lunes, 30 de septiembre de 2013

El valor de lo que compramos...y de lo que vendemos.

Una opción de practicar una vida un poco más sencilla sin convertirnos en ermitaños radicales y bajar nuestro nivel de consumo exacerbado.
¿en dónde está el valor real de las cosas,  y el nuestro?


   Cuando Ana compró sus nuevos zapatos tenis tenía en mente adquirir aquellos que mejor le combinaran con su ropa deportiva, que fueran bonitos, cómodos y que mostraran la buena selección de la marca que había escogido, por supuesto, muy de acuerdo con el estándar de los miembros del lugar que cada lunes, miércoles y viernes, como ella, asisten para realizar sus ejercicios y mantener el tono muscular, la salud y escapar de la criminalidad de los tiempos actuales (obesidad).

    Ana no sabe y muy probablemente no le interese, que los obreros (mujeres, hombres, y frecuentemente, niños) que trabajan en la compañía que fabrica esos zapatos, personas a  a las que nunca conocerá, jamás podrán calzar un par de lo que ellos mismos contribuyen a producir y que ganan sueldos con los que difícilmente subsisten individualmente y menos, su familia, si la tienen.

    Ana tampoco sabe que con su adquisición hace un poco más ricos a los dueños de la compañía fabricante y que éstos harán lo imposible por mantener sus márgenes de ganancia dentro sus expectativas y mejor aún, por encima de ellas. Estos empresarios crearán instituciones filantrópicas en sus países de origen, algo así como para lavar un poquito su consciencia, ganar buena imagen y deducir impuestos (no necesariamente en ese orden), mientras dan mendrugos a los trabajadores de sus plantas, a aquellos que experimentan jornadas laborales extenuantes y repetitivas por pagos que ningún ciudadano del país en el que vive el inversionista aceptaría.

    Viéndolo más de cerca, Ana no necesitaba comprar ese par de zapatillas nuevas, tiene ya cuatro pares en muy buen estado, llevar el mismo para cada sesión no se ve bien, hay que estar a la moda y variar el estilo y el diseño. El valor real de esos zapatos tenis está bastante alejado, muy distante de su costo real, ella no sabe que por ejemplo y entre otros, la publicidad y todo el plan de mercadotecnia de la compañía fabricante está ahí reflejado, este costo adicional, que no añade nada a la calidad de los materiales o a su desempeño o a sus  cualidades, representa una parte importante del precio final al consumidor, pero es fundamental en la llamada creación de marca, ese valor subjetivo que las compañías se empeñan en destacar con grandes porciones del presupuesto y que lleva a justificar el sobreprecio del producto creando una demanda superflua por él. Llevar estos zapatos tenis en los pies hace a uno sentirse “dentro”, llevar unos zapatos para cubrir nuestra necesidad de protección y mejorar nuestros andares, correrías o saltos, haciéndolo todo más cómodo, dejó de ser lo esencial, además de ello es necesario ahora que los zapatos reflejen un estilo, un estatus, una posición en la sociedad y que sólo con utilizarlos, correré más, saltaré como nunca, me convertiré en un súper atleta, estaré en la cúspide deportiva, seré libre y determinado y sabré hacia adónde voy, la marca de los zapatos me refleja y me define (mal define).

    Esto pasa con todos los productos (incluyendo los servicios), en donde los fabricantes colocan cada vez más dinero en los empaques o manera de presentarlos, en algunos casos, el empaque, podría tener un costo similar al producto y más aún, sobrepasarlo, es algo irónico, pero no alejado de la realidad, lo que se vende es la imagen o lo que esto represente para el consumidor. El costo del empaque, con esos colores y diseño tan lindo que nos llama la atención, por supuesto va incluido en el precio que pagamos, nada es gratuito.

    La emulación de la parte de la sociedad menos favorecida o con menos recursos o aquella con recursos pero que quiere gastar menos, es también obsesiva y si no observemos la enorme demanda por objetos de “marca” pero de procedencia imitativa, hechos por fabricantes diferentes a aquellos propietarios de esas “marcas”, esa acción en este país se le llama románticamente con el eufemismo que todo mundo acepta (como muchas otras ideas externas), “piratería” y que no es otra cosa que un robo de propiedad intelectual, y todos aquellos que la llevan a cabo no son piratas, son: ladrones, rateros, cacos, malandros, vividores, malaleche que en su vida se han subido a un navío o ni siquiera  han  visto el mar -actualmente los piratas visibles de verdad son algunos somalíes, orillados por las condiciones tan dramáticas en que viven-. Pero hay un mercado, y mientras la demanda exista, habrá quien la satisfaga, lo mismo que la demanda por drogas o cualquier otro producto o servicio, incluyendo la pornografía infantil, el mercado de órganos o la “trata de blancas”. Todo se transa, todo se comercia, todo alcanza un valor de mercado. Hemos creado o permitido que se cree el supramercado, el que nos domina, todos tenemos nuestro precio ¿no se dice así? todo, todo se transa, se intercambia, se compra y se vende, vendemos nuestra alma al mejor postor que no necesariamente es el diablo.

    Bajo este esquema de consumismo inconsciente y desaforado en el que hoy estamos insertos, encontrar a quién no sea arrastrado por esta marea de consolación, idea falsa para sentirnos menos solos y aislados, es un aliciente esperanzador, un faro en el oleaje. Por ello, el artículo que una persona amiga compartió recientemente en los medios electrónicos, escrito por Luciane Evans, periodista nacida en Belo Horizonte, Minas Gerais, Br., y publicado en el portal de revistas y suplementos del periódico Estado de Minas, nos trae cierta frescura al presentarnos a algunas personas que se alinean fuera de las tendencias del “tener” y llevan el “hacer”, y más importante, el “ser”, a sus vidas cotidianas.

    El artículo lleva por nombre: “Conoce a hombres y mujeres que han optado por una vida más simple”, y en su entradilla dice: “En contra de la sociedad contemporánea, los hombres y las mujeres optan por una vida más sencilla. Aseguran que son más felices. Conozca las historias”. Menciona algunos casos de gente, iniciando con aquella más o menos famosa y luego descendiendo a personas menos conocidas, que sin ser propiamente estoicos , sí incorporan a la práctica de sus vidas ciertos principios de esta corriente filosófica, contribuyendo a simplificar y sintetizar sus ideales de vida dirigiéndola hacia las necesidades reales y a aquellas facetas que son las que importan. Habla, por ejemplo, del presidente de Uruguay, José Alberto Mujica o del líder de la iglesia católica, el argentino  Jorge Mario Bergoglio, mejor conocido como el papa Francisco. Evans nos comenta de rasgos de ambos, el primero viviendo a las afueras de Montevideo, en una casa muy sencilla y sin ninguna servidumbre, conduciendo su volkswagen sedán cuando lo necesita, su guardia personal consta de dos policías vestidos de civil estacionados fuera de su casa en una calle de tierra; el segundo, rompiendo el protocolo de la institución ahora ya de papa, prefiriendo caminar y acercarse a los feligreses en lugar de hacer el trayecto por las calles en el automóvil oficial, como lo dicta la usanza. Días antes de su designación como dirigente máximo de los católicos podía encontrársele viajando en metro y autobús por las calles de Buenos Aires, luego en casa preparándose su propios alimentos, actividades comunes para muchos pero quizá difíciles de encontrar en un cardenal o en el obispo de Roma.

    Siendo ambos figuras públicas, estos comportamientos podrían verse como montajes para ganar las simpatías de sus seguidores o a quienes sirven, pero al parecer y en retrospectiva de sus historias personales, mantienen la congruencia con éstas y transmiten un sentido de verdad natural que se percibe. Para ampliar y por supuesto, hacer mucho más palpable estos escasos comportamientos en nuestro mundo de consumo, Evans, en su publicación, nos presenta una variedad de personas de la vida diaria, comunes y corrientes, como tú o como yo, que han elegido soslayar las tentaciones y apegarse a lo que es necesario, evitando lo superfluo y que no añade valor real a nosotros o a nuestra vida corriente.

    Es probable que una miríada de gente se pregunte ¿y que tiene de especial que una persona viva de esa manera simple y humilde o podría decirse, austera? es de lo más fácil vivir así, para los millones de pobres y los que viven al día es sumamente obvio, con ingresos  reducidos que posibilitan tener para lo básico y a veces ni para eso, pero esto es una trampa, en todo el espectro económico desde tener mucho dinero, ser rico, o tener muy poco, ser pobre, no tiene nada que ver con el concepto de vivir una vida más elemental. Por ejemplo, una persona que tenga  recursos muy reducidos y que de pronto recibe una enorme suma de dinero, por medio de la lotería, una herencia o que le llegue de cualquier forma, lícitamente o ilícitamente, ¿qué es lo primero que hace? va a empezar a gastar ese dinero, va a empezar a comprar, en forma desmedida, todo aquello de lo que se ha privado, porque antes no tenía los medios para ello. Su calidad moral y sus cualidades como persona, positivas y negativas, se proyectarán ahora con el poder que da el tener mucho dinero, dependerá de sus antecedentes y de la firmeza de carácter para no perderse en este nuevo régimen. Es muy posible que cambie de amistades, de casa, de auto, se hará receloso y se sentirá en peligro, quizá piense que habrá muchos que le quieran quitar parte de su nueva riqueza, se preguntará quién realmente se le acerca sin querer aprovecharse de su posición. Esta persona pasará de ser pobre a ser rico, o de tener recursos muy limitados a tenerlos en abundancia, no escatimará en adquirir cientos de artículos superfluos, sus deseos no tienen freno, se deja llevar por un consumismo desmesurado, sus limitaciones anteriores eran de fuera, impuestas por su situación económica y no por elección propia razonada, esa es la respuesta, quizá por ello grandes fortunas recibidas de súbito por alguien pobre (o no tan pobre en el sentido estricto de lo que se entienda), se agotan muy rápidamente.

    Por otro lado, hay ricos o personas en posiciones de privilegio (como los ejemplos de un presidente o de un papa vistos antes) que pueden acceder a recursos, no necesariamente de su propiedad, y que sin embargo, los utilizan discretamente o en otras palabras, disponen de estos recursos con honradez y probidad,  y no sólo eso, sino que cuidan estos valores como propios e igualmente viven de acuerdo a preceptos de íntegra  sobriedad. Llegamos al acuerdo de que no es lo que se tenga o no se tenga en cuanto a riqueza material lo que defina de qué manera reaccionamos ante el consumir lo que es  necesario o hacerlo de forma compulsiva e irracional adquiriendo lo innecesario. Evans nos indica respecto a las personas que buscan una vida menos complicada y más sencilla: “Son guerreros que nadan contra la corriente en una sociedad que valora cada vez más lo superfluo como garantía para ser feliz. "Hoy en día, lo que prevalece es el consumismo exacerbado, pero si hay grupos que buscan la simplicidad es un síntoma del agotamiento de la frenética búsqueda que termina por no llevar ninguna parte", dice el psicólogo, psicoanalista y Ph.D. de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) Roberto Carlos Drawin”.

    Consumir no es algo negativo, consumir mucho más de lo que requerimos, sí. Todo en exceso tarde o temprano nos dañará o dañaremos a alguien, como lo mencionó sabiamente Cervantes ya hace unos 400 años en el Quijote: “...que la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aún de las malas, se estima en algo”, la ley de la oferta y la demanda que tantas veces se ha mal utilizado para para equilibrar mercados artificialmente y evitar pérdidas o viceversa, capitalizar ganancias, visto comúnmente en las especulativas bolsas de valores. La tendencia natural del libre mercado nos orienta hacia consumir más, gastar más, renovar aparatos y utensilios cuando aún están en perfectas condiciones de uso; moda y nueva tecnología, obsolescencia programada, creación de necesidades sintéticas y vanas, son algunos de los conceptos corrientes que nos impulsan hacia el consumismo, entendiéndose éste como lo define el DRAE: “Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios”, mal, entre otros, de nuestro tiempo. No solo consumimos objetos o servicios, también compramos esposas o esposos, compramos amistades, hijos, una familia, hasta presidencias nacionales y voluntades, somos cómplices del consumismo y nos confundimos en él, el consumismo nos crea y nosotros lo recreamos, y lo peor, ni cuenta nos damos.

    Por eso, esta corriente de vivir solo con lo que requiramos realmente, que por cierto ha estado con nosotros desde tiempos muy antiguos, desde su origen, por los pensadores griegos antes de nuestra era común y luego retomada por algunos ilustres romanos como Séneca o Marco Aurelio, podría ayudarnos a mitigar y frenar ese consumismo rampante y tratar de vivir con menos tensión, más sosegadamente. Alejarnos de las decisiones de las oligarquías disfrazadas de democracias (como lo son en la práctica casi todas). Ya lo dice Lou Marinoff en el sugerente título de su libro “Más Platón y menos prozac”, más filosofía práctica y menos soluciones temporales con artificios químicos. Como también lo menciona el Dr. Drawin, en el reportaje de Evans, respecto a esta concepto estoico: “No sólo es en el sentido de no tener bienes materiales, sino que esto no se convierta en una tiranía ",  Drawin matiza: "Esto fue seguido tanto por el emperador como por el esclavo, el hombre sólo alcanza la felicidad si está libre para deshacerse de las dependencias de los bienes materiales”. Cayendo en cuenta que cierto desapego por lo material nos ayuda a desacelerar el ritmo, por ende, a regular el estrés, esto se convierte en una cuestión de sanidad mental que podríamos incorporar a nuestro día a día.

    ¿Cómo medir, en términos económicos, el valor de un ser humano? ¿cuánto cuesta una vida?, aunque definir esto implica deshacernos de toda ética fundamental en aquello que no puede circunscribirse a un mero asunto económico, en la realidad del mundo, todos tenemos un valor dado por la atrocidad del materialismo frío y abyecto, a veces no muy evidente, a veces engañoso y otras, bastante definido. Cuánto tienes, cuánto vales. Y de nuevo: el auto que usas, la ropa que vistes, el lugar en el que vives, el tamaño de tu casa, los restaurantes en donde comes, las cirugías estéticas que llevas, el perfume que te pones, el colegio o la universidad al que asisten tus hijos, los lugares en que vacacionas, y todas aquellas tenencias y posesiones que disfrazan lo que somos en esencia. Es muy posible que el negocio de los secuestros, generalizado en el entramado social (hablando de este país, México), sea una derivación del mismo sistema capitalista consumista que pone precio a todo y a todos, el ser humano sufre una degradación enorme y aquí toma, en su forma más ostensible, el carácter de mercancía, de un producto por el que se puede negociar, la vida de una persona y el trauma entre sus familiares y cercanos, no importa más, parafraseando a José Alfredo Jimenez y su canción “Camino de Guanajuato” en un tono bastante desgarrador y por supuesto, con mariachi: “No vale nada la vida, la vida no vale nada,  comienza siempre llorando y así llorando se acaba, por eso es que en este mundo la vida no vale nada”, quizá anticipaba ya desde los años 50’s cómo,  efectivamente, humanos retrógrados y enfermos, pervertirían la vida a tales extremos generalizados en el mismo corazón del sistema cultural y social del país.

    Cuando observamos cierta luminosidad en cualquier trayecto obscuro, se nos acerca el aliciente de que la razón finalmente pueda triunfar, ello nos provee de brío y de confianza, nos reanima a tener esperanza en nosotros mismos, primero, y luego en todos aquellos que nos rodean, al fin de cuentas y como nos vienen diciendo con su ejemplo todos los místicos y grandes mentes que nos anteceden, somos una sola humanidad y la individualidad es sólo una ilusión. Dominar nuestro ego, simplificar nuestro estilo de vida, aderezarlo con un poco de humildad, sabotear nuestra soberbia, intentar seguir preceptos del estoicismo, incorporarlos a nuestras vidas con alegría y decisión, en este planeta de valores tergiversados, nos ayudaría a acrecentar nuestra sensibilidad, a pensar mejor y percibir con claridad en donde está verdaderamente la riqueza, no importa en dónde te encuentres, de dónde seas, ni la posición socioeconómica (siempre artificial) en  la que crees estar o la religión que profeses.
No es mala idea.


“Esta opción de vida, es muy posible en la gran ciudad, aún y a pesar de que la lucha será mayor ahí, con las tentaciones de consumo y sus intentos seductores tan cerca. La sencillez es a menudo esencia del alma y de actitudes conscientes, y no hay necesidad de ningún radicalismo para llegar a ella”.
Luciane Evans en su articulo.

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Nota.- Para quien desee leer el artículo* completo de Luciane Evans, lo encontrarán en esta dirección: http://www.pragmatismopolitico.com.br/2013/04/homens-e-mulheres-que-optaram-por-uma-vida-simples.html
*Escrito en portugués.

sábado, 24 de agosto de 2013

Carta de Myriam a su tía Sagrario



24 de agosto del 2008

Querida tía Sagrario:

Gracias por el regalo, me llegó un día antes de mi cumple y me gustó mucho, está divino, tú sí sabes lo que me interesa y conoces mis gustos. Ahora que ya he cumplido los 20 me siento muy bien, toda una dama ¿no?

¿Sabes? Te extraño un montón, ojalá puedas venir para Navidad, quiero verte y conversar contigo, yo sé que por teléfono o por el chat lo hacemos pero no es lo mismo.

Aquí en casa todo sigue igual, mis hermanos están insoportables y a veces hacen estupideces para llamar la atención, como la última: amarrar por las patas al Morgan a la tubería de la lavadora, sí tía, ahí en el cuarto de lavado, además le pusieron el bozal así que los ladridos eran apenas unos gemidos lastimeros, lo bueno fue que lo pude escuchar entre sueños y como a las tres de la mañana armé un escándalo. Mi mamá apareció, seguida de Adrián y de Octavio con esa cara de inocentes y de no saber qué pasaba ¡Imbéciles! ¡Qué ocurrentes! Mi mamá al enterarse del asunto los castigó, como siempre, minimizando la acción y casi disfrutando de su tontería. Lo extraño es que papá no acudió al escándalo, le pregunté a mi mamá si dormía o en dónde estaba y me dijo que de viaje de trabajo, más extraño aún, papá jamás se va de viaje sin despedirse de mi.

Después de esto no podía dormir, lo vine haciendo ya casi cuando estaba amaneciendo, me di cuenta porque escuché que llegó papá, oí su voz, muy lejana pero era él. Me dormí profundamente. Lo bueno fue que el día siguiente era sábado y pude dormir hasta muy tarde.

Hace unos días tuve un enfrentamiento con Maru, la muy cretina me llamó puta barata, así como lo oyes, sólo porque ando al mismo tiempo con dos de los mejores partidos de la escuela, lo que sucede es que Maru está celosísima porque le gusta uno de ellos y como no le hace caso, ni modo, es una falsa y ahí la ves tía, todos los domingos en la iglesia comulgando siempre y con su carita de niña buena pero escucha lo que te cuento: hace un par de semanas, todavía de vacaciones, el grupo de chicas que conoces -ya sabes: Maru, Vicky, Karla y yo-,  fuimos a pasar unos días a Cancún, por fin nos dejaron ir a las cuatro solas; Maru fue la más loca, digo, no es que nosotras no nos divirtiéramos pero ella se pasó, se acostó con un tipo diferente cada día, sin falta, y uno de esos días se metió con dos hombres, unos gringos enormes llenos de tatuajes, la verdad bastante atractivos y cueros; no la vi sino hasta el día siguiente, muy entrada la mañana, traía una cara tía, quién sabe que se fumaría o metería, entonces me pregunto ¿quién es la puta barata? No me he encontrado con ella recientemente salvo en la escuela, seguimos en contacto aunque no igual que antes.

No sé qué hacer tía, me gusta Eduardo pero también me gusta Humberto, cada uno tiene lo suyo. Tengo un pacto con cada uno, en la universidad no nos encontramos, si acaso y nos vemos nos saludamos como amigos y ya, les dije que mi papá me tenía prohibido tener novio por el momento y que me tenía que dedicar a los estudios, podía tener amigos e ir a reuniones pero nada más, entonces oficialmente no tengo novio y eso me facilita las cosas, ¿estoy aprendiendo, no? Además lo hombres siempre serán eso, hombres y ya sabemos con qué piensan ellos -ya estoy hablando como tú-. Me la paso bien tía, en general.

Tengo que confesártelo, tuve un agarrón con mamá y ya sabes. No puede entender que yo ya crecí y que tengo mis cosas, me salió con eso de que si me estaba acostando con alguien, que si me cuidaba y tal, ¿Pero que se cree?, cuando inicié mi período nunca estuvo ahí, bueno sí estuvo pero no para ayudarme sino para contarme estupideces técnicas del cuerpo y que los desechos naturales y quién sabe qué cosas de la luna y que no me espantara y en fin, niñerías. Y eso fue casi un año después de que iniciara la menstruación, pero bueno, mi madre siempre ha estado ocupada en sus asuntos. Tú estuviste conmigo tía y me lo hiciste entender de una manera maravillosa ¿te acuerdas?

Pues mi mamá continuaba cuestionándome y me salió con que se había enterado que andaba con dos hombres a la vez, que cómo era posible que anduviera en esos asuntos, una muchacha como yo, que qué iban a decir las amistades, la familia, que no era correcto, que la decencia y todo lo demás y bla, bla, bla…llegó un momento en que ya no pude más, y reventé tía, la miré fijamente a los ojos y le dije: mamá, ¿Y tu novio de la capital? Ese que ves cuando vas de viaje en tus asuntos con la oficina y que a veces él también viene aquí ¿Crees que no lo saben todas esas personas de las que me hablas? ¿Crees que sigue siendo un secreto? Mamá, tienes con él ya más de 4 años o quizá más ¿Piensas que no lo sabía? ¿Quieres que te diga en dónde se encuentran y cuándo? Y sin embargo sigues aquí, en esta casa, con mi papá, que tampoco es un santo ¿Por qué siguen aquí? ¿Por nosotros, tus hijos? ¿Por esas “amistades” y “familia? ¿Por lo que digan? ¿Vas a mentir de nuevo y decir que no es cierto? ¿En qué mundo vives mamá? ¿Cómo te atreves a decirme que no haga lo que tú sí haces? Yo lo admito completamente, es verdad, ando con los dos ¿Tienes algo más qué decirme?

Qué te digo tía que tú no sepas. Mi mamá se quedó muda, con sus ojos llorosos me sostenía la mirada, se retiró a la puerta sin dejar de observarme con cierto asombro, comprendió que lo que me dijera no valía y que yo ya había salido del mundo de la familia feliz del que no hay retorno y de donde el ingenuo termina siendo uno mismo. En cierta forma me dio algo de lástima.
  
  ¡Ay tía! Todo se sabe o se llega a saber, tengo tantas cosas que contarte. Ahora también sé de qué se tratan esas salidas repentinas de mi papá, cada quién consiguiendo lo que no tiene en casa ¿No es eso vivir en un engaño permanente? ¿Un mundo de mentiras? Qué asco. Te prometo que pronto voy a decidir con quién me quedo, con Eduardo o con Humberto o quizá con ninguno, la verdad y aunque ambos son bien parecidos y de familias importantes no dejan de ser algo aburridos cuando la diversión se termina, como que no saben qué hacer cuando no tienen qué hacer ¿Si me entiendes?, ya no sé qué pensar.

Tía Sagrario, te envío mi cariño y muchos besos, te quiero mucho…

Myriam

viernes, 23 de agosto de 2013

Breve historia de amor


    Se enamoraron casi al mismo tiempo, quizá a Jacinto le tomó un par de semanas más, en su tercer encuentro ya estaba decidido, vivirían juntos y unirían sus vidas.
    Guadalupe se afanaba en casa, cocinaba deliciosamente, desde muy temprano en su vida se la pasaba junto a su madre a quien le tenía un gran cariño y devoción. Con sus hermanas la relación siempre fue cordial e íntima, se sabían todos los secretos y devaneos adolescentes, se intercambiaban la ropa y las confidencias.
    Jacinto, de padre despótico y tirano y de madre ausente y sumergida en los rezos, no tuvo hermanos –de los que él se enterara-, varonil y apuesto, el odio por su padre fue naturalmente fomentado, se las apañó como pudo para irse de casa de inmediato terminó sus estudios profesionales, jamás volvió a saber de sus padres.
    Guadalupe no podía tener hijos, pensaban tener uno tarde o temprano, tema de la adopción que ya se habían planteado.
    Jacinto terminó de desayunarse, medio vaso de leche deslactosada, dos huevos tibios de dos minutos y medio y una pieza de pan de caja untado con mantequilla.
    Ya por salir, despidiéndose, Jacinto le dio un apasionado beso a Guadalupe; en ese intercambio de calor y fluidos ambos recrearon, por un instante, las recientes escenas de amor matinal, muy temprano, después del sonido de las campanillas del despertador de Mickey Mouse a un lado de la cama, qué dicha, esperarían que durara por siempre.
    Al cerrar la puerta, Guadalupe se quedó pensando en lo de ayer, cuando fue al súpermercado y en el estacionamiento, desde el otro extremo, alguien en un auto en marcha le gritó por su hipocorístico, el de la infancia y parte de su adolescencia, quizá un conocido del barrio en donde creció, nombre que ya había olvidado y que por cierto, odiaba. El sonido retumbaba en su cerebro: ¡Lupillooo!

miércoles, 7 de agosto de 2013

Nepotismo

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Tendemos a pensar que el favorecer a amigos o parientes por aquellas personas en posiciones de poder o de influencia, en mayor o menor grado, y para obtener beneficios económicos y de otra índole se da sólo en los ambientes políticos (incluyendo los partidos) y de la burocracia gobernante, esto es, en el ámbito del erario público. Pero no es así a pesar de que el concepto lo recoja de esa manera el DRAE.

Quizá el caso más claro sea la sucesión de las antiguas  monarquías, en donde la siguiente generación estaba determinada por la herencia de sangre y el vínculo familiar sin importar las reales capacidades para dirigir el reino o como ha sucedido en este país, en donde círculos muy definidos son los que acceden a las cotas de poder público, nepotismo en escala mayor o los avances de la revolución para una familia más extendida.

Este favoritismo se extiende a la vida empresarial en todas sus variantes, ¿y quién será capaz de cuidar en mejor forma los intereses de un grupo si no es el hijo, hermano, sobrino e inclusive el yerno del patrón-dueño? Aquí nacen los llamados cacicazgos y que no son privativos de una región o área, grupos industriales y empresas, pequeñas y grandes de toda clase se han conformado así. Es una forma de preservar los esfuerzos de los iniciadores del negocio, es la continuación del patrimonio que se ha generado y su posible expansión aunque también va implícito el grado de responsabilidad sobre todas aquellas personas que dependen de esa empresa y que ahí trabajan y del impacto de la zona en que opera. A veces, esos continuadores no son los más aptos para ya no expander sino mantener el ritmo y el negocio sano. He aquí el nepotismo que se vuelve en contra, en sí, el favorecer a miembros directos de la familia no es bueno o malo, el problema se refleja cuando sólo ese factor es el que se toma en cuenta y los méritos o capacidades de la persona favorecida son sesgados por la relación cercana y por el hecho de ser “familia”.

El nepotismo en la esfera privada, llámese empresarial de posiciones estratégicas y de dirección, es visto hasta cierta forma “natural”, como el legado que se traspasa justamente entre sus dirigentes, generalmente familia directa. Pero en un mundo donde el capitalismo, puro, impuro y compuesto, se nos antoja muy cercano, las implicaciones de estos traspasos de posiciones “favorecidos” no sólo implican capitales propios con sus dueños plena y justamente identificados, pensemos generados con honradez, sino que adherido a ellos se encuentra el organismo que vive junto a otros organismos y que configura una serie de interacciones que hace que todo encaje y se mueva, la empresa, sin importar su tamaño o alcance. ¿Podrán los escogidos por sólo esta vía  genética con el reto?  o ¿será que incorporar a un desconocido pero con cualidades y experiencia probadas en las decisiones y manejo brinde una solución más inteligente? ¿no son las monarquías parlamentarias contemporáneas con sus primeros ministros modelos de ello?

Como sea, las acciones de nepotismo por el lado “privado” no tienen la misma percepción que en los terrenos políticos y públicos, que viven de lo que el gobierno recauda en impuestos y servicios o en otras palabras, de los dineros de los ciudadanos. El peso del “amiguismo” y “compadrismo”, parientes cercanos del nepotismo como tal, está incrustado culturalmente en la vida nacional de una manera grosera y poco ética, todos aquellos que se lavan las manos y que fuera de este círculo intentan dar una cara de empresa privada no son sino cómplices de esta espiral de dinero fácil y de contactos de conveniencia, porque los contratos no se ganan por mérito o por los conocimientos y habilidad para desarrollar el proyecto o la obra, ni por los precios razonables en el mercado o por la probada capacidad en la profesión, los montajes de los llamados concursos son una careta para cubrir decisiones muchas veces ya tomada tras bambalinas, de manera política, para favorecer a un grupo en detrimento de otro, intentando quedar bien con Dios y con el Diablo a un mismo tiempo, pero olvidándose del objetivo fundamental que es el beneficio del ciudadano común o de la empresa pública. De esta manera, el gobierno entrega y la ciudadanía recibe, obras “para salir del paso”, en muchas ocasiones encarecidas con precios fuera de mercado, en otras con materiales que no cumplen con las normas mínimas de uso y duración o lo que es peor, defectuosos o de calidad muy inferior a lo requerido. La cuenta se “engorda” de maneras variadas para la repartición entre los participantes, al final de cuentas aquello que tiene un valor de mercado justo de $5.00 se cobra (y se paga de común acuerdo) a $8.00, el diferencial es la “comisión”, para unos y para otros, ¿y quién paga la obra y las “comisiones”? Pero hay, como el cuento árabe, mil y una maneras de hacerse de beneficios monetarios y ordeñar el presupuesto, la astucia, esa cualidad sobrevalorada en este país, lo hace posible. ¿Y quién está a un lado para hacer “el negocio”? ¿En quién puedo confiar para que sea mi cómplice? Y ahí está mi compadre, mi hermano, mi sobrino, mi cuate de correrías, mi cónyuge, mi prima, etc., etc. Los aspectos públicos y privados se entrelazan, uno no funciona sin el otro, la corrupción no tiene un bando particular, el problema es que del lado público, el dinero envuelto se maneja como propio, indiscriminadamente, y si no existe, de hecho, una justa distribución de la riqueza en este país, estos acopios (¿robos?) hechos en todos los niveles de gobierno (hablamos de muchos y unos muy gordos), lo ahondan aún más, así, no hay presupuesto que aguante.    

Y esto tiene que ver con valores hace tiempo minimizados y vistos como algo del pasado, elementos que se piensa no tienen cabida en este mundo actual basado en la capacidad del valor de intercambio de todo lo que nos rodea, incluyendo al individuo, esto es, a nosotros mismos. La rectitud en el obrar, la ética profesional, la honradez y la dignidad son sustituidas por sus contrapartes y la simulación, la construcción de imágenes falsas pero atractivas en los medios es cosa común. La realidad es distorsionada y se enmascara. En un artículo muy interesante de Javier Marías publicado el 14 de Julio del 2013 en “El País Semanal”, titulado: “La excelencia de la purria”, aborda el tema de estos valores que en varios personajes públicos de su país están totalmente ausentes, nos ilustra el nepotismo descarado y rampante en sus acciones, por ejemplo, Marías comenta: “Desde los tiempos del hermano de Alfonso Guerra hasta hoy, la tendencia de nuestros políticos ha sido la opuesta: colocan a sus cónyuges, a sus vástagos y a la parentela al completo. Privatizan empresas públicas y se las entregan a sus compañeros de colegio, cuando no a sí mismos mediante la “puerta giratoria”: quien fue consejero de Sanidad y privatizó hospitales pasa, al cabo de un ridículo lapso de tiempo que la ley exige, a tener un importante cargo en la empresa que los explota ahora. Sólo siete años después de ser nadie en política, la mujer de Aznar ya fue alcaldesa de Madrid (no elegida como tal por los votantes). Un tal Baltar, cacique gallego, ha colocado a decenas de personas con las que tenía parentesco o amistad y ha dejado de delfín a su hijo, como Pujol casi al suyo. La familia de Carlos Fabra lleva generaciones repartiéndose o pasándose cargos, no es raro que su hija Andrea les gritara “¡Que se jodan!” a los parados, en el mismísimo Parlamento. Y así hasta la náusea.”  Sólo basta cambiar los nombres y tenemos el mismo proceder de este lado, en México, la escasa o nula integridad de las gentes en posiciones de poder es común, por lo que se puede observar. Igual pasa en otros países, bastaría recordar el no muy lejano caso de nepotismo ilustrado de los Bush visible en todos los rincones del orbe u otro con consecuencias e historia muy diferentes, el de los Kennedy. Qué decir de la Roma antigua, primero república y luego imperio y en ambas gestiones una escuela de nepotismo más que evidente.

Alguien escribió alguna vez algo como esto: “los bandoleros y criminales de hoy son los hombres probos e importantes de mañana”, hablando de la creación de grandes fortunas y que como premisa y ya más del dominio público se dice: “detrás de una gran fortuna hay un crimen”. Esto por supuesto parece dicho por alguien que no ha hecho fortuna y a modo quizá de venganza lance estas diatribas pero no deja de tener cierta verdad en la vida real y cuando profundizamos en eventos históricos, en fuentes comprobables y fiables, notamos que sí existen hombres (o mujeres) que han amasado gran riqueza en muy corto tiempo, tan sólo en nuestro país los hay que en 3 o 6 años lo han hecho. Lo más interesante es observar a su familia directa y a su familia política, que se enriquecen de forma exorbitante igualmente.  Y el presupuesto sigue sin alcanzar.

El nepotismo, como práctica común en México, nos provee en la gran mayoría de los casos, de grandes problemas, entre ellos y de manera pronunciada: ineficiencia y pérdidas significativas de los recursos del país de por sí, escasos. No tiene ningún mérito llegar a una posición de poder por el simple hecho de ser el hijo, la esposa, el cuñado, la suegra o cualquier grado de relación familiar o íntima (una amante, por ejemplo), que esa persona tenga con la que tome la decisión de colocarla ahí.  Y si dado el caso, la persona, familiar o compadre, resultase efectivamente apta para el puesto o para la asignación del contrato o el otorgamiento del recurso, siempre quedará la duda y en definitiva, el sesgo de parcialidad se hará patente en cualquier juicio  o decisión a tomar, sólo porque existe y ahí está. Algo muy común también en las llamadas empresas familiares en el sector privado.

A gran escala el nepotismo también lo podemos encontrar en aquellos puestos de trabajo  o plazas “heredables” en varias empresas del gobierno en donde se transmite de padre a hijo ad infinitum. Casos más comunes y visibles lo han sido: plazas de maestros federales, Secretaría de Educación Pública, SEP; Petróleos Mexicanos, Pemex; Comisión Federal de Electricidad, CFE; Telmex lo fue en su tiempo de paraestatal antes de ser vendida al Sr. Slim; Instituto Mexicano del Seguro Social, IMSS. Aquí lo más importante no es la aptitud o la vocación por el trabajo a realizar sino la filiación o parentesco con su antecesor, esto es en las posiciones sindicales. Para un mexicano que no tenga nexos con estas empresas le es muy difícil o quizá imposible conseguir un empleo ahí.

La tendencia a apoyar a nuestro pariente teniendo la forma de hacerlo y en nuestro propio entorno de trabajo (como jefe de él), es tentadora, cierto que en muchas ocasiones las acciones encaminadas a ello no son pensando en sacar alguna ventaja personal, es una forma natural, ¿quién no desea ayudar a quien estima? La cuestión aquí es observar si el apoyo que le ofrecemos va de acuerdo a sus capacidades y talento ¿sus méritos lo avalan? ¿dará como se dice, el ancho? Y aún con todo esto no olvidar que en cualquier caso nunca podremos ser lo suficientemente objetivos, es nuestra familia, esto aplica principalmente para el entorno de la burocracia, en donde las personas en los puestos de decisión, cambian con regularidad, ahí vemos los casos más connotados de nepotismo.

He aquí un caso que Javier Marías nos cuenta en el mismo artículo mencionado arriba y que retrata de forma directa esa parcialidad que una relación directa familiar o íntima trae consigo, como sucede inevitablemente en los casos de nepotismo: “Hace poco vi cómo tres periodistas opinaban, en la televisión pública, sobre la política de becas del Ministro Wert, calificada por casi todo el mundo de injusta, discriminatoria y clasista. Una de esas periodistas era su actual pareja o cónyuge o lo que sea. Para mi sorpresa –sí, aún me sorprendo por estas cosas–, no se retiró de la mesa, ni se excusó de hacer su comentario (favorable al Ministro, claro está); que yo sepa (no vi todo el programa), ni siquiera advirtió a los espectadores de que su visión del asunto podía estar comprensiblemente sesgada. No: con entero ­desahogo habló de “críticas demagógicas” y de “aversión al mérito y a la excelencia” (cito de memoria). A los políticos del PP y periodistas afines se les llena la boca con esta última palabra. No se miran. No ven lo mediocres e ineptos que son la mayoría, ni su falta de mérito para desempeñar sus cargos. Ni su corrupción de nepotismo y amiguismo. No ven que en demasiados de ellos la palabra “excelencia” suena a chiste cruel.”  

Aquí lo importante es tratar de permanecer íntegros e intentar nunca juzgar a priori
¿Qué haría en una situación así sabiendo los problemas que son inherentes al nepotismo?
¿Actuaría de la misma forma o me apegaría a mis principios?

“with a little help from my friends ”.



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miércoles, 24 de julio de 2013

La mente, nuestra aliada pero también nuestra enemiga/ensayo

¿Será capaz el simple razonamiento de mitigar nuestra irracionalidad?

 

 
Ya lo han dicho mentes poderosas y originales, aquellas que han sido capaces de un razonamiento singular que nos ha arrojado cierta luz acerca de los motivos que nos hacen ser lo que somos y actuar como lo hacemos. Sin embargo, seguimos comportándonos de maneras insospechadas, en donde nos apresa, desde los primeros tiempos en que nos sabemos una especie de este mundo, un inevitable sentido de irracionalidad.


¿Por qué siendo entidades racionales, por tanto conscientes de ello, seguimos siendo irracionales y básicos en el fondo? ¿Por qué finalmente la parte mental a la que difícilmente tenemos acceso, a ese llamado subconsciente, es el que dicta, con mayor frecuencia, la manera de sentir real y por lo tanto, la forma de reaccionar ante todo lo que percibimos? ¿por qué, en ocasiones, o casi enteramente, depositamos nuestra voluntad en lo externo, en otro o en otra? Y lo peor, que no nos damos cuenta cabal de la situación y lo justificamos o tratamos de justificar con las más variados argumentos, en este caso, lo intentamos racionalizar, hacerlo comprensible  primero para nosotros y luego para los demás, ¿no es esto tratar de vivir engañado? ¿será por eso que la mentira campea en nuestros actos de relación? ¿será por eso que la hipocresía y el encubrimiento se nos da de forma tan natural? ¿es un sistema de defensa contra el miedo y contra los demás? ¿asidero de falsa seguridad?


¿Es acaso el castigo divino por aquel acto de curiosidad y rebeldía al comernos la manzana? como nos lo han dicho hasta la saciedad ¿o será que precisamente, porque somos en la base un ser biológico salido apenas de la animalidad que trágica o afortunadamente, tenemos la consciencia de que existimos? ¿es ésta una maldición? ¿y cómo nos libramos de una maldición que parece ser cíclica?


Somos memoria, como lo comenta Jiddu Krishnamurti, vivimos con base a lo que conocemos y a la acumulación de recuerdos en nuestro cerebro, muchos de esos recuerdos son inaccesibles para la consciencia y dada una situación o evento particular de cierta tensión, emergen y nos hacen tomar acciones que luego podrían no ser las mejores. Son aquellas “ventanas killers” que menciona Augusto Curi en sus estudios sobre la inteligencia y que están ahí, latentes en esa parte primaria de almacenamiento de la psique, nos las explica de esta forma: “En la memoria existen muchas clases de ventanas enfermas: fóbicas (que generan claustrofobia, fobia social, ataques de pánico), anticipatorias (que generan pensamientos sobre el mañana), de baja autoestima y timidez (que producen trastornos en la autoimagen y una preocupación excesiva por la opinión de los demás). Este fenómeno es fundamental para explicar por qué somos una especie capaz de producir poesía y tener sensibles reacciones solidarias y, al mismo tiempo, de mostrarse dispuesta a la guerra, a matar y a dominar a los demás sin la menor racionalidad. También explica nuestras reacciones incoherentes y la dificultad para dirigirnos a nosotros mismos. Las ventanas killers bloquean la inteligencia, nuestra lucidez y nos hacen reaccionar como animales, según pautas instintivas ¿Cuántas veces lastimamos a las personas que más merecen nuestra comprensión? ¿Cuántas veces perdemos el control de nuestras reacciones y cuando la emoción se apacigua nos damos cuenta de que nuestras actitudes debieron haber sido menos violentas?”. 


Existe una confrontación clara entre nuestro fuero interno y lo que percibimos como lo externo, sujetos a reglas y maneras de conducción, de comportamientos y convenciones, de estructuras que intentan homogeneizarnos y formar entidades correctas para alcanzar un estándar adecuado. Krishnamurti menciona en este caso: “La actividad psicológica interna siempre se opone a lo externo, por muchas regulaciones, sanciones y decisiones que pueden ustedes tener exteriormente; todo ello es hecho añicos por nuestros deseos psicológicos, nuestros temores y ansiedades, por el anhelo vehemente de seguridad. A menos que comprendamos eso, cualquiera sea la apariencia de orden que podamos tener, el desorden interno se impone a lo que se amolda, se disciplina, se regula exteriormente. Pueden existir instituciones –políticas, religiosas, económicas- esmeradamente construidas, pero cualquiera sea el carácter de esas construcciones, a menos que nuestra conciencia interna se encuentre en un estado de orden total, el desorden interno triunfará siempre sobre lo externo. Esto lo hemos visto históricamente, y ahora está sucediendo frente a nuestros ojos. Es un hecho.”


Si observamos nuestro comportamiento, con seriedad y profundidad, nos daremos cuenta que lo llevamos a cabo de forma casi autómata, no es común que nos cuestionemos por qué hacemos esto y no lo otro, por qué elegí vestirme como lo hice hoy, por qué llevo el cabello como lo llevo, por qué le dije a aquel o a aquella lo que mejor no le hubiera dicho, por qué hablo como lo hago, por qué deposito mi confianza en personas que me traicionan una y otra vez, por qué insulto y menosprecio a algunos, por qué sigo aquí cuando preferiría estar allá, por qué soy soberbio, por qué tengo miedo.


Por supuesto, todos estos por qué y tantos otros, ni siquiera llegamos a cuestionarlos, es más, no pensamos en ellos, ¿para qué complicarnos la existencia si de hecho ya lo es? Así que como la respiración, la digestión, el latido de nuestro corazón y en general, todas las funciones de nuestro cuerpo, son operadas de forma automática sin nuestra intervención directa, de esa manera asumimos que sucede con todo lo demás. Eludimos aquello que nos diferencia de los demás seres vivos, desdeñamos el razonamiento y vamos por ahí, haciendo como que vivimos y lo que es más concluyente, nos la creemos.


Es incuestionable que somos entidades emocionales, además de tener la capacidad de pensar, sentimos. Es esta cualidad dual, una de las más intensas paradojas de le existencia, capaz de exaltar el espíritu y de proveernos de lo más sublime pero también de lo más infame y degradante. ¿Qué es lo que hace que dos personas, en ambientes similares y con inteligencias equiparables, una sea un vil criminal y otra un connotado profesionista motivado por causas nobles? El condicionamiento social es el mismo ¿por qué un mismo ambiente de desarrollo podría llevar por muy diferentes caminos a dos personas? ¿por qué uno alberga frecuencias de sentimiento tan diferente al otro? Si esto sucede con dos personas de entornos similares ¿qué podremos imaginar cuando los medios de la cultura y condicionamiento son totalmente diferentes? Quizá el mero condicionamiento del medio ambiente no sea la única respuesta y de cierto no lo es, en mayor medida lo es el grado de consciencia del individuo, que finalmente es la consciencia universal, única; continuando con esta línea y como nos dice Fromm: “el hombre es producto de la historia pero también la historia es producto del hombre”, si bien es cierto existen los moldes sociales y las tendencias generales de una cultura, también, y continúa Fromm: “las energías humanas se tornan a su vez fuerzas productivas que forjan el proceso social. Así, por ejemplo, el ardiente deseo de fama y éxito y la tendencia compulsiva hacia el trabajo son fuerzas sin las cuales el capitalismo moderno no hubiera podido desarrollarse; sin ellas, y sin un cierto número de otras fuerzas humanas, el hombre hubiera carecido del impulso necesario para obrar de acuerdo con los requisitos sociales y económicos del moderno sistema comercial e industrial.”


Es como un despertar ante los hechos de por qué somos como somos, pero cuidado, este autoanálisis es parcial, ya que lo que viene de la mente, como lo menciona Krishnamurti, nunca es completo: “la mente está supeditada a toda la carga ancestral de ideas, conceptos y prejuicios, por lo tanto el pensamiento siempre será incompleto”.  Al menos y aunque parcial, es un avance en el camino y lo esencial es cuestionarnos, investigar dentro de nosotros y derribar las barreras que nos lo impiden, nadie nos dará las respuestas, esa es precisamente nuestra labor. Ahí reside la verdadera libertad que no es el que hagamos, vivamos y nos movamos a nuestro antojo, ejercer nuestra libertad, ser libres, inicia precisamente con serlo desde el interior, con una mente abierta e incluyente, que no sigue a éste o a aquel, a nadie en particular, sino que desde la base de la responsabilidad y de su correspondiente asunción, se integra a la totalidad de la humanidad, del mundo, espontánea, positiva y afirmativamente.


Así que cuando creamos estar pensando quizá sólo estemos repitiendo viejos patrones ¿cómo saber si un pensamiento que producimos es original? ¿cómo saber que no viene motivado por nuestro temor? ¿o por nuestros condicionamientos enquistados ahí, en lo profundo? Erich Fromm, respecto a ese conformismo visible nos dice: “La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos –y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-. El consenso de todos sirve como prueba de la corrección de ideas.”  Esto último, aunque sea un error; como ejemplo clásico el de Galileo en donde la mayoría –o todos los demás- estaba equivocada, al Sr. Galilei sólo le resto decir finalmente ante la tozudez y necedad de sus contemporáneos (y salvar el pellejo): “y sin embargo, se mueve”.


Permanecemos apegados a ideas y creencias como una forma de protección, de evitar el rechazo de los demás y sentirnos parte de ellos, sacrificamos el producto de nuestra reflexión en aras de pertenencia a la familia, nación, religión, partido o cualquier grupo social de identificación. Es ahí, en el interior de cada quién, en donde inicia la división y el sentirnos separados de los demás, por ello tratamos de protegernos con las más variadas justificaciones y saboteamos los pensamientos que pudieran ser originales y renovadores.


Ante un mundo lleno de peligros y necesidades por cubrir, desde las fisiológicas básicas para sobrevivir hasta aquellas de carácter psicológico, como las de pertenencia o seguridad, es necesario un proceso de cierta adaptación ante tales desafíos. Fromm hablando de Freud, añade: “Junto con sus discípulos, dentro de la psicología moderna, no solamente puso al descubierto el sector irracional e inconsciente de la naturaleza humana, cuya existencia había sido desdeñada por el racionalismo moderno, sino que también mostró cómo estos fenómenos irracionales se hallan sujetos a ciertas leyes y, por tanto, pueden ser comprendidos racionalmente.” Esto fue el inicio de un caudal de investigaciones y reflexiones sobre el comportamiento del hombre, sobre sus miedos y angustias, sobre sus reacciones y postura frente a la sociedad en momentos determinantes. Seguida por sus defensores pero también denostada por sus detractores, la psicología dinámica nos ha ido proporcionado algunas respuestas. El valor fundamental ha sido la provocación de voltear hacia esos terrenos de nuestra psique que antes permanecían ocultos y que sólo se intuían o se explicaban simplemente como condición o característica innata humana pero ¿por qué?, no nos lo habíamos preguntado, antes no habíamos buceado en esas profundidades.


Krishnamurti nos indica: “Como se nos ha educado, programado, condicionado para ser individuos, nuestra consciencia es, entonces, toda esta actividad del pensamiento. El miedo y la persecución del placer son el movimiento del pensar. El sufrimiento, la ansiedad, la incertidumbre y los remordimientos profundos, las heridas psicológicas, la carga de siglos de dolor, todo eso forma parte del pensamiento. El pensamiento es el responsable de lo que llamamos amor, que se ha vuelto placer sensual, una cosa del deseo.” Por ello uno de los factores principales en cuanto a comprendernos, a nosotros mismos y a los demás, es ese intento real por prestar atención libremente, sin juicios, permitirnos observar que nuestro pensamiento está cargado de conceptos e ideas que obnubilan sus resultados y que además, no son nuestros.


Así, nuestra mente puede jugar con nosotros mismos y de hecho, lo hace buena parte del  tiempo, aunque digamos que nuestros pensamientos nos pertenecen y son nuestro producto, si observamos detenidamente, nos daremos cuenta que lo que nos mueve a la acción no siempre parte de un razonamiento en forma, puro y meditado, sino de nuestro condicionamiento y de lo que creemos cierto, regularmente disfrazado con argumentos aparentemente sólidos pero que realmente vienen de esos impulsos internos que a veces son oportunos, pero no siempre.


Ya lo sabemos, ¿tendremos la voluntad de enfrentarlo? ¿de intentar ejercer nuestra verdadera libertad? ¿seremos capaces de ser lo suficientemente humildes y sabios para definirnos por lo que somos y no dejarnos embaucar por el interminable azuzamiento del miedo y afán divisorio en nuestras sociedades actuales?


Nos quedamos con esta cita de Fromm: “Lo esencial en la existencia del hombre es el hecho de que ha emergido del reino animal, de la adaptación instintiva, de que ha trascendido la naturaleza –-si bien jamás la abandona y siempre forma parte de ella—y, sin embargo, una vez que se ha arrancado de la naturaleza, ya no puede retornar a ella, una vez arrojado del paraíso –un estado de unidad original con la naturaleza—querubines con espadas flameantes le impiden el paso si trata de regresar. El hombre sólo puede ir hacia delante desarrollando su razón, encontrando una nueva armonía humana en reemplazo de la prehumana que está irremediablemente perdida.” 


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Bibliografía:


Jiddu Krishnamurti. “La madeja del pensamiento”. 2006. Edit. EDAF, S.A.

Augusto Cury. “12 semanas para mudar uma vida”. De la traducción al español 2009. Edit. Planeta.

Erich Fromm. “El miedo a la libertad”. 1947. Edit. Paidós. Reimpresión 2012.

Erich Fromm. “El arte de amar”. 1959. Edit. Paidós. Reimpresión 2010.


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martes, 15 de enero de 2013

Los muertos en la tele

 
                                                                                                                                                Julio 16, 2007

Los que mueren son los demás, a los que les pasan los accidentes automovilísticos o de otra clase, los que sufren ataques en las calles, los que se suicidan, a los que violan y ultrajan, a los que asaltan, es a los otros, no a nosotros; cuando nos sucede un acontecimiento de cualquier índole de este tipo y que primariamente llamamos desgracia –la gracia nos abandona en momentos-, nos damos cuenta que esos otros, esos demás, somos nosotros mismos reflejados. Estamos tan acostumbrados a ver estos hechos  de desgracia en los medios –principalmente en la tv y en los diarios-, que nos habituamos a ellos como historias que le pasan a la gente, a otra gente.

Tan es cierto que la televisión entretiene como que también nos expone al alejamiento de la realidad inmediata, esto es, virtualiza lo que nuestros sentidos nos permiten observar comúnmente y lo convierte en situación corriente siguiendo un formato, un guión. Exposiciones recurrentes, en competencia feroz por conseguir la nota y que ésta cause el mayor impacto, van minando nuestra sensibilidad. Hablar de que murieron ochenta y nueve personas en tal o cual acontecimiento tiene el mismo impacto que decir que fueron setescientos treinta y cinco individuos, personas anónimas convertidas en estadísticas. Pero ¿qué sucede si se difunde la muerte de un personaje conocido, famoso por sus películas, por las canciones que interpretaba, por la figura que representaba, hecho a medida, creado por los medios? el mundo se cae momentáneamente para mucha gente, hay duelo nacional, fiestas, discursos y despedidas, llanto por la partida de una persona –por supuesto también negocio y rating-,  cuando en contraste, por la mañana nos enteramos de que murieron cientos en un accidente de ferrocarril y sólo nos causó un “que feo, que horrible” como muletilla obligada, saciamos nuestro interés que toma la forma de morbo y continuamos viendo la programación del canal normalmente.

Pareciera irónico, pero no lo es. Ese charro cantor, esa mujer del pueblo con huipil sufrida y abnegada, ese hombre recio, cowboy en otras latitudes, ese personaje político; es nuestro, pertenece a muestro ámbito cultural, es, a fuerza de su imagen creada, parte de nuestro mundo conocido, del área de comodidad en que nos gusta estar. Ahora que se fue –y nos lo hacen saber hasta el cansancio- partió con él un trozo de nosotros mismos, quizá por ello nos conmueva más una sola muerte de alguien que conozcamos –aunque tan alejado como cualquiera- que varias de seres para nosotros de igual forma alejados pero además, desconocidos, sin referencia. No es que lloremos –quién así lo hace, muchos por cierto- por el ido sino que lo hacemos por el vacío que nos causa, por la confrontación de esa parte de la historia que se fue y que la consideramos íntimamente nuestra y que ya no está aquí.

De la misma manera, cuando un acontecimiento lamentable, una desgracia, le pasa a alguien que conocemos –directa o indirectamente-, en el momento en que lo sabemos nos sacude y es cuando lo transportamos a nuestro entorno, reconocemos que nosotros también estamos expuestos a que nos suceda. Ahí, en nuestra circunscripción de nuestra estrecha vida, es cuando nos llegamos a sentir vulnerables, susceptibles ante los avatares del destino. Es difícil de que la televisión nos haga sentir de este modo, quizá sólo nos llegue a impactar momentáneamente, ver, por ejemplo, como dos enormes edificios son colapsados por dos aviones comerciales que se estrellan contra ellos en donde en ambos hay personas, es algo impresionante, sin duda; tan aberrante e inconcebible como soltar bombas atómicas, por la razón que fuera, en Hiroshima y Nagasaki, ciudades llenas de población civil, manchas como ésta en la historia, nos hacen cuestionarnos acerca de nuestra alardeada superioridad como especie.

Hace unos días, una persona muy cercana a un buen amigo mío, murió. Tuve la oportunidad de alguna vez conocer al fallecido, persona amable y discreta. Las personas morimos y nacemos todos los días, es digamos parte de la paradoja de la vida. Lo que me causó desazón fue la forma en que murió esta persona, él mismo tomó esta vía, se ahorcó en su casa. Después de pasar la tarde tomando bebidas alcohólicas, intensificó la depresión en que se encontraba desde hacia algún tiempo, es posible que ni siquiera tuviera la ocasión de darse cuenta de lo que iba a hacer, con sus sentidos enrarecidos y turbados, se colgó.

Ayer, una señora madura y amiga de una de mis hermanas y a la que conozco bien, fue atacada y probablemente ultrajada en su propia casa. Domingo por la mañana, día soleado, barriendo al frente de su casa –en un segundo piso-, un tipo, para variar embrutecido por el alcohol y posiblemente también drogado, la agrade, ella se defiende, el infrahumano la sujeta empujándola dentro de la casa, ahí la golpea con un sentido de salvajismo sólo presente en alguien degradado, enfermo y mentalmente afectado. Ella despierta de la inconsciencia en que cayó unas 3 o 4 horas después, su ropa hecha jirones, dolor intenso en todo el cuerpo, el lugar parece dar vueltas, el rostro cubierto de sangre, como puede logra marcar el teléfono, contacta a uno de sus hijos. Ingresa en el hospital, valoración médica inicial: fractura de pómulo y quijada; labio desgarrado; contusiones en el cráneo; un ojo cerrado y ennegrecido, rodeado de hematomas, no lo pueden evaluar por la inflamación; le toman tag y aparentemente no tiene daño cerebral, el ministerio público le practicará exámenes para determinar si hubo violación. Permanecerá en cuidados intensivos continuando la valoración, su estado es grave. Al menos requerirá de 3 operaciones de cirugía estética para recomponerle el rostro. En su casa, en la seguridad de su entorno conocido, es agredida de esta forma, sin un antecedente, sin señales previas, así, sin más. Un seudohumano, con una obvia vida miserable, causa daño, la desgracia llega sin aviso.

Estos dos casos, no los ví en la TV, no son virtuales, pasaron a un lado mío, de acuerdo a mis sentidos son reales, palpables, cercanos. La sensación es intensa, muy diferente a sólo saber o enterarme. Esto a mí, como a cualquiera, nos regresa algo de la sensibilidad menguada; tanta muerte, tanta catástrofe, tanta violencia en imágenes, tanta TV de este modo, tanta prensa por la misma vertiente, llega a corrompernos, a habituarnos a la desgracia, ya no dimensionamos los hechos en toda su magnitud, la vida real se empareja con la ilusión y lo peor, nosotros y nuestros hijos, dejamos de notar la diferencia, hasta que sucede en nuestro propio patio. 

lunes, 14 de enero de 2013

Las dos culturas, en la que estoy inmerso y aquella que adquiero por voluntad.

Cuando estudiaba la universidad, tuve una maestra que además de tener en alta estima, reconocía en ella a una persona de nobles sentimientos y de un manifiesto y genuino interés hacia sus alumnos; llegamos a mantener muy amenas conversaciones cuando había oportunidad, aunque breves, en ocasiones podíamos componer cierta parte del mundo y compartir experiencias de diversa índole, lo que enriquecía el conocimiento y entendimiento entre ambos. Uno de esos días, charlábamos acerca de las relaciones de pareja, en lo que se refiere a la convivencia e integración de dos personas en su vida diaria y me comentó: “es muy importante, para una relación duradera y a largo plazo, además del amor que exista entre ellos, el nivel intelectual y social que cada uno posea”. Coincidí con su comentario más por lo razonable que me pareció que por el entendimiento pleno de lo que implicaba.
Por supuesto, me faltaba el ingrediente de la observación, mi parte reflexiva y de verlo en funcionamiento con casos concretos y reales para de esta forma, integrarlo como aprendizaje y claro, hacerlo palpable.

Esta frase dicha por mi maestra, la estuve meditando en un intervalo que aún no finaliza y me quedó como incentivo para irla sopesando y obtener, por decirlo así, verificaciones en el correr de mis experiencias propias y de terceros a mi alrededor. Lo que me llevó a encontrar que ciertamente los aspectos sociales e intelectuales son importantes en las relaciones, mucho más si estas son cercanas y frecuentes -ejemplo principal, diría yo, entre un matrimonio o relación de pareja- pero me hacia falta un ingrediente, me explico: el extracto o procedencia social (entendiéndose por su significación peyorativa, en este caso socio-demográfica-económica), de inicio aleja o acerca, aleja a un A+ de un D- y acerca a un A con un A (o quizá con B+), o en otras palabras, este sistema jerárquico, trata de unir las peras con las peras, los duraznos con los duraznos y los limones con los limones (a veces, con una naranja).

Así que, si ocurre que se atraigan, digamos un A+ con un C, en donde la frecuencia mayor se da en las telenovelas por obvia compensación ensoñadora de justicia social (y por “rating”, por supuesto), y esto resulte en una relación, su longevidad estaría seriamente cuestionada, tarde o temprano una vez que las fuerzas de la atracción inicial hayan desaparecido, el entendimiento acabaría por ser ínfimo, insostenible para una unión lozana y activa, pero no sería por las diferencias de estrato social (que implica nivel económico), ni por el lugar de procedencia, esas ya habían sido superadas. Aquí entra el otro concepto que mencionaba mi maestra, el intelectual y que traslado al de cultura, que me parece más amplio y que implica al primero más otros rasgos sustantivos. Quizá “cultura” fue lo que mi maestra trató de decirme, por el contexto de la charla pienso que así fue.

El nivel cultural explica de mejor modo, los procesos de comunicación entre pares y entre varios, que sea este proceso eficaz y que se concrete en entendimiento total, dependerá de ese grado de comprensión en los involucrados dado por la amplitud o estrechez de cultura de cada uno. Entender al otro, sin importar mi extracción, mi geografía, mi “nacionalidad”, mi nivel socioeconómico o algún factor social, definirá mi nivel de cultura.
Como cultura no me refiero a la que se obtiene por añadidura respecto a las costumbres, forma de vida y relaciones del lugar de origen, donde he nacido, vivido y crecido, en mayor o menor medida, todos en un conjunto social de referencia, como éste, llevamos una cultura de “marca”, estar inmerso en ella no nos hace “cultos”, nos hace participar en esa cultura, específicamente sobrevivimos y nos movemos en ella, nada más.

Generalmente la consciencia de la cultura de “marca” permanece oculta para las mismas personas inmersas en ella, no es sino cuando es posible aprender a observarse desde afuera que esa cultura se va haciendo un poco más nítida para éstas ¿pero cómo sucede este proceso? ¿de qué forma me doy cuenta o me viene a la consciencia este hecho? Es aquí cuando el saber, la toma de conocimientos y la confrontación con otras culturas me despierta la curiosidad y me hace cuestionar las diferencias, pero sobre todo, amplía mi horizonte, con ello, me vuelvo un ser más social, mi red interna crece, es cuando realmente evoluciono.

No es estrictamente necesario tener que salir del círculo regular físico para obtener la notoriedad de la diferenciación y darme cuenta de los rasgos sociales y de relaciones de mi entorno “madre” con respecto de otros entornos, hoy los accesos a la internet, aplicando una cierta facultad de discernimiento, facilitan esta tarea, sobre todo y como afirma en otra vertiente Dietrich Schwanitz, la literatura es la fuente más contundente a la hora de adquirir conocimiento y expandir la cultura, fundamental para hacer nuestro el sentido, y dice: “Sólo la escritura desliga el lenguaje de la situación concreta y lo vuelve independiente de su contexto inmediato. Llamamos sentido a aquello que permanece idéntico durante este proceso: por eso, la transformación del lenguaje hablado en escritura es lo único que nos permite captar el sentido. Éste es el motivo de que las religiones más evolucionadas (judaísmo, cristianismo, islam) identificaran sentido y escritura (Sagradas Escrituras).”

El lenguaje es lo que nos permite pensar, sin él simplemente no podríamos hacerlo, el lenguaje está ligado a nuestro desarrollo como especie, el que tiene un lenguaje limitado o uno vasto y rico, en concordancia, así será su pensamiento o las ideas que pueda desarrollar, directamente proporcional. Por ello la importancia capital en quien quiera incrementar su nivel cultural o dicho de otra forma, quién desee evolucionar, ya es decisión de cada uno. Por supuesto, aquel que tenga un mejor manejo de la lengua hablada (siempre iniciamos con el lenguaje de esta forma, hablándolo, imitando a nuestros padres), tendrá mayores posibilidades de descifrar eficientemente el lenguaje codificado en símbolos, esto es, la escritura y podrá, con esta práctica circular, mejorar en sus aspectos sociales e intelectuales, en su comprensión de lo inmediato y de lo que está lejano, en suma, en su evolución como espécimen humano.

No es un requisito, que dentro de la unión de una pareja, ambos compartan niveles de estudios (educación formal) similares para que el entendimiento perdure, los factores para una convivencia sana y prolongada, son numerosos, pero el que sí es el factor fundamental lo es el nivel cultural, que más allá de llevar una vida cotidiana, cubriendo las necesidades funcionales básicas de la administración de la casa, trabajo y demás, prolongará éste, la estructura misma de la unión, manteniendo un sentido de crecimiento compartido, de existencia afin, de rumbo, conservando la libertad de ambos y la confianza entre uno y otro, promoviendo el estar mejor preparados ante los cambios. Adquirir cultura puede venir del propio autodidactismo de cada uno, del interés auténtico y su ejecución, los cambios en la concepción del mundo cambian a la persona, expanden su capacidad de reflexión y promueven una mejor comunicación. Estrictamente, los estudios superiores, en este caso, los universitarios, no determinan o apoyan  el nivel cultural de la persona de facto, el siguiente relato preciso de D. Schwanitz, nos lo aclara: 

“En las universidades y en el mercado laboral observamos lo siguiente, en las primeras el ámbito fundamentalmente es femenino, en el segundo, es masculino (si incluimos en él las ciencias económicas y otras disciplinas afines). Esto trae consigo cierta asimetría en el ascenso social de hombres y mujeres. Imaginemos que Sabine y Torsten son dos niños educados en el mismo entorno social que se enamoran durante el bachillerato y planean casarse cuando acaben sus estudios. Torsten estudia ingeniería mecánica y se convierte en ingeniero; Sabine estudia psicología, filología germánica e historia del arte. Él tiene que estudiar en  Aquisgrán; ella en Hamburgo, París y Florencia. Cuando acaban sus exámenes, vuelven a encontrarse. Torsten es un excelente ingeniero y pronto encontrará un buen trabajo; los estudios han hecho de Sabine una persona completamente distinta. Torsten sabe construir máquinas; el estudio de los presupuestos de la comunicación y del sistema simbólico de la cultura han cambiado a Sabine. El comportamiento, las opiniones y las costumbres de él apenas han evolucionado, pero sus conocimientos lo capacitan para ganar mucho dinero; en el caso de ella es más bien dudoso. En cambio, las capacidades y exigencias de Sabine en el terreno de la comunicación se han hecho mayores, habla francés e italiano, ha leído mucho, ha hecho amigos entre los intelectuales y artistas de París y Florencia y está al tanto de las últimas investigaciones en el ámbito de la teoría de la literatura. Cuando vuelven a encontrarse, Torsten le parece un hombre de Neandertal. Y Sabine será afortunada si se da cuenta a tiempo de que ya no puede casarse con él, porque su matrimonio no funcionaría. Pero si se empecina en casarse con Torsten, o con cualquier otro Torsten de su medio de procedencia -al fin al cabo, él gana mucho dinero-, acabará haciéndose feminista, una persona profundamente convencida de la incultura y el salvajismo de los hombres. Torsten también será un infeliz...En otras palabras, la esfera de la cultura también marca con distinta intensidad el ascenso social de los dos sexos, algo que se convierte después en una de las causas inadvertidas de muchos conflictos de pareja.”

El incremento del nivel cultural se concibe inmerso en el telar humano, en los símbolos del pensamiento, en la creación de ellos, en lo que nos explica, de muy variadas formas, lo que somos ahora, lo que hemos sido. La partición o división de materias afines con el probable objetivo de hacer más eficiente y práctico el estudio y posterior ejecución de una carrera, observada en las universidades pero que ya inicia en la preparatoria, entre las áreas de humanidades, por un lado y científica-técnicas-naturales, por el otro, es un error en detrimento del desarrollo cultural de los que se encausan hacia la segunda. Si bien el conocimiento se ha ido, por necesidad, especializando, dejar a un lado, por ejemplo, la universalidad de la literatura o los conceptos filosóficos de los grandes pensadores o los movimientos y corrientes más importantes que nos definen ahora, de los planes de estudio formales de cualquier carrera universitaria, colaborará en formar a excelentes ingenieros técnicos o licenciados en áreas económicas-empresariales, capacitados eficazmente en su especialidad pero carentes de la sensibilidad para detectar las sutilezas del lenguaje simbólico y comprender mucho mejor aquello que nos hace humanos. El carácter universal de la educación se ha perdido en aras de lo que hoy podría definirse como practicidad económica, Schwanitz al respecto, comenta: “Por más lamentable que pueda parecerles a algunos, y aunque nadie se vea forzado  a ocultar sus conocimientos científicos-naturales y técnicos, hemos de reconocer que tales conocimientos no forman parte de lo que se entiende por cultura. Por eso sigue considerándose imposible que alguien no sepa quién fue Rembrandt; en cambio, si no se sabe qué dice el segundo principio de la termodinámica o qué relación guardan entre sí el electromagnetismo y la fuerza de gravedad, nadie llegará a la conclusión de que está ante una persona inculta.”

Entre mayor nivel de cultura, obtenemos un mayor nivel de civilidad, el entendimiento del otro se expande, y viceversa, la comunicación realmente se convierte en un placer y en una eficaz herramienta de desarrollo. Nos convertimos en seres cada vez más reflexivos evitando sólo ir al garete dentro de una red social que nos impone sus reglas y de las cuales somos simples piezas intercambiables. Nuestro capacidad de crítica se incrementa, no en el sentido negativo que tiene hoy la palabra, sino en el sentido de formación de juicio imparcial y objetivo, pasamos las ideas y lo que percibimos por nuestro más robusto y ampliado cernidor mental y lo que obtenemos ya no será regido sólo por nuestros prejuicios, que dicho sea de paso, la mayoría provienen de una escasa  formación cultural. 

Ser pobre o ser rico, no entraña ser o no culto, sin embargo ser rico e inculto, aunque preparado en ciertas materias, apareja un desperdicio en la utilización de los mayores recursos materiales con los que se cuenta, podría decirse que es un crimen de civilidad.   Ser esnob (en inglés: snob), frecuente entre las clases acomodadas o burguesas, es una forma de imitar, con afectación, aquello que nos parece distinguido o a la vanguardia, es pretender ser “de mundo” y sofisticado, cuando realmente es una vía que denota nuestra ignorancia y pobreza de espíritu, una postura falsa y defensiva, alejada de lo que se entiende por culto. Ser pobre, en este caso, de recursos limitados en términos económicos, tampoco justifica ser propiamente inculto, no en los tiempos que corren, aunque si bien es cierto, en un estado de extrema pobreza y de necesidades básicas de vida peligrosamente al límite de cobertura, el acceso a la cultura (entiéndase, al saber)   queda prácticamente suspendido, porque ¿quién pensaría en ello cuando no se sabe siquiera si habrá para comer hoy?

Entonces, dejando de lado estos casos extremos,  asignar la etiqueta de inculto a aquel que parece no tener muchos recursos económicos o en su contrario, de culto al que los tiene, es un mero prejuicio social muy extendido, en este mundo de apariencias y de mitificación del poder económico (incluyendo al poder político y a la fama), este tipo de creencias nos desvían de los avances hacia una civilidad concreta e inciden en otorgar valores falsos y efímeros, sin substancia perdurable en un sentido evolutivo real, como la desmesurada admiración de aquellos que acumulan riqueza y poder, sin importar de dónde procede ese acopio, o el encumbramiento de personajes impulsados por los medios publicitarios y que explotan precisamente ese vacío que genera una cultura del saber pobre y escuálida.

El núcleo familiar es la base de una sociedad, una vez trascendido el nivel individual, quizá sea por ello que el nivel de concepción del mundo y grado de cultura de la pareja en estas uniones espontáneas, siendo más o menos homogéneo, sea clave para el desarrollo substancial y de permanencia de los mismos miembros en la asociación, y de los hijos. Todos en conjunto, desarrollando sus potencialidades en el mejor entorno, un medioambiente de cultivo del pensamiento constante, esto es, del ensanchamiento y evolución cultural, fomentando el librepensamiento, la crítica y la saludable expresión de la duda. De otra manera, sin este factor consciente de voluntad de adquirir y promover cultura, de inicio dentro de estos núcleos de pareja, no sólo estaremos perpetuando la producción de personas carentes de sensibilidad ante los demás (respecto a otras culturas, por ejemplo) sino de entidades con una evolución precaria o nula, permaneciendo en el mismo lugar y con los prejuicios intactos, en otras palabras, sin avance verdadero.

Para cerrar, recordemos que la cultura es femenina, me quedo con esta cita de Schwanitz que hace honor a esa femineidad:

“...el nivel de civilización de una sociedad se ha medido siempre por el respeto con que se ha tratado a las mujeres y por el grado de influencia que ellas han alcanzado...No hay duda: si el nivel cultural se mide por el carácter pacífico, el rechazo de la violencia y la capacidad de entendimiento, entonces las mujeres son el sexo más civilizado. Podrá objetarse con Nietzsche que esas son las virtudes de los débiles, pero la civilización la hacen precisamente los débiles, que con la invención de los buenos modales obligan a los fuertes a no comportarse como neandertales.”  º
 
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Notas: Citas en este artículo-ensayo tomadas de: “La Cultura, todo lo que hay qué saber”, Dietrich Schwanitz, Ed. Taurus, séptima ed. Dic. 2002.
Idea general: Diferenciación entre la cultura humanista y literaria de la formación clásica, por una parte, y por la otra la cultura científico-natural y técnica.
Las dos culturas: Un término del británico C.P. Snow, años 50’s.