irse de casa de inmediato terminó sus estudios profesionales, jamás volvió a saber de sus padres.
    Guadalupe no podía tener hijos, pensaban tener uno tarde o temprano, tema de la adopción que ya se habían planteado.
    Jacinto terminó de desayunarse, medio vaso de leche deslactosada, dos huevos tibios de dos minutos y medio y una pieza de pan de caja untado con mantequilla.
    Ya por salir, despidiéndose, Jacinto le dio un apasionado beso a Guadalupe; en ese intercambio de calor y fluidos ambos recrearon, por un instante, las recientes escenas de amor matinal, muy temprano, después del sonido de las campanillas del despertador de Mickey Mouse a un lado de la cama, qué dicha, esperarían que durara por siempre.
    Al cerrar la puerta, Guadalupe se quedó pensando en lo de ayer, cuando fue al súpermercado y en el estacionamiento, desde el otro extremo, alguien en un auto en marcha le gritó por su hipocorístico, el de la infancia y parte de su adolescencia, quizá un conocido del barrio en donde creció, nombre que ya había olvidado y que por cierto, odiaba. El sonido retumbaba en su cerebro: ¡Lupillooo!